Tres justificaciones para el liberalismo [G]

Escrito por Matt McManus y publicado en Quillette el 26 de mayo de 2018

La justificación consecuencialista

La justificación consecuencialista del liberalismo tiene una larga historia. Podría decirse que se remonta a pensadores proto y liberales tempranos como Thomas Hobbes, quien en Leviatán argumentó que términos como “bien” y “mal” denotan poco más que las cosas que nos dan placer y las que nos dan dolor. Se le dio su formulación moderna en el trabajo de figuras como Adam Smith, J.S. Mill (en sus momentos puramente utilitaristas) y H.L.A. Hart.

La justificación de la libertad

Una justificación muy diferente del liberalismo surgió en Europa continental a comienzos del siglo XVIII; es quizás la más intrigante y, en mi opinión, inspiradora. Los autores de esta tradición consideran el consecuencialismo como una defensa demasiado débil de la libertad. Si bien podría ser cierto, qua Smith y Mill, que la mayor felicidad para el mayor número de personas se produciría en un Estado liberal libre, esto hace que el respeto a la libertad dependa de factores empíricos. ¿Qué pasaría si resultara que un Estado totalitario, como el teorizado por Aldous Huxley en Un mundo feliz?, ¿fuese más propicio para producir felicidad agregada? ¿No se sentiría obligado el consecuencialista a abandonar su apoyo al liberalismo? Para los liberales preocupados por la libertad como un “fin en sí mismo”, esto era inaceptable. Argumentaron que la justificación del liberalismo está en la libertad misma, independientemente de si la libertad conducía a la felicidad.

La justificación del escepticismo

La tercera justificación para el liberalismo se basa en argumentos bastante diferentes. Estos liberales afirman que los autores de la primera y segunda tradiciones justificativas confían demasiado en sus afirmaciones sobre principios morales obvios. Los consecuencialistas consideran que la felicidad es el objetivo final de la vida humana, mientras que Kant y sus discípulos enfatizan la libertad. Para los liberales escépticos, ambas tradiciones confían demasiado en afirmar que existe un valor singular que justifica el liberalismo. Argumentan que el liberalismo está justificado precisamente porque nunca podemos estar seguros de qué es lo hace que valga la pena vivir. Por lo tanto, una buena sociedad es aquella que permite a los individuos experimentar con diferentes formas de vida.

Conclusión

Comprender las justificaciones del liberalismo es esencial para comprender debates más amplios en la sociedad actual. Hoy en día, una caricatura del liberalismo es atacada a menudo por la izquierda. Para no quedarse afuera, los de la derecha a menudo defienden una caricatura del liberalismo. No me queda claro cuál de las dos es peor. De hecho, como sugiero en mi artículo más reciente de Quillette con respecto al conservadurismo posmoderno, me preocupa profundamente que estas presiones tanto de izquierda como de derecha eventualmente hagan imposible mantener un debate sostenido y racional sobre las claras virtudes y defectos del liberalismo. A medida que el argumento político está cada vez más dominado por los llamamientos tensos tanto al escepticismo como a la autoridad de la identidad, puede valer la pena analizar detenidamente qué es el liberalismo, qué podemos aprender de él y dónde podemos mejorarlo.

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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