¿Tu moral es racional?

Nuestra moral puede en realidad estar guiada por la emoción.

Escrito por Rob Henderson y publicado en Psichology Today el 14 de noviembre de 2016

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¿Es digna de confianza tu brújula moral?

¿Qué es hacer lo correcto? Cuando se enfrentan a un problema moral, muchas personas creen que confían en la razón para decidir qué es lo que está bien o lo que está mal. Esto es erróneo. De hecho, nuestros juicios morales a menudo provienen de un sentimiento inmediato, más que de la sola razón.

En un artículo sobre razonamiento moral, Paxton y Greene (2010) afirman que el razonamiento moral es posible. Definen el razonamiento moral como “la actividad mental consciente a través de la cual uno evalúa un juicio moral por su (in)coherencia con otros compromisos morales, donde estos compromisos tienen uno o más principios morales y (en algunos casos) juicios morales particulares”. Para Paxton y Greene, su razonamiento moral se basa en si sus juicios morales son coherentes con sus principios morales generales.

Para ilustrar mejor su definición, proporcionan un ejemplo de una conversación entre dos individuos, Adam y Greg. Adam es partidario del consecuencialismo, lo que significa que sus juicios morales se basan en maximizar la felicidad y reducir el sufrimiento. Adam es un vegetariano que quiere convencer a Greg de que deje de comer carne. Adam entonces llega a un acuerdo con Greg de que hacer cosas que aumentan la felicidad general en el mundo y reducen el sufrimiento es una buena regla a seguir. Adam le dice a Greg que si acepta esto, debería oponerse a comer carne porque convertirse en vegetariano reduciría el sufrimiento de los animales. La clave es la coherencia de la acción con los principios.

Sin embargo, el hecho de que seas coherente no significa que estés razonando hacia una decisión moral. El psicólogo Leon Festinger desarrolló la teoría de la disonancia cognitiva cuando reconoció que los individuos experimentan incomodidad ante la idea de tener dos ideas contradictorias en mente. Festinger afirma que la teoría de la disonancia cognitiva “se centra en la idea de que si una persona sabe varias cosas que no son psicológicamente coherentes entre sí, tratará de hacerlas más coherentes de diversas maneras”. Además, escribe, “La disonancia produce incomodidad y, en consecuencia, surgirán presiones para reducir o eliminar la disonancia”. En otras palabras, es ligeramente doloroso darte cuenta de que el juicio moral que haces no es coherente con tus principios.

Un interesante estudio de Ditto, Pizarro y Tannenbaum (2009) puede ayudar a ilustrar el razonamiento moral en acción. Los investigadores reclutaron estudiantes universitarios, les preguntaron sus afiliaciones políticas y los dividieron en dos grupos. En un grupo, los participantes tuvieron la opción de empujar a un hombre llamado “Chip Ellsworth III” a las vías del tren para salvar a “100 miembros de la Harlem Jazz Orchestra”. En el otro grupo, los participantes tuvieron la opción de empujar a un hombre llamado “Tyrone Payton” a las vías para salvar a “100 miembros de la Filarmónica de Nueva York”. Los diferentes nombres y membresías tenían el propósito de transmitir a los participantes que estaban sacrificando a una persona blanca para salvar 100 vidas, en su mayoría afroamericanas, o a una persona afroamericana para salvar 100 vidas, en su mayoría blancas. Los liberales tendían a favorecer el sacrificio de Chip para salvar 100 vidas, en su mayoría afroamericanas, mientras que los conservadores no mostraron sesgo en ninguno de los dos escenarios.

Pero en una variación del primer estudio, cuando se le pidió a los liberales que respondiesen a un escenario inmediatamente después del otro, las respuestas fueron repentinamente coherentes. En otras palabras, un liberal que eligió sacrificar “Chip Ellsworth III” en el primer escenario era muy probable (.98 correlación) que sacrificase a “Tyrone Payton” cuando se le ofreció el segundo escenario inmediatamente después.

Los participantes se aseguraron de que sus respuestas en el primer y segundo escenario fuesen coherentes. Los participantes pueden haber sentido inicialmente el deseo de no empujar a “Tyrone Payton” a las vías, pero luego, reconociendo que esto iría en contra de su juicio anterior, sintieron incomodidad emocional. Esta emoción guió su razonamiento para anular su juicio inicial y luego dar una respuesta coherente.

Uno podría argumentar que todavía somos capaces de razonar moralmente sin experimentar realmente el estado emocional de incomodidad. Es posible que alguien no sienta ningún dolor que lo lleve a usar su razonamiento. En cambio, se podría pronosticar que el dolor psicológico está en el horizonte si hace un juicio moral incoherente. En lugar de experimentar incomodidad y emplear el poder de la razón para evitarla, ella determina que si haces un juicio particular entonces sentirás incomodidad. Así, uno puede argumentar que la expectativa del dolor es un ejemplo de la razón más que de la emoción.

Sin embargo, incluso la inminente consideración de la incomodidad psicológica y de actuar para evitarla sigue siendo impulsada por la emoción. Cuando una persona reconoce que experimentará incomodidad al producir un juicio moral intuitivo e incoherente, entonces anulará su intuición para evitar la incomodidad. Aunque esta persona no está experimentando directamente una emoción, la perspectiva de una emoción sigue motivando su razonamiento moral.

Buscamos juicios morales coherentes para satisfacer nuestro deseo de comodidad y evitar el dolor psicológico. Si bien la razón desempeña un papel, la emoción es lo que guía nuestros juicios morales. El uso de nuestros poderes de razón para ser moralmente coherentes no está impulsado por un deseo de verdad, sino más bien por un deseo de evitar la incomodidad. No hay nada malo en ello, pero debemos reconocer que la razón por sí sola no es la forma en que llegamos a nuestros juicios de lo que está bien y lo que está mal.

Referencias

Ditto, P. H., Pizarro, D. A., y Tannenbaum, D. (2009). «Motivated moral reasoning». Psychology of learning and motivation, 50, 307–338.

Festinger, L. (1962). A theory of cognitive dissonance.

Paxton, J. M., y Greene, J. D. (2010). «Moral reasoning: Hints and allegations». Topics in cognitive science, 2(3), 511–527.

Rob Henderson es un estudiante de doctorado de la Universidad de Cambridge. Recibió una licenciatura en psicología de la Universidad de Yale y es veterano de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos. Recientemente fue galardonado con la beca Gates Cambridge. Sus textos han aparecido en el New York Times, USA Today y Yale Daily News, entre otros medios. En Twitter, @robkhenderson

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Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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