Tiende la mano, escucha, sé paciente. Los buenos argumentos pueden frenar el extremismo

Escrito por Walter Sinnott-Armstrong y publicado en Aeon el 22 de diciembre de 2018

Muchos de mis mejores amigos piensan que algunas de mis creencias más profundas sobre temas importantes son obviamente falsas o incluso absurdas. A veces, me lo dicen a la cara. ¿Cómo podemos seguir siendo amigos? Parte de la respuesta es que estos amigos y yo somos filósofos, y los filósofos aprenden a lidiar con posiciones al borde de la locura. Además, yo explico y doy argumentos para mis afirmaciones, y ellos escuchan y responden pacientemente con sus propios argumentos en contra de mis — y a favor de sus — posturas. Intercambiando razones en forma de argumentos, nos mostramos respetuosos y llegamos a entendernos mejor.

Los filósofos son escasos, por lo que este tipo de desacuerdo civil todavía puede parecer imposible entre la gente común. Sin embargo, algunas historias dan esperanza y muestran cómo superar grandes barreras.

Un ejemplo famoso fue el de Ann Atwater y C. P. Ellis en mi ciudad natal de Durham, Carolina del Norte; se relata en el libro de Osha Gray Davidson The Best of Enemies (Lo Mejor de Enemigos)(1996) y en una próxima película. Atwater era una madre soltera, pobre y negra que dirigía la Operación Breakthrough, que intentaba mejorar los barrios negros locales. Ellis era un padre igualmente pobre pero blanco que estaba orgulloso de ser el Cíclope Exaltado del Ku Klux Klan local. No podrían haber empezado desde una mayor distancia. Al principio, Ellis llevaba un arma y esbirros a las reuniones de la ciudad en barrios negros. Una vez, Atwater se fue hacia Ellis con un cuchillo y tuvo que ser contenida por sus amigos.

A pesar de su odio mutuo, cuando los tribunales ordenaron a Durham que integrara sus escuelas públicas, Atwater y Ellis fueron presionados para que copresidieran una charrette — una serie de debates públicos que duraron ocho horas al día durante 10 días en julio de 1971 — sobre cómo implementar la integración. Para planear su ordalía, se conocieron y comenzaron haciendo preguntas, respondiendo con razones y escuchándose mutuamente. Atwater le preguntó a Ellis por qué se oponía a la integración. Respondió que principalmente quería que sus hijos recibieran una buena educación, pero que la integración arruinaría sus escuelas. Atwater probablemente se sintió tentada a gritarle, a llamarlo racista y a marcharse enfadada. Pero no lo hizo. En vez de eso, escuchó y dijo que también quería que sus hijos — así como los suyos — recibieran una buena educación. Luego Ellis le preguntó a Atwater por qué trabajaba tan duro para mejorar la vivienda de los negros. Ella respondió que quería que sus amigos tuvieran mejores hogares y mejores vidas. Quería lo mismo para sus amigos.

Cuando cada uno escuchaba las razones del otro, se daban cuenta de que compartían los mismos valores básicos. Ambos amaban a sus hijos y querían una vida decente para sus comunidades. Como Ellis dijo más tarde: “Solía pensar que Ann Atwater era la mujer negra más mala que había visto en mi vida… Pero, ya sabes, ella y yo nos reunimos un día durante una o dos horas y hablamos. Y ella está tratando de ayudar a su gente como yo estoy tratando de ayudar a mi gente”. Después de darse cuenta de sus puntos en común, pudieron trabajar juntos para integrar las escuelas de Durham de forma pacífica. En gran medida, lo lograron.

Nada de esto sucedió rápida o fácilmente. Sus acaloradas discusiones duraron 10 largos días en la charrette. No hubieran podido darse el lujo de faltar a sus trabajos durante tanto tiempo si sus empleadores (incluyendo la Universidad de Duke, donde Ellis trabajaba en mantenimiento) no les hubieran concedido tiempo libre con paga. También eran individuos excepcionales que tenían fuertes incentivos para trabajar juntos, así como muchas virtudes personales, incluyendo la inteligencia y la paciencia. Sin embargo, estos casos prueban que a veces los enemigos jurados pueden llegar a ser amigos íntimos y pueden lograr mucho para sus comunidades.

¿Por qué los liberales y los conservadores no pueden hacer lo mismo hoy en día? Es cierto que los extremistas de ambos lados de la escena política actual a menudo se esconden en sus cámaras de eco y barriadas homogéneas. Nunca escuchan al otro lado. Cuando se aventuran a salir, el nivel de retórica en Internet es abismal. Los trolls recurren a eslóganes, insultos y bromas. Cuando se molestan en dar argumentos, sus argumentos a menudo simplemente justifican lo que conviene a sus sentimientos y señalizan alianzas tribales.

La propagación de los malos argumentos es innegable, pero no inevitable. Ejemplos raros pero valiosos como Atwater y Ellis nos muestran cómo podemos usar herramientas filosóficas para reducir la polarización política.

El primer paso es tender la mano. Los filósofos van a conferencias para encontrar críticos que les ayuden a mejorar sus teorías. Del mismo modo, Atwater y Ellis organizaron reuniones entre ellos para averiguar cómo trabajar juntos en la charrette. Todos nosotros debemos reconocer el valor de escuchar con atención y caridad a los adversarios. Entonces tenemos que tomarnos la molestia de hablar con esos oponentes, incluso si eso significa abandonar nuestras cómodas barriadas o nuestras páginas web favoritas.

En segundo lugar, tenemos que hacer preguntas. Desde Sócrates, los filósofos son conocidos tanto por sus preguntas como por sus respuestas. Y si Atwater y Ellis no se hubieran hecho preguntas, nunca habrían aprendido que lo que más les importaba a ambos eran sus hijos y aliviar las frustraciones de la pobreza. Al hacer las preguntas correctas de la manera correcta, a menudo podemos descubrir valores compartidos o al menos evitar malentendidos entre los oponentes.

En tercer lugar, tenemos que ser pacientes. Los filósofos imparten cursos durante meses sobre un mismo tema. Del mismo modo, Atwater y Ellis pasaron 10 días en un charrette público antes de que finalmente llegaran a entenderse y apreciarse mutuamente. También dieron la bienvenida a otros miembros de la comunidad para que hablaran todo el tiempo que quisieran, de la misma manera que los buenos maestros incluyen perspectivas conflictivas y traen a todos los estudiantes a la conversación. Hoy en día, necesitamos frenar y luchar contra la tendencia a excluir puntos de vista o a interrumpir y responder con bromas y eslóganes rápidos que denigren a los oponentes.

En cuarto lugar, tenemos que dar argumentos. Los filósofos suelen reconocer que deben dar razones para sus afirmaciones. Del mismo modo, Atwater y Ellis no se limitaron a anunciar sus posiciones. Se refirieron a las necesidades concretas de sus hijos y sus comunidades para explicar por qué mantenían sus posiciones. En cuestiones controvertidas, ninguna de las partes es lo suficientemente obvia como para eludir las demandas de pruebas y razones, que se presentan en forma de argumentos.

Ninguno de estos pasos se da de manera fácil o rápida, pero hay libros y cursos en línea sobre razonamiento — especialmente en filosofía — disponibles para enseñarnos a apreciar y desarrollar argumentos. También podemos aprender a través de la práctica al tender la mano, hacer preguntas, ser pacientes y dar argumentos en nuestra vida diaria.

Todavía no podemos tender la mano a todos. Incluso los mejores argumentos a veces caen en saco roto. Pero no debemos generalizar precipitadamente con la conclusión de que los argumentos siempre fallan. Los moderados a menudo están abiertos a la razón en ambos lados. Lo mismo ocurre con los ejemplos demasiado raros que admiten que ellos (como la mayoría de nosotros) no saben qué posición adoptar en cuestiones morales y políticas complejas.

De esto, surgen dos lecciones. En primer lugar, no debemos renunciar a intentar llegar a los extremistas, como Atwater y Ellis, a pesar de lo difícil que es. En segundo lugar, es más fácil llegar a los moderados, por lo que normalmente tiene sentido intentar razonar primero con ellos. Practicar con audiencias más receptivas puede ayudarnos a mejorar nuestros argumentos, así como nuestras habilidades para presentarlos. Estas lecciones nos permitirán hacer nuestra parte para reducir la polarización que afecta a nuestras sociedades y nuestras vidas.

Walter Sinnott-Armstrong es profesor de ética práctica de Chauncey Stillman en el Departamento de Filosofía y en el Instituto Kenan de Ética de la Universidad de Duke en Carolina del Norte. Es co-instructor del curso en línea “Think Again” y autor de Think Again: How to Reason and Argue (2018).

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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