12 académicos responden a la guía de la APA para el tratamiento de los hombres y los niños

Publicado en Quillette el 4 de febrero de 2019

Image for post
Image for post
Image for post
Image for post
John Paul Wright

John Paul Wright es profesor de justicia penal en la Universidad de Cincinnati. Ha publicado de manera extensa sobre las causas y correlaciones de la violencia humana. Actualmente trabaja en examinar cómo la ideología afecta a la erudición. Síguelo en Twitter @cjprofman.

Trece años después, la Asociación Americana de Psicología (APA) publicó el nuevo borrador de las “Guidelines for Psychological Practice for Boys and Men” (Pautas para el tratamiento psicológico de los niños y los hombres). Respaldadas por 40 años de ciencia, la APA afirma que las pautas declaran de manera audaz que la “masculinidad tradicional” es la causa y la consecuencia de los problemas de salud mental de los hombres. El estoicismo masculino, nos dice la APA, impide que los hombres busquen tratamiento cuando lo necesitan, mientras que las creencias arraigadas en la “ideología masculina” perpetúan los peores comportamientos de los hombres, incluyendo el acoso sexual y la violación. La ideología masculina, en sí misma un subproducto del “patriarcado”, beneficia a los hombres y simultáneamente los convierte en víctimas, explican en las pautas. Por lo tanto, el comité de la APA aconseja a los terapeutas que los hombres deben convertirse en aliados del feminismo. “Cambia a los hombres”, dijo un autor del informe, “y podemos cambiar el mundo”.

Pero si la reacción a las pautas de la APA es una índice, este cambio no ocurrirá pronto. La crítica fue inmediata y feroz. Pocos fuera de un puñado de departamentos dentro de la academia habían oído hablar de la “ideología masculina”, y menos aún entendían cómo definir la masculinidad tradicional por el comportamiento más grosero — incluso criminal — de los hombres serviría a los intereses de los varones o los incitará a buscar ayuda profesional. En lugar de deslizarse silenciosamente en la oscuridad, como pasa con la mayoría de los pronunciamientos académicos, las pautas de la APA consiguieron lo que pocos documentos de este tipo han hecho jamás: generaron un torbellino en los medios sociales, y probablemente no solo perdieron credibilidad profesional, sino que también crearon nuevas barreras para los hombres que necesitan ayuda.

Es tentador excusar a las pautas de la APA como el subproducto de un grupo selecto de estudiosos cuyas intenciones eran buenas, pero cuya entrega era deficiente en cuanto al tono. En el actual entorno hiperpolítico, las buenas intenciones se convierten a menudo en moneda de la mala voluntad. Sin embargo, al menos un psicólogo advirtió a la APA que las pautas no serían bien recibidas; que el lenguaje abiertamente partidista y las narrativas políticamente progresistas del documento no alentarían a los hombres a recibir servicios, sino a mantenerlos alejados.

Cuando quedó claro que esas advertencias deberían haberse tenido en cuenta, la APA se encontró en una situación insostenible. Desafortunadamente, en lugar de calmar la tormenta reconociendo la validez de al menos algunas críticas, la APA dobló la apuesta con una declaración pública afirmando que la APA apoya a los hombres, y que las pautas habían sido malentendidas y mal caracterizadas. En la misma declaración, explicaron: “Cuando un hombre cree que debe tener éxito sin importar quién sea perjudicado o su masculinidad se exprese siendo sexualmente abusivo, irrespetuoso y dañino para los demás, ese hombre se está conformando con los aspectos negativos asociados con la masculinidad tradicional”. En otras palabras, según la APA, estos comportamientos egoístas, violentos y abusivos no son un problema del carácter de una persona, ni están relacionados con su patología individual. Se trata de la “masculinidad”, especialmente de la “masculinidad tradicional”. Para mayor autoridad, la declaración fue firmada por tres presidentes de la APA.

¿Qué debemos hacer no solo con las pautas, sino también con la inepta gestión de las críticas por parte de la APA? Para entender mejor estas dinámicas, tres de nosotros, el columnista de Quillette y profesor de psicología Clay Routledge, junto con el profesor de criminología John Paul Wright, y la colaboradora de Psychology Today Pamela Paresky, buscamos comentarios entre un amplio abanico de voces, incluyendo terapeutas que se enfocan en temas masculinos, investigadores cuyo trabajo examina la complejidad de la vida de los hombres, y escritores con diversos puntos de vista. Aunque no afirmamos que los comentarios que figuran a continuación sean representativos de todo el abanico de opiniones, dimos a los autores un control editorial total sobre el contenido de sus comentarios y les animamos a que se sintieran libres de abordar tanto los aspectos positivos como los negativos de las pautas. Como solicitamos muchas respuestas, pedimos a cada colaborador que limitara su respuesta a unas 300 palabras.

Nos sentimos alentados por las críticas que surgieron de las pautas a la APA. ¿Por qué? Porque no creemos que la mayor parte de la reacción fuera por crasos motivos políticos. En vez de eso, gran parte de ella estaba enraizada en una profunda preocupación por los hombres y los niños. Las guerras culturales no han sido agradables con los hombres, y los datos de una serie de encuestas nos dicen que los niños y los hombres no están prosperando. Los documentos pueden ser editados, pero la buena voluntad es una mercancía que nadie debe borrar. Si la APA está realmente preocupada por la salud mental y emocional de los hombres, reconocerá la buena voluntad y la intención constructiva que sustentan gran parte de las críticas, y considerará la retroalimentación como un punto de partida para una discusión más amplia y productiva sobre cómo proporcionar el tratamiento más eficaz a los niños y los hombres.

Image for post
Image for post
W. Keith Campbell

W. Keith Campbell es profesor de psicología en la Universidad de Georgia. Es autor y coautor de varios libros, entre ellos The Narcissism Epidemic. Síguelo en Twitter @wkeithcampbell.

Hice un pequeño experimento de pensamiento con el modelo tradicional de masculinidad de la APA: ¿Qué tipo de sociedad se obtiene cuando los valores masculinos se centran en el autoenfoque emocional más que en el estoicismo; en la cooperación más que en la competitividad; en la sumisión más que en la dominación; y en la bondad más que en la agresión? ¿Serían los hombres más felices y sanos en una sociedad así? Bueno, dado lo mala que es la masculinidad tradicional, la masculinidad inversa debería estar floreciendo en otras culturas. Curiosamente, la APA no ofrece ningún ejemplo. El ejemplo más cercano que encontré fue esta versión caliente de los hombres asiáticos (lugar de nacimiento de Genghis Khan, literalmente el antepasado masculino más malvado de todos los tiempos). La APA señala que “al menos entre los estudiantes universitarios blancos, los hombres asiático-americanos son vistos como menos varoniles que los hombres blancos o negros estadounidenses”. No se nos dice si eso es bueno o malo. Si nos fijamos en el estudio, que tiene un poder estadístico insuficiente y está pobremente muestreado, resulta que 250 estudiantes de psicología piensan que la masculinidad se alinea con la fuerza física y el atletismo, y colocan la masculinidad de los hombres en un orden en el cual los hombres negros son los más masculinos, los hombres asiáticos son los menos, y los hombres blancos están en el medio. Lo más cercano a la descrita de masculinidad inversa son las culturas masculinas centradas en la paz que existen como subculturas protegidas en culturas liberales más grandes (por ejemplo, la India actualmente protege la cultura espiritual tibetana — grupos explícitamente no violentos como los jainistas, etc.). Sin esta protección, los grupos pacíficos son asesinados. Cuando no hay guerra, la agresión cultural se celebra en ceremonias y deportes, como esta orgullosa exhibición masculina en la frontera entre la India y Pakistán. La ausencia de hombres tradicionalmente masculinos en la frontera significa que no hay hombres de paz en la nación.

Image for post
Image for post
Chris J. Ferguson

Chris J. Ferguson es profesor de psicología en la Universidad de Stetson. Ha publicado un libro sobre la ciencia de los videojuegos, Moral Combat: Why the War on Violent Video Games is Wrong así como un misterio de asesinato, Suicide Kings. Síguelo en Twitter @CJFerguson111111.

En agosto de 2018, antes de que el Consejo de Representantes de la APA (de la cual soy miembro) votara sobre las polémicas pautas de tratamiento para los niños y los hombres, compartí con ellos una reseña que hice de las propuestas de las pautas. Desgraciadamente, no he conseguido interesar al Consejo en el debate sobre los méritos y las deficiencias científicas de las pautas. La versión finalmente anunciada públicamente tiene algunos cambios superficiales, pero aún quedan problemas fundamentales. Específicamente, las pautas carecen de una amplia base científica, particularmente de una comprensión de los contribuciones biológicas a la identidad de género, tienden a utilizar términos como “masculinidad tradicional” de manera que carecen de integridad conceptual y a menudo son estereotipadas, y tienden a leerse con demasiada frecuencia como una ideología sociopolítica más que como una revisión científica equilibrada y matizada.

No dudo de la necesidad de pautas para el tratamiento para los hombres. Los hombres se debaten ante muchos problemas, como el éxito escolar, el suicidio y la violencia. Un documento basado en datos, objetivo y compasivo podría haber sido útil. Sin embargo, la obsesión de las pautas de tratamiento de la APA con la “masculinidad tradicional” finalmente fracasó en ayudar a los practicantes a encontrar compasión y comprensión con aquellos con valores diferentes a los suyos, y probablemente han ofendido y rechazado a muchos hombres que se podrían haber beneficiado más de la psicoterapia.

Desafortunadamente, desde mi punto de vista, la APA tiene un historial pobre con declaraciones políticas sesgadas y científicamente engañosas, incluidas las pautas de tratamiento. Por lo general, estas declaraciones exageran la consistencia, la calidad y las aplicaciones de las políticas de un campo de estudio. La declaración de la APA sobre los videojuegos violentos, mi propio campo, no se parece a la ciencia real, que no ha proporcionado buenas pruebas de los vínculos con la agresión. Otras declaraciones sobre temas que van desde el aborto hasta una revisión divisional de las nalgadas también han avivado la controversia científica. En muchos casos, las declaraciones son elaboradas por académicos que reseñan su propio trabajo y lo proclaman más allá del debate, lo que constituye un claro conflicto de intereses. En la actualidad, las declaraciones de política de la APA a menudo se leen como herramientas de mercadotecnia y no como revisiones objetivas. Para solucionar este problema será necesario un cambio significativo en la forma en que se elaboran y revisan las declaraciones de política y las pautas de tratamiento de la APA. Hasta entonces, deben ser tomadas con escepticismo.

Image for post
Image for post
B. Christopher Frueh

B. Christopher Frueh es profesor de psicología en la Universidad de Hawaii, Hilo. Bajo el seudónimo “Christopher Bartley”, es autor de They Die Alone y de otras novelas duras. Síguelo en Twitter @christobartley.

El último manifiesto de la APA es una vergüenza para la disciplina de la psicología. Es una abdicación de la responsabilidad científica, negando las realidades biológicas y evolutivas en favor de una fantasía progresista impulsada por la “justicia social” y las ideologías “feministas”. Es perjudicial para todos los miembros de nuestra sociedad y peligroso para nuestra seguridad nacional. Cualidades masculinas como el individualismo rudo, el coraje, el estoicismo, la ambición y la voluntad de proteger y sacrificarse por los demás ayudaron a asegurar la libertad y la prosperidad que tantos ahora dan por sentado.

En una época en la que muchos académicos se quejan de la “masculinidad tóxica”, se ofenden con cada “microagresión” imaginada y enumeran sus “pronombres” en sus bloques de firmas de correo electrónico, deberíamos preguntarnos dónde termina esta línea de absurdos. Quizás el próximo manifiesto de la APA busque abolir la religión, el atletismo, el matrimonio heterosexual, comer carne, etc. ¿Qué pasó con el sentido común? ¿Y a dónde nos lleva esto? ¿Vamos a prohibir los libros, películas y podcasts de personas llamadas Ernest Hemingway, Clint Eastwood o Jocko Willink?

¿Cómo afectará esto a nuestras fuerzas armadas, a los departamentos de policía y de bomberos, y a todas las demás tareas peligrosas pero importantes que hay que hacer? ¿Quién se ofrecerá como voluntario para montar y cabalgar al son de las armas para proteger a nuestra nación y sus principios fundadores cuando la masculinidad haya sido sofocada en nuestra sociedad?

Hacemos hombres sin pecho y esperamos de ellos virtud e iniciativa. Nos reímos del honor y nos sorprende encontrar traidores entre nosotros.

— C.S. Lewis, La abolición del hombre (1943)

Image for post
Image for post
Roy Wayne Meredith III

Roy Wayne Meredith III es un estudiante graduado de trabajo social en la Universidad de Columbia. Síguelo en Twitter @thoreausquad.

Los profesionales deben tratar con cautela las nuevas pautas de la APA. Para empezar, el documento en sí está mal escrito. Frecuentemente emplea construcciones de oraciones pasivas y verbos modales, como “debe”, “puede” o “se ha sugerido que”. Esto implica con fuerza que los autores no confían en la robustez de la investigación que citan.

En algunos casos, esta vacilación está claramente justificada. Psicólogos como Scott O. Lilienfeld han demostrado que la teoría de la microagresión, por ejemplo, carece de validez de constructo. Viendo que sus proponentes clasifican las ofensas que van desde llamar a los estudiantes con demasiada frecuencia hasta calumnias abiertamente racistas como microagresiones, es difícil imaginar cómo Lilienfeld podría estar equivocado. Sin embargo, los autores no mencionan este y otros problemas evidentes.

Algunas afirmaciones son tan obvias que me pregunto por qué los autores se molestaron en incluirlas, como que “los mensajes inconsistentes y contradictorios pueden complicar el proceso de formación de la identidad para algunas poblaciones de niños y hombres”. Una tomadura de pelo.

Sin embargo, la APA merece elogios por enfatizar la importancia de la paternidad en el desarrollo infantil, el sesgo de género que los terapeutas suelen tener en contra de los clientes masculinos, y los escollos a los que los niños y los hombres se enfrentan en los entornos educativos. Además, los autores afirman correctamente que las disparidades raciales en las sentencias penales, los resultados de salud y otras medidas de bienestar son lo suficientemente significativas como para llevar a los terapeutas al activismo social. Sin embargo, el hecho de que estas cuestiones sigan siendo apremiantes es una razón más para fundamentar nuestras soluciones en una investigación que utilice una metodología rigurosa.

Image for post
Image for post
Pamela Paresky

Pamela Paresky escribe para Psychology Today y es investigadora principal en desarrollo humano y psicología en la Foundation for Individual Rights in Education (FIRE). Síguela en Twitter @PamelaParesky.

El código de ética profesional de la APA exige que los psicólogos respeten la “dignidad y el valor” de los clientes y sus “derechos a la autodeterminación”. Les insta a “tomar precauciones” sobre “posibles sesgos”, a abstenerse de asumir un papel clínico cuando “otros intereses” puedan perjudicar su objetividad, y recuerda a los psicólogos que deben “establecer relaciones de confianza” con los clientes. Las nuevas pautas violan estas normas éticas. Las premisas básicas de las pautas se basan en un conjunto de sesgos ideológicos que pueden perjudicar la objetividad de los psicólogos, la capacidad de respetar la dignidad y el valor de ciertos clientes y dificultar, si no imposibilitar, el establecimiento de una relación terapéutica basada en la confianza.

Las pautas incluyen: “Los psicólogos comprenden el impacto del poder, los privilegios y el sexismo en el desarrollo de los niños y los hombres y en sus relaciones con los demás”, y “Cuando trabajan con niños y hombres, los psicólogos pueden abordar cuestiones de privilegios y poder relacionadas con el sexismo”. Independientemente de lo que un determinado cliente masculino aporta a la terapia, parece que se pueden abordar “cuestiones de privilegio y poder relacionadas con el sexismo”.

Algunas de las pautas son positivas. Pero el psicólogo Ryon McDermott, que estuvo entre los que redactaron las directrices de la APA, admitió en la propia publicación de la APA que contienen un motivo subyacente general: “Si podemos cambiar a los hombres”, explicó, “podemos cambiar el mundo”.

Cambiar a los hombres comienza con la premisa de que hay algo malo con los hombres. Si se siguen estas pautas, ¿cómo confiarán los hombres que se ven a sí mismos como “tradicionalmente masculinos” en que sus sesiones se usarán para sus propios objetivos de psicoterapia en lugar de para abordar su masculinidad?

Cualquier pauta emitida por la APA debe tener el propósito de tratar más efectivamente los problemas que los clientes traen a la psicoterapia. Los motivos inferiores son contraterapéuticos y socavan la confianza. Estas pautas subvierten el propósito de la psicología clínica y ponen en peligro la confianza del público en la profesión.

Image for post
Image for post
Natalie Ritchie

Natalie Ritchie escribe para la revista Child Magazine y es autora de Like a Woman: How Feminists Think Women Suck and Men Rock (2018). Síguela en Twitter @womendontsuck.

Durante años, el feminismo ha librado una guerra pasiva de desgaste contra la masculinidad, privándola de honor. Con sus pautas del 2018, la APA, inherentemente feminista, ha pasado a la ofensiva. Este asalto no es tan simple como una retribución misándrica por parte del feminismo por la carga de opresión histórica. Tiene sus raíces en la necesidad feminista de ser idénticas a los hombres. Cuando tu idea de la igualdad de género es un desglose 50/50 de hombres y mujeres en cualquier situación dada, es decir, cuando piensas que el 100 por ciento de las mujeres deben hacer lo que hacen el 100 por ciento de los hombres, la masculinidad representa una amenaza. Hacer que los hombres se parezcan menos a los hombres (y más a las mujeres) se convierte en el camino secreto para hacer que las mujeres se parezcan más a los hombres. Tal negación de género es el nuevo arrianismo; no científico, no profesional, inmoral. Insistir en que cada género es “incorrecto” y debe ser más parecido al otro para ser “correcto” paraliza a ambos, y reduce la huella humana a lo que los géneros tienen en común.

La “masculinidad tradicional” es una triste letanía de criminalidad, suicidio, violencia y “sexismo”, afirma la APA. Sin embargo, parece que el verdadero objetivo de la APA es el rasgo masculino central de la asunción de responsabilidades. Fue la responsabilidad la que canalizó el espíritu masculino de eficiencia en la sensacional riqueza de las revoluciones industriales y digitales; la que desplegó el instinto masculino de combate para resaltar al máximo los puntos de vista de ambas partes en el magnífico sistema legal occidental; la que impulsó la democracia cuando los nobles presionaron al malvado rey Juan para que firmara la Carta Magna; la que se reunió con los Messerschmitts con Mustangs y Spitfires; la que se volvió a trabajar (o arriesgó el sustento y la vida para trabajar durante 40 horas a la semana); la que hizo a los buenos padres.

Muchos de los problemas masculinos que la APA lamenta desaparecen con la asunción de responsabilidades. Sin embargo, “responsabilidad” solo aparece dos veces en las 36 páginas de las pautas, “responsabilidades” una vez.

Image for post
Image for post
Clay Routledge

Clay Routledge es profesor de psicología en la Universidad Estatal de Dakota del Norte. Es autor de un libro en 2018: Supernatural: Death, Meaning, and the Power of the Invisible World. Escribe una columna mensual para Quillette. Síguelo en Twitter @clayroutledge.

En lugar de centrarme en la investigación seleccionada, la excesiva confianza en el pensamiento de la tabla rasa, o el sesgo ideológico progresista general que se observa a lo largo de las pautas, me gustaría compartir una anécdota personal, pero espero que útil.

La regla de nuestro hogar cuando yo era niño era que teníamos que participar en al menos un deporte o actividad física. No estaba muy interesado en los deportes típicos, así que decidí darle una oportunidad a las artes marciales. Yo era solo un niño flaco con gafas que era molestado regularmente por niños más grandes, así que aprender a pelear me pareció una buena idea. Aprendí mucho más.

Durante los primeros años de entrenamiento, todavía era solo un niño flaco, pero estaba desarrollando una variedad de habilidades psicológicas, sociales y físicas que me serían de gran ayuda a medida que envejecía. Nuestro gimnasio de artes marciales era de la vieja escuela, con una estructura militar. Los ejercicios y los entrenamientos eran intensos. El entrenamiento disciplinó mi mente y mi cuerpo, me dio la oportunidad de trabajar a través de un sistema jerárquico que recompensó el trabajo duro y la dedicación, y me ayudó a convertirme en un joven fuerte y enfocado.

El entrenamiento implicó una dosis saludable de masculinidad tradicional: agresión, estoicismo, confianza y competitividad. De manera crítica, usando una filosofía de artes marciales tradicionales y métodos de enseñanza de estilo militar tradicional, este entrenamiento aprovechó la masculinidad tradicional para construir características positivas como la dignidad, la moderación, la responsabilidad personal y el sentido del deber hacia los demás.

La enfermedad mental es un problema real que persigue incluso a algunos de los hombres más fuertes. Y todos nosotros, hombres y mujeres por igual, lidiamos con las vulnerabilidades psicológicas y los factores estresantes de la vida. Pero yo diría que la masculinidad tradicional no es el problema. En cambio, puede ser parte de la solución a los problemas que aquejan a muchos niños y hombres modernos. Con la orientación adecuada de modelos masculinos positivos e instituciones que dan a los hombres un código para vivir y los conectan con un sistema moral que les proporciona un propósito, la masculinidad tradicional desempeña un papel vital en la creación de hombres sanos, así como en la construcción y preservación de sociedades seguras y prósperas.

Image for post
Image for post
Sally Satel

Sally Satel es psiquiatra en ejercicio, profesora de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale y académica residente del American Enterprise Institute. Síguela en Twitter @slsatel.

Las pautas de la APA corren el riesgo de subvertir la empresa terapéutica por completo porque enfatizan la identidad de grupo por encima de la individualidad del paciente.

La psicoterapia es la última medicina personalizada. Los significados que los pacientes asignan a los acontecimientos son un producto completamente único de sus historias, ansiedades, deseos, frustraciones, pérdidas y experiencias traumáticas.

La práctica psicológica “sensible al género”, como la llama la APA, es cuestionable porque anima a los médicos a asumir, incluso antes de que un paciente entre por la puerta, que el género es una causa o un determinante importante de los problemas del paciente.

Para ser justos, la APA hace hincapié en que no tiene la intención de imponer cambios en el tratamiento. Pero la terapia es un asunto delicado que no se adapta fácilmente a las pautas adaptadas al género o a cualquier afiliación grupal, para el caso. Así que cuando la APA anima a los practicantes a participar en actividades vagamente definidas — “abordar cuestiones de privilegio y poder relacionadas con el sexismo” o “ayudar a los niños y hombres, y a aquellos que tienen contacto con ellos a tomar conciencia de cómo se define la masculinidad en el contexto de sus circunstancias vitales” — parece más enfocado en una agenda política que en el paciente.

Liderar con una agenda ideológica corre el riesgo de alienar al paciente y, por lo tanto, compromete un fenómeno de importancia crítica llamado alianza terapéutica. En su libro clásico Persuasion and Healing (1961), el psiquiatra Jerome D. Frank describe la alianza como “la aceptación del paciente por parte del terapeuta, si no por lo que él o ella es, entonces por lo que puede llegar a ser”.

A través de esa relación terapéutica, el paciente obtiene una visión, un grado de dominio de sí mismo y formas alternativas de pensar sobre sus problemas. Frank creía, al igual que muchos terapeutas de hoy en día, que el poder de la dedicación de un clínico al paciente no solo es esencial, sino que también puede ser el ingrediente más activo de la terapia en sí.

Las personas que buscan ayuda se encuentran en un estado de sugestión. Los terapeutas deben tener cuidado al imponerles su cosmovisión “sensible al género”.

Image for post
Image for post
Shawn T. Smith

Shawn T. Smith es licenciado en psicología clínica. Es autor de varios libros, incluyendo The Practical Guide to Men: How to Spot the Hidden Traits of Good Men and Great Relationships. Síguelo en Twitter @ironshrink.

La APA, que no es conocida por su alto nivel de testosterona, parece ver la masculinidad con el mismo desagrado que una princesa de Disney tiene por el trabajo manual. Hablan de rasgos masculinos con profunda sospecha, a pesar de que su mundo seguro descansa sobre las espaldas de los hombres que poseen esos rasgos.

No ocuparé estos pocos párrafos repitiendo los esfuerzos de aquellos que defienden la masculinidad. En cambio, espero persuadir a otros médicos para que se opongan a las directrices ideológicas de la APA para trabajar con hombres y niños.

Si la APA estuviera realmente preocupada por los hombres, se esforzarían por ayudar a aquellos que están sufriendo, basándose en las virtudes de la masculinidad que han sido probadas a lo largo del tiempo. En su lugar, enmarcan el “patriarcado” — esa nebulosa bête noire del feminismo radical — como la raíz de todo sufrimiento. Viendo el mundo a través de esa lente manchada, su respuesta a los hombres y a los niños solo puede ser la del feminismo radical: derrocar a los hombres. Denigrar los rasgos nobles. Hacer avanzar la ideología feminista a toda costa.

Bajo esta política de la APA, cualquier hombre lo suficientemente imprudente como para confiar en un psicólogo debe ser castigado por su supuesto privilegio y sexismo, y debe ser reeducado en algo mucho más dócil y apologético que un hombre de pura cepa.

Si la naturaleza depredadora de las nuevas pautas de la APA no es evidente de inmediato, consideremos lo contrario: los psicólogos se organizan en masa para desmantelar la feminidad, tratando a cada paciente femenina como una oportunidad para reformar a las mujeres tal y como la APA lo considere oportuno.

La gente generalmente busca psicólogos en momentos de vulnerabilidad. Es claramente vicioso aprovechar esa vulnerabilidad en aras del avance de una ideología. Irónicamente, el enfoque mercenario de la APA hacia la guerra cultural — una guerra en la que no tienen por qué tomar partido — ejemplifica las cualidades destructivas y despiadadas que erróneamente atribuyen a hombres honorables de todas partes.

Image for post
Image for post
Debra W. Soh

Debra W. Soh es una columnista científica canadiense, comentarista política y coanfitriona de Wrongspeak. Síguela en Twitter @DrDebraSoh.

Tengo varias preocupaciones con respecto a las pautas de la APA para el tratamiento de los hombres y los niños. Quizás un buen punto de partida sería la creencia de que la masculinidad es una “ideología”, “construida socialmente” y “aprendida durante la socialización”, en contraposición a lo biológico y el resultado de la influencia hormonal. En segundo lugar, las pautas describen el comportamiento abusivo como una extensión natural del ser masculino, en lugar de ser debido a la antisociabilidad y a los puntos de vista negativos sobre las mujeres.

Si siguiéramos esta línea de pensamiento sugerido, la masculinidad debería ser algo que se pueda corregir y desaprender. Como alguien que ha trabajado clínicamente con delincuentes sexuales masculinos encarcelados y delincuentes violentos, puedo decirles que las intervenciones terapéuticas basadas en el feminismo interseccional y sus ideas sobre “poder y privilegio” tendrán un efecto nulo al trabajar con estas poblaciones.

Los puntos de discusión progresistas, como llamar al género una “construcción no binaria” y abogar abiertamente por la “participación en actividades de justicia social”, no tienen cabida en un documento que detalla las mejores prácticas profesionales. Prefiguran un futuro en el que los psicólogos deben alterar su enfoque terapéutico, no por el mejor interés de su cliente, sino porque esta nueva ortodoxia está de moda y tienen miedo de que se les revoquen sus licencias. Los servicios psicológicos deben estar científicamente informados y atender las necesidades y la historia de un individuo, en lugar de basarse en suposiciones arrolladoras y políticamente motivadas sobre su sexo.

Image for post
Image for post
Christina Hoff Sommers

Christina Hoff Sommers es becaria residente en la AEI, donde estudia la política de género y feminismo, así como la libertad de expresión, el debido proceso y la preservación de la libertad en la academia. Síguela en Twitter @Chsommers.

Sí, las nuevas “Pautas para el tratamiento psicológico de los niños y los hombres” de la APA están saturadas de retórica de estudios de género. Pero enterradas bajo el parloteo de la “masculinidad hegemónica” hay sugerencias que son a la vez contrarias y sensatas.

Consideremos esta afirmación: “Para niños y adolescentes, sesiones más cortas, ambientes informales fuera de la oficina (por ejemplo, patio de recreo), actividades instrumentales, uso del humor y la auto-revelación (…) pueden proporcionar ambientes más congruentes que la psicoterapia tradicional”. Puede que esto no suene revolucionario, pero los autores admiten que la terapia convencional de conversación puede funcionar peor para los hombres jóvenes que para las mujeres jóvenes. Están sugiriendo la necesidad de protocolos de salud mental específicos para hombres. Eso va en contra de décadas de teoría que niega la relevancia o legitimidad de cualquier cosa específica para hombres. Desafortunadamente, los autores ofrecen muy pocos consejos más allá del pasaje citado anteriormente. Pero es un comienzo.

Hay más sabiduría oculta: “Se anima a los psicólogos a abogar por una política pública que apoye y mejore las perspectivas de futuro de los adolescentes”. ¡Eso es una revolucionaria llamada a las armas! Casi nadie aboga por el bienestar vocacional de los hombres jóvenes. Las organizaciones políticamente dominantes lo evitan, sabiendo que sería descartado como una reacción violenta contra las mujeres. Pero los hombres necesitan ayuda.

Como documenta mi colega del American Enterprise Institute, Nicholas Eberstadt, Estados Unidos se encuentra en medio de una “silenciosa catástrofe: el colapso del trabajo para los hombres”. Estados Unidos, dice Eberstadt, “es ahora el hogar de un ejército cada vez mayor de hombres desempleados que ni siquiera buscan trabajo: más de siete millones entre los 25 y los 55 años de edad, la flor y nata tradicional de la vida laboral”. El economista Lawrence Summers especula que un tercio de los hombres en edad de trabajar estarán fuera de la fuerza laboral para el año 2050. El costo social y psicológico de tal dislocación es incalculable. Los niños y los hombres jóvenes necesitan desesperadamente defensores. Por lo tanto, elogio el informe por sugerir que los psicólogos de la nación asuman su causa.

Hay muchas cosas que son buenas e importantes en las directrices de la APA. Los autores destacan la importancia de los padres y presentan decenas de estadísticas que contradicen la idea del “privilegio masculino”. Entonces, ¿por qué enterraron su mensaje en pasajes que distraen sobre “ideales masculinos eurocéntricos de emotividad restrictiva”? Esta es mi mejor conjetura: en nuestro actual ambiente de aversión a la masculinidad, la única manera de ayudar a los hombres y a los niños es rendir homenaje a los dogmas de género; luego, en voz baja, inserta algunos consejos sólidos y críticos y espera a que nadie se dé cuenta. Incluso los propios autores.

Written by

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

Get the Medium app

A button that says 'Download on the App Store', and if clicked it will lead you to the iOS App store
A button that says 'Get it on, Google Play', and if clicked it will lead you to the Google Play store