Pautas alternativas y científicamente fundamentadas para la práctica psicológica con los niños y los hombres

Escrito por Gregory Gorelik y publicado en Quillette el 19 de febrero de 2018

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Las “Guidelines for Psychological Practice with Boys and Men” (Pautas para la práctica psicológica con niños y hombres) de la Asociación Americana de Psicología han recibido muchas críticas de periodistas y psicólogos profesionales. Gran parte de la oposición se ha centrado en el ataque de la pauta contra la “masculinidad tradicional” y en el privilegio del activismo sobre el tratamiento basado en la evidencia. Una de las pocas características redentoras de las pautas es su reconocimiento de que los hombres se enfrentan a desafíos físicos, psicológicos, educativos y sociales únicos y son menos propensos a buscar tratamiento psicológico para enfrentarse a esos desafíos. Pero las pautas fallan en su objetivo específico de preparar terapeutas para ayudar a los hombres bajo su cuidado.

A lo largo de la totalidad de las pautas de la APA, la discusión sobre las influencias evolutivas en el desarrollo psicológico de los hombres se descuida o se evita involuntariamente (“testosterona” no aparece en ninguna parte del documento y, de más de 400 citas, solo cuatro mencionan las hormonas o cualquier cosa relacionada con el cerebro o el sistema nervioso). Cualquiera que sea la razón, el hecho de que se haga una distinción clara entre “sexo” como biología y “género” como experiencia “psicológica, social y cultural” sugiere que los autores de las pautas suscriben la falacia del dualismo mente-cuerpo. Esta conclusión se ve respaldada por los siguientes consejos para los profesionales, contenidos en la primera pauta: “esforzarse por reconocer que las masculinidades se construyen en base a normas sociales, culturales y contextuales”.

Negar que la biología, desde los genes hasta las hormonas y los neurotransmisores, desempeña un papel en la formación de la autoexpresión masculina del hombre es, como mínimo, una posición científicamente insostenible. En el presente artículo, ofrezco siete pautas alternativas, basadas en la evolución, para terapeutas que tratan a niños y hombres, que espero sean menos ideológicas que las de la APA y que se toman en serio el vínculo inextricable entre la mente y el cuerpo y el hecho de que los hombres y las mujeres muestran diferencias psicológicas por razones evolutivas. (Nótese que las siguientes pautas establecen un enfoque general de alto nivel para terapeutas con pacientes masculinos. Las intervenciones psicoterapias específicas, como la terapia cognitivo-conductual, pueden ser incorporadas como subcomponentes del tratamiento, pero no se examinan aquí).

Las pautas

Pauta 1: Los terapeutas deben ayudar a los pacientes a desarrollar una pasión en la que puedan sobresalir.

Los hombres tienen una motivación única para transmitir su fuerza, habilidades, [1] y talentos [2]. Esto se debe a que las presiones evolutivas de la selección sexual favorecieron a los hombres que podrían superar a sus rivales y atraer a miembros del sexo opuesto. Ancestralmente, el principal activo reproductivo de las mujeres era su fertilidad, la cual, en su mayor parte, se evaluaba a través de señales físicas como la salud y el atractivo. [3] Los hombres ancestrales, a diferencia de las mujeres ancestrales, a menudo no se reproducían porque carecían de talento y habilidad. Los hombres no necesariamente tienen más talentos que las mujeres, pero su pasión por refinar y desarrollar sus talentos en habilidades observables es quizás una herencia de la pasión de sus antepasados. Y esta pasión se refleja en la propensión de los hombres a trabajar más horas y a dedicarse de manera obsesiva a perfeccionarse en su profesión.

Los terapeutas deben reconocer la importancia de esa pasión y animar a sus pacientes varones a prestar atención a sus llamadas a la motivación. No hacerlo puede derivar en que los pacientes desarrollen cierto tedio o una baja o inestable autoestima. Las pasiones pueden variar ampliamente y no necesitan ajustarse a los roles estereotipados de género (por ejemplo, la lucha libre, el ballet, la ingeniería y las artes creativas son todas pasiones candidatas igualmente viables). Sin embargo, lo más importante es que se debe animar a los pacientes a que se dediquen a mejorar sus habilidades para desarrollar un sentido del orgullo por su trabajo y sus logros.

Pauta 2: Los terapeutas deben animar a los pacientes a integrarse en una o más coaliciones de hombres.

Dada la primacía de las coaliciones masculinas y la socialización de los hombres dentro de ellas en nuestro pasado ancestral, su importancia para la salud mental de los hombres debe ser tomada en serio. A medida que la infancia se iba acabando y los niños y las niñas crecían poco a poco en sus roles de hombres y mujeres, tuvieron que buscar un lugar para sí mismos en coaliciones con otros miembros de su sexo. Es en estas coaliciones que los individuos maduros aprendieron a realizar las tareas y responsabilidades apropiadas a sus roles típicos de su sexo dentro de las sociedades ancestrales. El papel principal de las mujeres era atender el hogar y reunir recursos materiales comestibles y no comestibles en las cercanías. El papel principal de los hombres era aventurarse lejos en la sabana, la selva o la tundra para la caza mayor o menor. [4] Mientras que los roles de las mujeres pueden lograrse en solitario o en un pequeño grupo con dos o tres familiares o amigas, los roles de los hombres requieren la coordinación de un colectivo mucho más amplio. [5] Un animal grande, como un mamut lanudo, no puede ser matado por un cazador solitario, no importa lo buen lanzador de lanzas que uno haya sido. El éxito en una coalición masculina ancestral requería que los niños y los hombres desarrollasen una habilidad o un conjunto de habilidades (por ejemplo, lanzamiento de lanza, rastreo de animales) y la capacidad de coordinar sus habilidades en una división del trabajo dentro de la coalición. Con la influencia añadida de la guerra intertribal, queda claro que los hombres evolucionaron en el contexto de otros hombres, y aprender a cooperar y competir exitosamente con otros hombres fue necesario para la supervivencia y, en la maduración sexual, la reproducción.

Esto no es para excluir la conveniencia o utilidad de las amistades entre los sexos. De hecho, los hombres y las mujeres pueden obtener información valiosa sobre los miembros del sexo opuesto de sus amigos del sexo opuesto, información que puede ser útil en contextos de apareamiento (por ejemplo, quién está enamorado de quién, qué puedo hacer para ganar su corazón, etc.). Pero los hombres pueden sentirse incompletos o excluidos si no pertenecen a una coalición masculina relativamente grande, y los terapeutas deberían tomar nota de esto al tratar a los hombres que sufren de ansiedad o depresión. Al igual que con la Pauta 1, las coaliciones masculinas no tienen por qué ajustarse a las normas de género tradicionales; un hombre puede encontrar tanto significado y bienestar dentro de una coalición de amigos del baloncesto como dentro de una coalición de hombres que están interesados ​​en comedias románticas.

Pauta 3: Los terapeutas deben animar a los hombres a encontrar medios constructivos de ascenso jerárquico dentro o fuera de las coaliciones masculinas.

La lucha por el estatus social y el ascenso jerárquico son motivaciones necesarias que subyacen al establecimiento de metas y logros para los hombres. Esto se debe a que el éxito reproductivo de los hombres ancestrales requería superar los obstáculos establecidos por otros hombres. Y la evidencia de esto está en nuestro ADN. El cromosoma Y, que se transmite solo de padre a hijo, es mucho menos variado genéticamente que el ADN mitocondrial, que solo las madres pueden transmitir (aunque un descubrimiento reciente presenta una rara excepción a esta regla). Esto significa es que la mayoría de los hombres en nuestro pasado ancestral no se reprodujeron y solo los pocos ambiciosos que lo hicieron se convirtieron en nuestros antepasados. Además, los hombres exhiben distintas características hormonales y de comportamiento en respuesta a señales sociales competitivas, es decir, señales que llevan las marcas de la adaptación biológica. Si usted es un hombre moderno, es muy probable que haya heredado la voluntad de sus antepasados de ascender en la jerarquía del estatus social. Si usted o los que le rodean dificultan el ascenso, puede esperar sentir estrés y decepción. Si usted es un hombre moderno que se enfrenta a reveses sociales o profesionales, sentirse estresado y decepcionado no significa que haya algo malo en usted; por el contrario, significa que su cerebro y su cuerpo están funcionando exactamente tal y como fueron diseñados por la evolución. [6]

Esto tiene un significado doble para los terapeutas: (1) Los terapeutas no deben ser reacios a animar a sus pacientes varones socialmente derrotados a mostrar algo de valor y volver al ring. Por supuesto, los terapeutas deben tomar precauciones para que sus pacientes no se hagan daño innecesariamente a sí mismos o a otros (las batallas ancestrales e incluso algunas modernas sobre el estatus social en una jerarquía masculina fueron y con frecuencia son violentas). Pero ayudar a los pacientes a descubrir qué batallas vale la pena pelear y qué riesgos vale la pena tomar es la marca de un terapeuta eficaz. (2) Debido a que todas las personas, ya sean hombres o mujeres, tienen habilidades y talentos únicos, los terapeutas deben ayudar a sus pacientes a encontrar el ámbito competitivo adecuado para ellos, ya sea deportes, finanzas, música o videojuegos.

Pauta 4: Debido a que la sensación de bienestar de los hombres está ligada de manera inextricable a su sensación de satisfacción sexual, los terapeutas deben prestar especial atención a la vida sexual de sus pacientes.

Obviamente, la satisfacción sexual y romántica es importante para hombres y mujeres por igual. Pero los hombres pueden ser reacios a discutir sus deseos sexuales con un terapeuta, particularmente porque sus deseos a menudo tienen poco que ver con el apego emocional o el compromiso. La razón de esto es que una de las características biológicas más comunes de un hombre, y no solo de un hombre, es la reducción de la inversión en el cuidado infantil en comparación con la mujer. Si se les da la oportunidad, los hombres podrían tener exponencialmente más descendencia que las mujeres. A partir de esta desigualdad en el potencial reproductivo, los hombres desarrollaron un impulso sexual más apremiante y un apetito sexual menos exigente.

Incluso después del advenimiento de la revolución sexual, a menudo se asume que una sexualidad saludable implica romance e intimidad emocional. Aunque la mayoría de los hombres son capaces de tener romance e intimidad emocional, también son mucho más hábiles que las mujeres para separar su ser emocional del acto sexual. [7] Y tal separación no debería ser vista automáticamente por la sociedad, y especialmente no por los terapeutas, como patológica. Mientras los hombres no sean coercitivos y sean honestos consigo mismos y con sus parejas acerca de sus intenciones, no hay nada de malo en que el sexo sea un fin en sí mismo.

Los hombres difieren entre sí. Algunos están más orientados a la monogamia, otros más orientados a la promiscuidad. Los terapeutas deben evitar juzgar las estrategias reproductivas de sus pacientes. En cambio, los terapeutas deben ayudar a sus pacientes a determinar qué estrategia es la adecuada para ellos y ayudarlos a aplicarla de manera constructiva. Los terapeutas también deben estar preparados para animar a sus pacientes a modificar su estrategia con el tiempo, tales como establecer expectativas apropiadas con respecto al valor reproductivo de una posible pareja, y la transición de una motivación de apareamiento a una motivación de crianza, y así sucesivamente.

Pauta 5: Los terapeutas deben ayudar a los hombres a comunicar sus deseos, aspiraciones y preocupaciones dentro del contexto de una relación sexual o romántica.

Debido a que generalmente están más motivados sexualmente, es más probable que los hombres acepten ofertas de sexo ocasional, que tengan más probabilidades de desear tener relaciones sexuales cuanto antes en una relación, [8] y son la mayoría abrumadora de los consumidores de pornografía [9] y de trabajo sexual. Esta diferencia en el deseo sexual también se refleja en diferentes expectativas de relación. Se debe animar a los hombres a que no juzguen sus propios deseos (siempre que sean consensuales) y se les brinde ayuda para comunicar sus deseos a sus parejas de manera honesta y respetuosa. La terapia de pareja puede ser especialmente útil en este esfuerzo.

Pauta 6: Los terapeutas pueden ayudar a los padres a desarrollar relaciones sanas y felices con sus hijos basándose en la inversión y el apoyo.

A pesar del hecho de que los hombres no invierten en el cuidado de los niños en la misma medida que las mujeres, los humanos son una de las pocas especies de mamíferos donde la paternidad es importante. Además de seleccionar hombres fuertes, ingeniosos y dominantes para casarse, las mujeres ancestrales valoraban a los hombres que tenían la capacidad y la voluntad de invertir en sus descendientes. [10, 11] Y debido a que los hombres ancestrales que fueron buenos padres siguieron teniendo más descendientes supervivientes y reproductivamente exitosos, sus descendientes masculinos modernos tienen lo que se necesita para ser buenos padres, a su vez. Si bien la provisión de recursos (y, hoy, la provisión de recursos económicos) es una contribución importante de los padres, no tiene que ser la única. Los padres también pueden ser protectores, maestros y fuentes de apoyo social.

Ayudar a los hombres a verse a sí mismos como invaluables para las vidas de sus hijos, ya sea financiera, pedagógica o socialmente o como modelos a seguir, puede darles a los hombres un sentido de propósito y cumplimiento. Los terapeutas también pueden ayudar a los miembros de la familia a apreciar sus roles y contribuciones únicas dentro de la unidad familiar, lo que puede llevar a una división saludable y recíproca del trabajo doméstico. Por supuesto, no hay dos familias iguales, y los terapeutas deben ser sensibles para no imponer sus propias creencias personales o ideológicas sobre los roles de género de sus pacientes y sus familias. Además, no todos los hombres quieren ser padres, y los terapeutas no deben patologizar a sus pacientes varones que comparten esto con ellos.

Pauta 7: Los terapeutas deben ayudar a los hombres a comprometerse socialmente, ya sea de manera política, filantrópica o cultural.

Los hombres obtienen un sentido de propósito de la competencia intergrupal, ya sea en el ámbito de los deportes o la política. Esto se debe a que los hombres son, en promedio, más grupales que las mujeres cuando su grupo está bajo amenaza. Nuestros antepasados ​​masculinos evolucionaron en un entorno marcado por la guerra intertribal. Como resultado, los hombres poseen múltiples adaptaciones psicológicas que los hacen estar a la defensiva de su propio grupo y ofensivos hacia los grupos enemigos. Los hombres, especialmente los hombres físicamente fuertes, son generalmente más militaristas que las mujeres, y aunque estos instintos pueden desviarse hacia el etnocentrismo y la xenofobia, también pueden dirigirse hacia fines más prosociales. Comenzar guerras es una forma en que los hombres pueden perseguir sus intereses grupales. Ser voluntario en la comunidad (por ejemplo, construir viviendas para los pobres) o contribuir a una causa que vale la pena (por ejemplo, librar una “guerra” contra el cáncer o conducir en estado de ebriedad) son vías alternativas.

La identificación con un colectivo o causa global generalmente se ve obstruida si el sentido de pertenencia de los hombres no puede expresarse en el contexto de otros con ideas afines, ya sean hombres o mujeres. En nuestro mundo de creciente conexión digital, existe un creciente aislamiento social. En los Estados Unidos, las muertes por sobredosis de drogas entre hombres se encuentran en niveles récord y, a pesar de una disminución en el suicidio en todo el mundo, los hombres estadounidenses se están quitando la vida en números mucho más altos ahora que hace dos décadas. [12] Los profesionales de la salud mental son vitales para ayudar a abordar esta crisis, pero no pueden hacerlo si no comprenden la mente masculina. Pueden comenzar por darse cuenta de que un sentido de significado, uno que se puede lograr mejor dentro de un grupo propio, puede ofrecer la salvación a millones de hombres que actualmente se encuentran en la desesperación. Si bien las comunidades virtuales ciertamente pueden jugar un papel, los terapeutas deben alentar a sus pacientes masculinos a establecer conexiones con otros en el mundo real y no deben juzgar a sus pacientes con respecto al contenido político, social o cultural que motiva esas conexiones.

Conclusión

El trabajo de abordar la salud psicológica de los hombres no puede esquivar las raíces antiguas de la masculinidad. De manera más general, no podemos permitir que los compromisos políticos transitorios oculten nuestra comprensión de la naturaleza humana y la mejor manera de abordar sus dolencias. Los autores de las pautas de APA no entendieron la naturaleza evolucionada de los hombres y, además, trataron de patologizarla. Espero que las pautas presentadas aquí ofrezcan una alternativa más prometedora.

Gregory Gorelik tiene un doctorado en psicología evolucionista. Síguelo en Twitter @GregoryGorelik.

[1] Lee, A.J., Jones, BC, y DeBruine, LM (2019). Investigating the association between mating-relevant self-concepts and mate preferences through a data-driven analysis of online personal descriptions. Evolution and Human Behavior.

[2] Madison, G., Holmquist, J., y Vestin, M. (2018). Musical improvisation skill in a prospective partner is associated with mate value and preferences, consistent with sexual selection and parental investment theory: implications for the origin of music. Evolution and Human Behavior, 39 (1), 120–129.

[3] Buss, D.M., y Schmitt, D.P. (2019). Mate preferences and their behavioral manifestations. Annual review of psychology , 70 , 77–110.

[4] Dennis, C., Brakus, JJ, Ferrer, GG, McIntyre, C., Alamanos, E. y King, T. (2018). A cross-national study of evolutionary origins of gender shopping styles: she gatherer, he hunter? Journal of International Marketing, 26(4), 38–53.

[5] Geary, D. C., Byrd-Craven, J., Hoard, M. K., Vigil, J., & Numtee, C. (2003). Evolution and development of boys’ social behavior. Developmental Review, 23(4), 444–470.

[6] Una nota sobre la salud mental y la evolución: un enfoque darwiniano de la medicina establece la salud mental y los trastornos de la salud mental sobre la base del funcionamiento típico de las especies. En otras palabras, un trastorno mental ocurre cuando un mecanismo psicológico evolucionado responsable de la regulación de uno u otro comportamiento adaptativo (por ejemplo, dormir, socializar, aparearse, ser padres, etc.) no funciona de una manera que hubiera puesto en peligro la supervivencia o reproducción de un individuo ancestral. Al mismo tiempo, un sentimiento o estado de ánimo aparentemente incómodo o incluso doloroso (por ejemplo, un síntoma depresivo) podría experimentarse porque es una respuesta adaptativa a un retroceso típico de la especie, no porque sea un signo de trastorno mental. Sin embargo, hay advertencias. De lo contrario, los mecanismos de adaptación que habrían funcionado en un entorno ancestral podrían no estar diseñados de manera óptima para un entorno moderno y posindustrial. Además, los individuos pueden valorar su bienestar subjetivo más que su bienestar reproductivo. Pero incluso en tales casos, estar informado evolutivamente puede equipar a los pacientes y terapeutas con las herramientas para superar una u otra carga ancestral. Para una revisión, véase el enlace y Nesse, R. M. (2005). Twelve crucial points about emotions, evolution and mental disorders. Psychology Review, 11(4), 12–14.

[7] Townsend, J. M., & Wasserman, T. H. (2011). Sexual hookups among college students: Sex differences in emotional reactions. Archives of Sexual Behavior, 40(6), 1173–1181

[8] Buss, D. M., & Schmitt, D. P. (1993). Sexual strategies theory: an evolutionary perspective on human mating. Psychological review, 100(2), 204.

[9] Emmers-Sommer, T., Hertlein, K., & Kennedy, A. (2013). Pornography use and attitudes: An examination of relational and sexual openness variables between and within gender. Marriage & Family Review, 49(4), 349–365.

[10] Winking, J., & Koster, J. (2015). The Fitness Effects of Men’s Family Investments. Human Nature, 26(3), 292–312.

[11] Mattison, S. M., Scelza, B., & Blumenfield, T. (2014). Paternal investment and the positive effects of fathers among the matrilineal Mosuo of Southwest China. American anthropologist, 116(3), 591–610.

[12] Hedegaard, H., Curtin, S. C., & Warner, M. (2018). Suicide Mortality in the United States, 1999–2017. NCHS data brief, (330).

Written by

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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