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¿Por qué es tan raro el compromiso constructivo?

Esforzarse por resolver diferencias de manera productiva puede ser percibido como una traición al propio grupo.

Randolph M. Nesse

El compromiso constructivo es raro, no solo en las temporadas de elecciones políticas, no solo en nuestra sociedad, sino siempre y en todas partes, por buenas razones evolutivas. Comprender esas razones nos da la oportunidad de luchar para evitar peleas inútiles y comenzar un compromiso constructivo.

Por compromiso constructivo me refiero a personas que se esfuerzan tanto como pueden por expresar sus propias ideas claramente, por comprender las creencias de otras personas y sus razones para esas creencias, por comprender las diferencias exactas entre las creencias, y por especificar y buscar información que resuelva cualquier diferencia. Mucho más frecuentes son dos patrones de compromiso no constructivo, que pueden ser caricaturizados como la sociedad de la admiración mutua y la guerra de clanes.

En la sociedad de la admiración mutua, los miembros se adulan y felicitan unos a otros, cediendo en sus propias ideas para demostrar que no hay ningún desacuerdo real, o al menos serio, y que las ideas de los demás, y las del propio grupo, son maravillosas y superiores a las de los demás. Se enfatizan las buenas ideas y las áreas de acuerdo, mientras que los errores, las contradicciones y los desacuerdos se ignoran, se excusan o se suprimen de manera activa. Esta es la norma en la mayoría de los entornos públicos, incluida la academia.

En la guerra de clanes, los participantes perciben y describen las creencias de los demás de la manera más negativa posible, y atacan donde es más vulnerable, incluyendo a las personas, sus habilidades, motivos y posición moral. Las buenas ideas y las áreas de acuerdo son ignoradas o suprimidas de manera activa, mientras que los errores, las contradicciones y los desacuerdos son enfatizados. Los participantes en las guerras de clanes suelen buscar aliados que se unan a ellos para apoyar una ideología compartida que acepte y glorifique acríticamente las creencias del grupo, y que rechace y ridiculice las creencias y a los miembros del grupo externo.

Estos modos de compromiso están íntimamente relacionados. Es peligroso intentar decirle a un amigo o colega que crees que él o ella está en un error sobre algo porque la expectativa de apoyo mutuo grupal es tan fuerte que cualquier desviación, incluso el intento más cuidadoso y respetuoso de explorar áreas de desacuerdo, se experimenta como una deserción, como un ataque social que indica oposición. La mayoría de las personas quieren amigos y no quieren enemigos, así que dicen lo que otros quieren oír. Las ideas confusas y la vaguedad triunfan.

Es por eso que la política es tan difícil a pesar de ser ubicua, y quizás por eso su dificultad puede haber llevado a la rápida evolución del cerebro humano. El político debe convencer a la vez a la gente de que él o ella promoverá los intereses del propio grupo, generalmente oponiéndose a un grupo externo, al tiempo que se asegura de que el grupo externo sea lo suficientemente pequeño e impotente como para no ser una amenaza. Las coaliciones se construyen sobre intereses comunes, pero si los intereses son demasiado amplios, la gente no se identificará con el grupo, mientras que si son demasiado estrechos, el grupo será pequeño. La solución es decir poco en sustancia, pareciendo siempre apoyar las agendas de aquellos que están escuchando, mientras atacan a personas externas mal definidas. Hablar claramente sobre creencias y planes específicos es suicida para un político. Hablar claramente con nuestros amigos y colegas sobre las áreas de desacuerdo es peligroso para cualquiera de nosotros.

¿Qué tiene todo esto de evolucionado? Nuestros antepasados han vivido en entornos sociales complejos durante más de un millón de años. Las personas que tienen tendencia a tener un comportamiento de admiración mutua con los miembros del propio grupo, que se conforman, creen, defienden y trabajan por la ideología del grupo en contra de los intereses de otros grupos, casi con seguridad han tenido una ventaja selectiva sobre las personas que tienden a ser más objetivas. La subjetividad y las emociones que la alimentan no son defectos, sino adaptaciones.

En el mundo académico, valoramos mucho el compromiso constructivo, pero no lo aplicamos con frecuencia. Con mucha más frecuencia, nos dedicamos educadamente a la admiración mutua, dejando que los desacuerdos cruciales persistan por el bien de las alianzas sociales. Con menos frecuencia, pero de manera aún menos constructiva, participamos en guerras de clanes, en las que las partes opuestas definen los límites de los grupos y luego distorsionan y derogan a los miembros del grupo externo, así como sus ideas y creencias. Los ejemplos de tales guerras son interminables: posmodernos frente a científicos, conductistas frente a freudianos, marxistas frente a partidarios del libre mercado, científicos sociales frente a científicos biológicos, evolucionistas frente a creacionistas, genetistas frente a biólogos de organismos completos, adaptacionistas frente a gouldianos, conservadores frente a liberales, provida frente a defensores del derecho al aborto, teóricos frente a experimentalistas, y todos los proponentes de varias teorías de la crítica literaria entre sí. Estos ejemplos no son anomalías, es lo que hacen los seres humanos y cómo se organizan las sociedades humanas. Peor aún, la gente tiene una tendencia intrínseca a atender a una persona que se dedica apasionadamente a una posición simple, vívida e inusual. Así que los líderes tienden a polarizarse. Los medios de comunicación llaman la atención de manera instantánea sobre las posiciones más extremas, amplificando el fenómeno.

El compromiso constructivo siempre implica riesgo y a menudo requiere sacrificio. Incluso defenderlo puede ser visto como una indicación de que no se puede contar con uno para una lealtad inquebrantable hacia el grupo. El compromiso constructivo es raro por buenas razones, sin embargo es maravilloso.

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Dr. M. Randolph Nesse

El Dr. Randolph M. Nesse es un médico y biólogo evolutivo estadounidense. Es reconocido por sus investigaciones sobre la psicología evolucionista y de la medicina evolutiva, así como los orígenes evolutivos de las emociones y cómo la selección natural da forma a la capacidad para el humor.

Nesse es profesor de psicología en la Universidad de Míchigan en Ann Arbor y profesor de psiquiatría en la Escuela de Medicina de la Universidad de Míchigan. También es el Director del Programa de Evolución y Adaptación Humana en la Universidad de Míchigan.

Nesse es también coautor del libro ¿Por qué nos enfermamos?

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Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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