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No, los izquierdistas liberales no son de derechas

Helen Pluckrose

Los liberales de izquierda que nos oponemos al desarrollo de las políticas de identidad de izquierdas vemos que cada vez más se nos acusa de ser de derechas: los izquierdistas identitarios se refieren a nosotros como «gente de derechas» y nos instan con desprecio a que admitamos que somos de derechas.

No. Porque eso no es verdad.

Por supuesto, hay algunos individuos que insisten en ser de izquierdas mientras apoyan políticas económicas y sociales relacionadas fundamentalmente con el conservadurismo y esos individuos están confusos o son deshonestos, pero mucho más a menudo, es típico que esta afirmación se haga contra los liberales de izquierdas que apoyan los impuestos progresivos, una sólida red de seguridad social, la atención médica universal, la igualdad de género, racial y LGBT y la libertad reproductiva.

Para entender esto, probablemente sea necesario echar un rápido vistazo a las divisiones de la izquierda actual. Si bien todas las izquierdas apoyan políticas económicas que buscan redistribuir la riqueza, reducir las desigualdades y dar apoyo social a los más desfavorecidos de la sociedad, la mayor y más amplia división se da entre los socialistas que defienden la propiedad social de los medios de producción — dejando así su control en manos de los trabajadores — y los socialdemócratas que buscan redistribuir la riqueza dentro de un sistema capitalista regulado dentro de una democracia liberal. Éstos han sido entendidos vagamente como la «izquierda radical» y la «izquierda liberal», y esto también está vagamente relacionado con principios diferentes en torno a cuestiones sociales como el feminismo (feminismo radical frente a feminismo liberal).

Ha habido mucha animosidad entre estos grupos con los radicales acusando a los liberales de estar a un paso de ser unos vendidos y con los liberales acusando a los radicales de ser delirantes utópicos. Sin embargo, estos han sido desacuerdos directos sobre temas comprensibles y también ha sido posible tener conversaciones y compromisos cívicos y razonables porque ambos grupos creen que la verdad objetiva existe, que la evidencia y la razón son las formas de acceder a ella y que el lenguaje es una herramienta para transmitirla.

Más recientemente, hemos visto un ascenso de la izquierda identitaria que tiene ideas muy diferentes sobre la verdad objetiva, la evidencia, la razón y el lenguaje y que ven a la sociedad como estructurada por el discurso (formas de hablar de las cosas) que perpetúa los sistemas de poder y privilegio. Como a menudo encajan en la definición de «radical», pero tienen poco en común con el antiguo izquierdismo radical y rara vez abordan los temas económicos o de clase de forma consistente (prefiriendo centrarse en grupos de identidad como la raza, el género y la sexualidad), las cosas se han vuelto mucho más confusas, y la comunicación y el compromiso mucho más difíciles. Estos son los individuos que insisten con frecuencia en que la izquierda liberal es en realidad de derechas. Como la izquierda liberal constituye la mayoría de la izquierda y es su parte más moderada y razonable y, por lo tanto, el que tiene más probabilidades de ganar el apoyo político moderado, es una acusación que no podemos permitir que se sostenga. Somos la izquierda y no podemos dejar que los identitarios nos definan por más tiempo.

Liberalismo es un concepto amplio que contiene ciertos valores de libertad (tanto de los mercados como de los individuos), el humanitarismo en el sentido de asistencia a quienes no pueden mantenerse a sí mismos y la igualdad de oportunidades en relación con la eliminación de cualquier barrera que impida a ciertos grupos de la sociedad acceder a todas las oportunidades que ofrece. Los liberales creen en el progreso social y que este puede lograrse refinando todo lo anterior.

Algunos liberales, particularmente los liberales clásicos, pueden compartir algunos valores con los conservadores (y así también definirse a sí mismos como conservadores), pero su liberalismo tiende a enfatizar la libertad de los mercados y de los individuos. Como tales, a menudo buscan minimizar la provisión estatal de cosas tales como la asistencia financiera para los desempleados, los ancianos y los discapacitados y las familias monoparentales o pobres, así como oponerse a la asistencia médica nacionalizada y a las iniciativas destinadas a aumentar la representación de los grupos infrarrepresentados dentro de las áreas de trabajo rentables. Esto se debe a que creen que esto limita la libertad, la autonomía y la responsabilidad individual y que, en última instancia, es improductivo para el progreso social. También pueden oponerse a los intentos de fortalecer el control de armas (en los Estados Unidos) y apoyar la educación en el hogar por estas razones. Es probable que apoyen un gobierno más pequeño, una menor regulación gubernamental sobre las empresas y, en consecuencia, unos impuestos más bajos.

Los liberales de izquierda solemos estar en desacuerdo con ellos porque estamos motivados por los valores de la izquierda. Al ser más liberales que socialistas, apoyamos en gran medida la libertad de los mercados, pero también nos centramos mucho en apoyar a los más vulnerables de la sociedad. Por esta razón, también queremos que haya alguna regulación para evitar la explotación de las personas más pobres con menos opciones. Poner el foco en apoyar a los más vulnerables de la sociedad es primario e históricamente ha beneficiado a la clase obrera, pero también — cuando ha estado justificado — a las mujeres y a las minorías raciales y sexuales.

En la izquierda liberal apoyamos la libertad del individuo, pero podemos creer que esto requiere un apoyo adicional en el caso de aquellos que se ven obstaculizados por cuestiones sociales o culturales. Por lo general, esto se queda corto para los defensores de la acción afirmativa o la discriminación positiva en caso de contratación, que es ampliamente considerada como iliberal, pero que puede incluir iniciativas adicionales para mejorar la alfabetización de los niños, el compromiso de las niñas con CTIM, la provisión de cursos de inglés para inmigrantes y modelos de conducta positivos y planes para aumentar el interés y la educación en las zonas desfavorecidas y de un solo grupo étnico. También incluye el seguimiento de las prácticas de contratación de pruebas (sólidas) de discriminación racial o de género y de escuelas religiosas (en el Reino Unido) de educación inadecuada, lo que limita las perspectivas de los niños de religiones minoritarias.

Los liberales de izquierdas apoyamos impuestos más altos para las personas con mayores ingresos con el fin de proporcionar asistencia sanitaria y bienestar universal a los desempleados, las personas mayores y discapacitadas y las familias monoparentales o pobres. Le indicamos a la izquierda socialista que condena nuestra aceptación de una economía mixta impulsada por un robusto motor capitalista, que permitir que la gente se haga muy rica nos permite financiar esas cosas con mucho más éxito. Le indicamos a la derecha que nos acusa de fomentar la dependencia que no somos tolerantes con los abusos de tales sistemas, sino que preferimos refinar las formas de hacer más difícil el parasitismo y detectar a los delincuentes que hacerle las cosas más difíciles a aquellos que necesitan ayuda para obtenerla antes que nada. Si se ven obligados a tomar esa decisión, los liberales de izquierda preferirían que algunas personas engañasen al sistema antes de que nadie cayese por sus grietas. No somos muy comprensivos con los argumentos a favor de una mala regulación de las armas de fuego o de los «derechos de los padres» a negar a sus hijos una educación adecuada o atención médica debido al coste que esto supone para la vida y el bienestar humanos. En resumen, operamos sobre el fundamento moral de cuidado/daño de los liberales y sobre el fundamento económico/social de la izquierda. Somos de izquierdas. Somos izquierdistas liberales. Y al ser liberales, estaremos encantados de discutir estos puntos con usted y considerar otras perspectivas.

El tipo de izquierdista que sigue insistiendo en que somos de derechas (aparte de algunos de la izquierda radical que siempre han dicho que podemos serlo si no vamos a ser socialistas) son los relativamente nuevos izquierdistas identitarios. No son liberales. Son producto de un cambio intelectual que se produjo en los años sesenta, cuando los intelectuales de izquierda se desilusionaron del marxismo y desarrollaron el concepto de posmodernismo. Este modo de pensar veía a la sociedad como un sistema de estructuras jerárquicas de poder y argumentaba que el conocimiento era en realidad una construcción de poder perpetuada por el habla (discurso) que servía a los intereses de los grupos dominantes de la sociedad. Para los años noventa, esto se había incorporado en varios campos de la academia como el feminismo, el poscolonialismo, la teoría queer y la teoría crítica de la raza. También se ha hecho más explícita y activamente política. Conceptos como «interseccionalidad», «masculinidad tóxica» y «fragilidad blanca» se convirtieron en parte del activismo por la justicia social.

En consecuencia, estos académicos y activistas de izquierda consideraban que las políticas de identidad eran políticamente empoderadoras y criticaban el izquierdismo liberal que intentaba hacer que las categorías de identidad fuesen socialmente irrelevantes. Tendían a ver el liberalismo como parte de un sistema modernista anticuado e inadecuado que fue creado por hombres heterosexuales, blancos, ricos y occidentales y que, por lo tanto, puede entenderse que apoya los intereses de los hombres heterosexuales, blancos, ricos y occidentales. Todavía lo hacen.

Creen esto a pesar de que el Movimiento de Derechos Civiles, el feminismo liberal de la segunda ola y el Orgullo Gay formaron parte de ese liberalismo y el apoyo público a los mismos fue tal que en las décadas de 1960 y 1970 se produjeron grandes avances en la legislación contra la discriminación, la despenalización de la homosexualidad masculina y el advenimiento de un control de la natalidad efectivo y legal y de la libertad reproductiva. A pesar de esa igualdad jurídica y de los grandes progresos sociales en la reducción de los prejuicios, el dramático aumento de las mujeres y de las minorías raciales y sexuales en profesiones y posiciones de poder y la promesa de seguir progresando, ven en todas partes racismo, sexismo, capacitismo, homofobia y transfobia debido a que se centran intensamente en el lenguaje, que interpretan a través de un lente ideológicamente problematizadora. Piense en el enfoque sobre las «microagresiones», el «mansplaining» y la «violencia verbal».

Estos izquierdistas comparten algunos principios básicos del izquierdismo en el sentido de que quieren apoyar a los más vulnerables de la sociedad, pero tienden a descuidar a los más pobres si carecen de otras características de identidad relacionadas con la desventaja: ser mujer, pertenecer a una minoría étnica o ser LGBT. Hay poco apoyo para los hombres blancos de la clase obrera y con frecuencia niegan que los hombres heterosexuales blancos puedan enfrentarse a cualquier tipo de desventaja o se niegan a hablar de cualquier tema que asuma eso. Es casi seguro que esto ha ayudado a la actual marea reaccionaria de derechas.

Los izquierdistas identitarios también comparten el fundamento de cuidado/daño del liberalismo dirigido a acabar con la desigualdad y a priorizar a los grupos considerados marginados, pero esto se acompaña de rabia hacia los grupos que ven como privilegiados. El resultado es una práctica altamente iliberal de evaluar la valía de los individuos por su género, raza o sexualidad. Debido a la creencia de que el poder en la sociedad se construye por medio del lenguaje, también son propensos a la censura autoritaria sobre qué lenguaje puede y no puede ser usado y qué ideas pueden o no ser discutidas.

Esta tendencia al control contrasta profundamente con el apoyo tradicionalmente liberal al «mercado de ideas». El concepto de mercado también valoraba mucho el poder del lenguaje en el sentido de que las ideas podían ser presentadas por todos, discutidas por todos y, de esta manera, se revelaban las mejores, lo que ha tenido un éxito notable. Esto no puede funcionar en una cosmovisión posmoderna porque esta última asume una epistemología en cuyos puntos de vista sostiene que los diferentes grupos tienen diferentes conocimientos y que todos son igualmente válidos, pero que a las ideas de los grupos dominantes se les da falsamente más credibilidad que a las de los grupos marginados, haciendo necesario que los grupos dominantes se queden callados y escuchen (véase epistemología feminista).

Ahora nos encontramos en una situación en la que las tres partes de la izquierda — radical, liberal e identitaria — están bloqueadas en un estancamiento improductivo. Los radicales se oponen a los identitarios a los que ven como elitistas burgueses arraigados en la academia que han abandonado completamente a la clase obrera y el significado del izquierdismo. Siguen en desacuerdo con los liberales por su falta de apoyo al socialismo. Los liberales se oponen a los identitarios a quienes consideran profundamente iliberales y amenazan con estropear décadas de progreso hacia la libertad individual y la igualdad de oportunidades sin importar la raza, el género o la sexualidad. Ven a los radicales de poca ayuda para apoyar el liberalismo. Los identitarios ignoran en gran medida a los radicales, excepto por la manera en la que el feminismo radical rechaza la identidad trans (que condenan como odio transmisógino), pero hacen una confusa alusión al anticapitalismo (que no apacigua a los radicales). Reservan la mayor parte de su ira para los liberales que se ocupan de las mismas cuestiones sociales y éticas que ellos.

Los izquierdistas liberales reciben la mayor parte de la rabia identitaria porque no podemos apoyar el rechazo posmoderno de una verdad objetiva ni su constructivismo cultural que niega la ciencia. Más importante, sin embargo, es que no podemos apoyar la idea de que es virtuoso ver a las personas como miembros de colectivos organizados dentro de una jerarquía que determina quién puede hablar de qué en algún tipo de recreación grotesca de un sistema de castas o feudalismo medieval. No podemos aceptar que el liberalismo que ha producido tanto progreso social para grupos anteriormente marginados en la sociedad forme parte de un sistema de opresión blanco, occidental, patriarcal, cis/heteronormativo debido a su principio de que no evaluamos a las personas por raza, género o sexualidad. Tendemos a ser bastante escépticos ante la afirmación de que vivimos en un patriarcado homofóbico y supremacista blanco, y esto se entiende (de alguna manera) como un apoyo a eso, aunque casi siempre aceptamos que el racismo, el sexismo y la homofobia siguen existiendo y tenemos los principios y la voluntad de contrarrestarlos. Por eso, se nos considera de derechas.

Todavía más condenable, los izquierdistas liberales podrían no considerar a la derecha liberal como enemigos inveterados, sino que se aliarían contra el extremismo iliberal con aquellos que apoyan los principios liberales de la libertad y la igualdad de oportunidades de manera coherente donde sea que estén en el espectro político. Seguimos queriendo que los partidos de izquierdas ganen y que se apliquen políticas de izquierdas y no las de derechas, pero esto no requiere que se considere a todos los de derechas como inmorales malos actores sin nada que aportar. Por esto, se nos considera de derechas.

No somos de derechas.

Algunos izquierdistas liberales han negado que la izquierda identitaria sea de izquierdas en absoluto, pero una comprensión de sus orígenes y desarrollo revela que esto es una ilusión. Aunque comparten algunos puntos de vista sobre la segregación racial y de género y una naturaleza autoritaria y censuradora con la extrema derecha, lo que lleva a muchos a argumentar a favor de la teoría de la herradura, estos dos grupos provienen de lugares muy diferentes y trabajan de maneras muy diferentes. Los izquierdistas identitarios provienen de un desarrollo intelectual que tuvo lugar en la izquierda y la izquierda debe asumir la responsabilidad de ello y arreglarlo.

La única manera de que la izquierda liberal solucione este problema es comprometerse con él. Durante demasiado tiempo, demasiados de nosotros hemos minimizado el problema al considerar que era necesario mantener la solidaridad contra el ascenso de la derecha populista, la alt-right y la extrema derecha. Otros no han abordado el problema, simplemente porque no entienden el núcleo ideológico contraintuitivo y consideran que cualquiera que busque la igualdad racial, de género y LGBT es un aliado, incluso si algunos de ellos van demasiado lejos en su celo. Otros tienen miedo de ser llamados racistas, sexistas u homófobos y de que se los relacione con la derecha que, de hecho, es lo que está sucediendo. Algunos se han alejado tanto de la izquierda al ser llamados racistas, sexistas u homófobos que realmente se han ido a la derecha, con la sensación de que, al menos allí, serán bienvenidos. Este último grupo ha sido especialmente condenado, empezando por algunos santurrones que nunca han estado tan comprometidos con los principios de izquierda. Eso podría ser verdad. Incluso si es así, tenemos que recuperarlos si queremos ganar alguna elección y aplicar realmente las políticas que ayudarán a las personas más vulnerables. Esto es mucho más importante que regodearse en la supuesta pureza política de uno mismo.

También está el problema inherente al liberalismo: un exceso de tolerancia, una voluntad de compromiso y un deseo de no imponerse a otras personas. Debido a que la izquierda liberal es la rama menos radical y menos autoritaria de la izquierda, es vulnerable a estar bajo los gritos de voces más radicales que vienen a definir a la izquierda como vacilante. Sin embargo, estas voces más fuertes socavan a la izquierda. Debido a que la izquierda liberal es la más abierta a otras ideas, es propensa a parecer incoherente. Debido a que es tolerante con las ideas con las que no está de acuerdo, siempre y cuando no impongan a otros, esto puede ser confundido con pusilanimidad. Esto es un error. Los principios del liberalismo, aunque difusos, son lo suficientemente fuertes y coherentes como para haber llegado a ser dominantes en todo el mundo occidental. Están tan extendidos que la mayoría los percibe como tan naturales y evidentes que descuidan la necesidad de defenderlos. (James Lindsay y yo escribimos sobre esto aquí).

La izquierda liberal se ha visto impedida en sus intentos de oponerse a la izquierda identitaria por una lealtad equivocada, por la incomprensión, por la negación, por el miedo, por la falta de esperanza, por la complacencia y por la excesiva tolerancia. Esto da la impresión de que quedamos pocos y que la izquierda está ahora definida por ideólogos identitarios y autoritarios. Esto refuerza a la derecha. Necesitamos ser más visibles y valientes y estar más unificados. Tenemos que aceptar que el problema existe, entender cómo funciona y hablar sobre él con calma, civismo y de manera razonable a riesgo de ser llamados racistas, sexistas y homófobos, a pesar de ser los que rechazan la evaluación de las personas por su raza, género y sexualidad. Necesitamos recordar cómo argumentar nuestro caso y no presuponer lo que es obvio. Cuantos más de nosotros hagamos esto, más fácil será que se unan más. Esta es la forma de recuperar la izquierda, recuperar la confianza de la opinión pública, ganar elecciones y llevar a cabo las políticas que queremos que se lleven a cabo. No somos de derechas. Somos izquierdistas liberales, somos la mayoría y podemos arreglarlo.

Helen Pluckrose es una investigadora de humanidades que se centra en la escritura religiosa por y para mujeres de la Alta Edad Media y la Edad Moderna. Es crítica con el postmodernismo y el constructivismo cultural que ve dominando en las humanidades actualmente. En Twitter @HPluckrose

Fuente: Areo

Written by

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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