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Los peligros de la moralización y los problemas de los hombres

No hay nada más censurable culturalmente que un hombre que se muestra como víctima, incluso si es una víctima. Por eso necesitamos el movimiento de hombres. Así que creo que las cuestiones de los hombres tienen que ser presentadas por el movimiento de hombres durante un período de tiempo. Pero tratando de no perder de vista el hecho de que todos estamos juntos en esto y que tenemos siempre que estar seguros de que estamos creando soluciones que producen amor a largo plazo, si no a corto plazo, y que al mismo tiempo necesitamos contar cuáles son nuestros problemas, lo que va a producir gente que nos ataque verbalmente durante un tiempo. Hasta que se escuchen esos problemas. — Warren Farrell

Hoy Pablo Malo ha publicado una entrada, “Los problemas de la Moralidad, especialmente para la Democracia”, que comento aquí muy a mi manera relacionándola con los problemas de los hombres en el polarizado ambiente de las cuestiones de género.

La entrada comienza con una cita de Asimov: “Nunca dejes que tu sentido de la moral interfiera con hacer lo que es correcto”. Esto puede parecer sorprendente, dado que “pensamos que ser inmoral es malo y que ser una persona moral es bueno”. Si bien la moralidad es el eje del buen funcionamiento social, al mantener nuestros instintos egoístas al servicio del bien del grupo y favorecer la cooperación y el altruismo dentro de la comunidad. Así, nos parece inmoral que los hombres abusen sexualmente de las mujeres y preferimos que se esfuercen en protegerlas. Pero esto tiene un aspecto negativo. Nuestras creencias morales se acompañan de razonamiento motivado, sesgo y dogmatismo que usamos para vilipendiar, mandar al ostracismo y deshumanizar a quienes no están de acuerdo con nuestras creencias morales. Así, podemos estar pendientes de los problemas de las mujeres de tal manera que nos dejemos llevar por el sesgo de preferir ver a los hombres como culpables a verlos como víctimas, aunque sean víctimas. Es más, incluso cuando vemos a los hombres como víctimas, ponemos sumo cuidado de que esto no se aborde de manera que afecte de manera negativa a nuestra creencia moral sobre cómo debemos abordar los problemas de género.

La creencia moral sobre los problemas de género que estamos defendiendo con gran esfuerzo como sociedad es que las injusticias con base en el sexo se solucionarán atendiendo a los problemas de las mujeres. Con esta idea, en España se ha creado un Ministerio de Igualdad, del que nadie espera que aborde los problemas típicos de los hombres. Esto último sería considerado inmoral para cierta gente, porque supuestamente invisibilizaría los problemas de las mujeres y eso sería muy peligroso para ellas y para un correcto funcionamiento social.

Esta creencia moral implica sacrificar ciertos puntos de vista. Comentaré un par de ellos que yo considero correctos.

  1. Reflexionar sobre la manera de abordar el sexismo. Lo correcto es oponerse al sexismo porque es una discriminación injusta con base en el sexo. El sexismo no es legítimo tanto si se aplica a hombres o a mujeres. Incluso si crees que el sexismo que puedan sufrir los hombres es de carácter secundario o de menor impacto, debe ser rechazado.
  2. Reflexionar sobre la manera de abordar los derechos. Los derechos de los demás se defienden mejor como asociados a los propios derechos. La manera más honesta para un hombre de oponerse al sexismo que puedan sufrir las mujeres es negando también el sexismo para uno mismo. (Lo que no quiero para mí, no lo quiero para ti). Esto no es ajeno a conflictos, pero evita ciertas condescendencias y favorece un tratamiento más igualitario.

Estos dos puntos tropiezan con dos convicciones básicas con la que está moralizando las cuestiones de género:

  1. La convicción de que para eliminar cualquier injusticia con base en el sexo basta con solucionar los problemas de las mujeres. Esto debe mostrarse como una verdad irrefutable, sacralizada, y asociada a emociones muy fuertes y poderosas de miedo, ira, amor, compasión, culpa, vergüenza y asco.
  2. La convicción moral de que para eliminar cualquier injusticia con base en el sexo basta con solucionar los problemas de las mujeres es algo que debe dictar lo que un individuo debe y no debe hacer.

Estas convicciones están por encima de cualquier otra consideración. Están sacralizadas. Su cuestionamiento tendrá una respuesta intolerante. Tenemos un ejemplo reciente de esto con unas recientes declaraciones de la ministra de Igualdad a una pregunta parlamentaria, nada inocente, del partido Vox: “[…] ¿cuál es la utilidad del ministerio de Igualdad?”. La respuesta de la ministra de Igualdad fue inmediata: “sirve para que todos los españoles y particularmente las mujeres en sus momentos más difíciles, sepan que aquellos que piensan, como dicen ustedes, que la violencia no tiene género están, simplemente, fuera de la ley”.

Afirmar que se pueden tener pensamientos fuera de la ley puede parecer sorprendentemente extraordinario. Pero Pablo Malo recuerda que hay datos que sugieren que cuando la gente tiene razones para una venganza por razones morales, les preocupa muy poco cómo se consiga esa venganza, el fin justifica los medios. Es la puesta en escena de una “indignación moral” de ira y desprecio por los que discrepen de la visión feminista sobre las cuestiones de género que reclama un castigo al que piense de manera diferente. Aún más, es una especie de “limpieza moral” consistente en querer eliminar a quien ha manchado el valor sagrado de que atendiendo a los problemas de las mujeres — y no de los hombres — es el único camino para eliminar cualquier injusticia con base en el sexo.

Esto supone un problema para la búsqueda de la verdad objetiva. Lo vemos en la reciente “Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2019” que sugiere que se puede abordar la violencia con base en el sexo preguntando a las mujeres y sin hacer preguntas análogas a los hombres. Hay una ceguera voluntaria a la hora de abordar estas cuestiones. Al evaluar la violencia hacia las mujeres, sería conveniente saber cómo responden los hombres a preguntas análogas para tener información más amplia con la que poder trabajar y hacer un mejor trabajo. Pero esto tropieza con la creencia moral de que atender a los problemas de los hombres es un peligro para las mujeres. Si la gente tiene que elegir entre la moral y el conocimiento objetivo, elige la moral.

La poralización política y las cuestiones de género

“La gente tiende a ver a los que discrepan con ellos en temas morales como equivocados (en el mejor de los casos) y como malvados (en el peor de los casos)”, dice Pablo Malo. En la situación española, el choque en nombre de las cuestiones de género entre las ideas feministas de Unidas Podemos (la organización política española más a la izquierda, algunos dirían de extrema izquierda) y las ideas conservadoras de Vox (el partido español situado más a la derecha, algunos dirían de extrema derecha) parece anunciar una creciente polarización donde ambos bandos se tachen de malvados mutuamente. Pinta mal.

¿Cómo nos relacionaremos en una sociedad que se polariza a cada momento? Evalúamos a los demás en gran parte por su competencia y sociabilidad, pero es sobre todo la moralidad lo que más consideramos a la hora de seleccionar amigos, colegas o parejas. Si las creencias son como la ropa, — que tanto nos sirven de manera funcional para protegernos, como social, para expresarnos — las creencias morales parecen especialmente dispuestas para seducir.

Interesarse por los problemas de los hombres no es muy seductor, sobre todo si eres un hombre. No es una inquietud que sirva para atraer potenciales amistades, colegas o parejas. No en general. Un hombre protege, no pide protección. Y en un clima de creciente polarización política donde el género ocupa un lugar destacado en la “guerra cultural”, las personas interesadas en los problemas del varón pueden verse fácilmente vilipendiadas o apartadas por la corriente dominante. Esto parece un problema, y ciertamente lo es, pero también es una oportunidad para no quedar cegados por la creencia moral mayoritaria y los peligros que acompañan a toda ceguera moral. “Cuando te encuentres en el lado de la mayoría, es momento para parar y reflexionar”, como diría Mark Twain.

Pero es que además, preocuparse por los problemas de los hombres puede animar de manera muy firme a fortalecer un principio muy caro a las democracias liberales: la libertad de expresión. Quienes hayan estado pendientes de los conflictos por discrepancias en torno a las cuestiones de género, sabrán que la “difamación ritual” (lo que ahora se llama “cultura de la cancelación”) se ha aplicado con cierta facilidad, cuando se trata de cuestiones de género, como nos muestra el caso James Damore. También es correcto oponerse a esta manera de enturbiar los debates. El énfasis debe estar en intentar refutar ideas que creemos equivocadas, no en atacar personas. Considerar que “el error no tiene derechos” y que los equivocados deben ser “reeducados” es más propia de matones que de críticos que participan en un debate civilizado.

Considerar que hay pensamientos que no se deben tener, llegando incluso a afirmaciones de que algunos están “fuera de la ley”, alimenta un maniqueísmo de buenos y malos que no nos beneficia. Hace que lo que podría haber sido un debate más amplio y sofisticado sobre el género se convierta en una amenaza para el debate democrático. La democracia liberal no sobrevive sin el pluralismo de ideas que se exponen para ser admitidas o refutadas, en mayor o menor medida, en una discusión pública. Todos los monopolios ideológicos son malos.

¿Cómo evitar el maniqueísmo moral?

Por muy lejana que sea la meta, prepararse para un debate social amplio, de varias voces, sobre las cuestiones de género es una buena medida para amortiguar el maniqueísmo y la polarización ahora mismo. Considerar que las ideas propias pueden ser escuchadas y discutidas junto a otras, tiene una implicación importante: no consideras que tus ideas sean sagradas. Esto está muy cerca de considerar que aquellas personas que quieran refutarte no son demonios. Así empieza un debate civilizado, donde lo que se expone son puntos de vista imperfectos procedentes de humanos imperfectos, pero que pueden mejorar gracias al trabajo común. Y esta es la propuesta que destaco del artículo de Pablo Malo para abordar los problemas de unirse y cegarse en la moralidad compartida:

Implicar a los diferentes grupos en objetivos comunes que requieran la colaboración y el apoyo mutuo. Según algunos estudios, sería posible crear objetivo compartidos e incluso crear las condiciones para que surja una identidad de grupo compartida de un orden superior.

Anxo, @Carnaina

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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