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Necesitamos Estoicismo más que nunca: Una respuesta a las nuevas directrices de la APA

Dylan Gallimore

Recientemente, la Asociación Americana de Psicología apuntó a la “masculinidad tradicional”, cuando publicó sus “primeras pautas para el tratamiento de los hombres y los niños”. Las resumen de la siguiente manera:

Una vez que los psicólogos comenzaron a estudiar las experiencias de las mujeres a través de una óptica de género, se hizo cada vez más claro que el estudio de los hombres necesitaba el mismo abordaje consciente de género (…) la idea central de la investigación subsiguiente es que la masculinidad tradicional, marcada por el estoicismo, la competitividad, la dominación y la agresión, es, en general, perjudicial.

Desde el anuncio, se ha abierto la temporada de caza contra la APA entre los pensadores conservadores, que lo han atacado por todas partes, desde por el contenido de las directrices hasta por el tratamiento de la propia masculinidad por parte de la APA. La APA se ha encargado de convertir la masculinidad en “una patología que necesita una cura”, y las directrices han sido denominadas un rechazo “profundo y espantoso” de “la naturaleza inherente al hombre”; “el equivalente a 1.000 manos humanas desprendidas que se retuercen nerviosamente en el rincón de un laberinto oscuro de espejos de un parque de diversiones acentuadas por ocasionales y molestas ráfagas de luces estroboscópicas extremadamente luminosas”.

Estoy de acuerdo en gran medida con estas coloridas críticas. Pero hay algo más importante en juego aquí. El estoicismo — que las directrices de la APA mencionan dos veces — no debe ser cuestionado o erradicado, sino entendido, aceptado y promovido. El estoicismo es, contrariamente a las críticas de la APA, algo muy, muy bueno.

La APA lista al “estoicismo” — junto con la “competitividad, la dominación y la agresión” — como uno de los principios de la masculinidad tradicional. Y, aunque ciertamente existen argumentos morales y psicológicos en contra de la dominación y la agresión (emociones inherentemente negativas, que motivan a los individuos a ganar poder sobre los demás), el ataque de la APA contra el estoicismo está equivocado y es dañino.

Hay dos tipos de estoicismo. El primero, el Estoicismo con “E” mayúscula, es una filosofía helenística fundada por Zenón de Citio y desarrollada por Epicteto, Séneca el Joven, Catón el Joven y Marco Aurelio, entre otros. El estoicismo valora el carácter, la sabiduría, el juicio y la autodisciplina; enseña “que no podemos controlar y no podemos confiar en los acontecimientos externos, sólo en nosotros mismos y en nuestras respuestas (…) (y) que la fuente de nuestra insatisfacción reside en nuestra dependencia impulsiva de nuestros sentidos más que en la lógica reflexiva”.

El segundo, el estoicismo con “e” minúscula, es una disposición general hacia la calma y la sobriedad; un compromiso de permanecer impasible, desapasionado y no reactivo ante los acontecimientos externos. El diccionario lo define como “soportar el dolor y las dificultades sin mostrar los sentimientos o quejarse”.

Las nuevas directrices de la APA apuntan a una versión caricaturesca de esta última, el cliché del hombre que se niega a comprometerse con sus emociones y en vez de eso las reprime, destruyéndose a sí mismo en el proceso. Se trata de un estereotipo barato: tanto hombres como mujeres parecen esforzarse en lidiar con sus emociones y expresarlas. Al apuntar a este conveniente hombre de paja, la APA pasa por alto el valor tanto del estoicismo actitudinal como del Estoicismo filosófico.

Es una pena, porque una gran dosis de estoicismo — tanto como un comportamiento general como una práctica filosófica — es exactamente lo que los hombres y mujeres estadounidenses necesitan en este momento.

Vivimos en una sociedad cada vez más histérica, plagada de una constante indignación, agitación política y un sentimiento permanente y ubicuo de desesperación cultural. Impulsados por la ampulosidad y la rabia en nuestra política y cultura, hemos entrado en un período de guerra tribal, definido por la santurronería y por una solidaridad ciega con nuestros aliados culturales y el miedo y el odio a nuestros supuestos enemigos culturales. Esto está teniendo un impacto mensurable tanto en nuestra cultura como en nuestra psique individual: la política está llevando a la gente a los consultorios de los terapeutas, y la depresión, la ansiedad, el consumo de drogas y el suicidio están aumentando vertiginosamente.

Estas tendencias desafortunadas son alentadas y exacerbadas por un complejo industrial de noticias por cable, que produce una especie de constante: tienes razón, pero estás perdiendo; están equivocados, pero están ganando para la indignación adictiva, con el objetivo de mantener los ojos temerosos y enfadados pegados a las pantallas de televisión y una continuada sensación de renovada condena en la mente de los espectadores.

El camino hacia la felicidad y la realización personal en un momento cultural desgarrador como el nuestro no es más indignación, más activismo, más gritos y más guerra política y cultural, como muchos sugieren. Es más bien el cultivo consciente y cuidadoso de una actitud estoica: una actitud de calma, aceptación y racionalidad en la búsqueda de la paz interior, frente a los retos, la tribulación y la confusión.

El Estoicismo enseña que nosotros no tenemos poder sobre los acontecimientos externos y ellos no tienen poder sobre nosotros, si entrenamos nuestras mentes en consecuencia. Marco Aurelio escribe:

Todo lo que ocurre es soportable o no.

Si es soportable, entonces sopórtalo. Deja de quejarte.

Si no es soportable… entonces deja de quejarte. Tu destrucción significa su final también.

Solo recuerda: puedes soportar cualquier cosa que tu mente haga soportable, al tratarlo como que es tu interés hacerlo.

En tu interés, o en tu naturaleza.

Epicteto argumenta que “No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que pensamos sobre lo que nos sucede”. Séneca el Joven advierte que, “sufrimos más en nuestra imaginación que en la realidad”, y se pregunta “¿cómo ayuda a agravar los problemas lamentándose por ellos? (…) Sólo hay un camino a la felicidad y es dejar de preocuparse por las cosas que están más allá del poder de nuestra voluntad”.

El Estoicismo enseña que el antídoto contra la ansiedad, la confusión, la frustración y la rabia no es enfurecerse implacablemente contra las circunstancias, sino aceptar nuestra relativa impotencia sobre ellas y en vez de eso, enfocarnos en mejorarnos a nosotros mismos y a nuestros personas a través de la sobriedad y la autodisciplina. Por más que se les informe sin aliento, los acontecimientos políticos de nuestro tiempo, y todos los acontecimientos de cualquier tiempo, son duraderos, así que debemos soportarlos y conservar nuestra energía emocional para lo que realmente importa: la búsqueda de mejores versiones de nosotros mismos.

Se pueden encontrar líneas de pensamiento estoico en todas las principales religiones: todas las cuales, de una manera u otra, enseñan que se puede alcanzar la paz interior, incluso en momentos de tremendas dificultades. Tenemos poco control sobre el futuro y aún menos conocimiento de él, y nuestras ansiedades, atrocidades y reacciones viscerales a eventos externos a menudo infligen más daño a nuestra psique en el presente que los eventos mismos.

La sugerencia de que debemos adoptar un enfoque estoico de las circunstancias externas puede parecer anacrónica, o, para algunos — especialmente aquellos que han pasado los últimos años incorporando su indignación a sus identidades como un medio para darle sentido a las cosas — incluso ofensiva o condescendiente. “¿Por qué ser estoico en absoluto”, pregunta retóricamente David French, de The National Review, “cuando todos a tu alrededor se entregan al emocionalismo que a menudo es un sello de ‘autocuidado’”?

El emocionalismo que French identifica correctamente es, en sí mismo, responsable de gran parte de nuestra consternación cultural. De manera paradójica, el hecho de que la recomendación de cultivar el Estoicismo como una respuesta saludable a la desesperación política y cultural suscite una respuesta tan visceral entre quienes viven y respiran la indignación moderna es en sí mismo un indicador de que es la receta correcta para ellos. El Estoicismo implica el dominio de las propias emociones, no su represión.

Precisamente ahora no es el momento para burlarse de la idea de tomar los hechos uno por uno y esforzarse por ser juiciosos, calmados, pacientes y sabios en nuestras reacciones emocionales hacia ellos. Para muchos, una conducta estoica y la práctica consciente de la filosofía estoica puede proporcionar los mejores antídotos posibles a los sentimientos de ira, confusión, perplejidad e impotencia que han llegado a definir al zeitgeist.

La masculinidad tradicional, como el feminismo moderno, puede tener buenas intenciones pero es imperfecta y, a veces, puede estar más interesada en la destrucción que en la afirmación. Pero el estoicismo — el estoicismo real, no la caricatura barata conjurada por la APA — es uno de los mayores regalos de la masculinidad a la humanidad.

En este tiempo de conflagraciones, seríamos tontos si lo echásemos al fuego.

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Dylan Gallimore

Dylan Gallimore es el gestor de contenidos de la firma de consultoría política Jamestown Associates. Originario del sur de Jersey, actualmente vive en Filadelfia, Pensilvania.

Fuente: Areo

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Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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