Los líderes fuertes experimentan culpa sin vergüenza

La culpa y la vergüenza pueden parecer relacionadas, pero se dirigen a diferentes resultados

Escrito por Suzanne Degges-White Ph.D. y publicado en Psychology Today el 11 de febrero de 2019

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Muchos de nosotros aprendemos de manera precisa qué es la culpa de nuestros padres por cómo nos hicieron sentir cuando no cumplimos con sus expectativas o con las tareas que nos asignaron. La culpa, sin embargo, puede ser expulsada por la vergüenza, en algunos casos. Para la mayoría de nosotros es inquietante sentir tanto culpa como vergüenza. Pero hay algunas investigaciones interesantes que sugieren que estas emociones un tanto desagradables surgen de diferentes estados de autoevaluación y autoconciencia.

La culpa frente a la vergüenza

La vergüenza se experimenta a menudo cuando se nos hace sentir que somos menos de lo que deberíamos ser: se caracteriza por una autoevaluación negativa, acompañados de sentimientos de inutilidad. Cuando un padre se molesta porque su hijo se olvida de completar una tarea asignada, como sacar la basura, puede regañarlo con algo así como: “¡Eres un fracaso! Ni siquiera puedes ocuparte de esta simple tarea”. Este tipo de expresiones pueden llevar a la vergüenza, más que a la culpa. No es la tarea que no se hizo — o cualquier repercusión de la tarea incompleta — lo que se está destaca, sino que lo que se ataca es el sentido de competencia y autoestima del niño.

Cuando un padre se enfoca en la tarea en sí, y no en el niño del que se esperaba que completara la tarea, el resultado puede ser muy diferente. Si un padre ve que el cubo de basura aún está lleno y decide vaciarlo él mismo, entonces le menciona al niño que ha perdido el tiempo ocupándose de la tarea él mismo, es más probable que el niño se sienta culpable por no haber completado la tarea que por vergüenza debido a que se le ha hecho sentir mal de sí mismo como persona.

La vergüenza nos lleva a sentirnos impotentes y pequeños y esto limita aún más nuestro sentido de agencia y la fe en nosotros mismos para tener éxito. También nos mantiene “colgados” de nosotros mismos y de nuestros sentimientos de inadecuación. Cuanto más insistimos en los sentimientos negativos, más probable es que dejemos que nos alcancen y nos sumerjan más profundamente en la autodegradación. Reflexionar sobre los pensamientos acerca del fracaso que somos tiende a reforzar los comportamientos que hacen que nos sintamos realmente como un fracaso y parezcamos un fracaso.

La culpabilidad no es algo que se viva realmente “bien”, pero nos mantiene enfocados en nuestro valor para los demás y en las expectativas positivas que los demás tienen de nosotros, no en sus creencias negativas sobre nosotros. Los investigadores (Zhu et al., 2018) han encontrado que la vergüenza es una emoción que ocurre en un lugar del cerebro relacionado con el procesamiento autorreferencial, lo que significa que la vergüenza no se trata del “otro tipo”, sino de nuestra propia autoestima. La culpa, sin embargo, desencadena la parte del cerebro asociada con la empatía con los demás. Cuando decepcionamos a alguien, nos enfocamos en la relación y en nuestro reconocimiento de cómo nuestras acciones (o la falta de ellas) pueden haber afectado los sentimientos de otra persona. Nos enfocamos en los sentimientos y experiencias de los demás, no en las nuestras. Esa es una de las razones por las que la culpa puede ser una señal de potencial de liderazgo.

¿Secretos vergonzosos o secretos culpables?

Slepian, Kirby y Kalokerinos (2019) acaban de publicar un estudio que indica que es más probable que los secretos vergonzosos nos lleven a sentirnos mal con nosotros mismos que los secretos culpables. Cuando sentimos vergüenza por algo que hemos hecho, probablemente somos mucho más reticentes a hablar de ello o a reconocerlo de tal manera que podamos rectificar nuestros errores. La culpa, sin embargo, es una emoción que nos motiva mucho más para la acción: cuando nos sentimos culpables, estamos más motivados para deshacer cualquier daño que hayamos hecho o tratamos de compensar nuestros errores.

¿Puede la culpa ser algo positivo?

En realidad, tener tendencia a sentirse culpable y a admitir la culpa por las propias acciones puede ser un indicador de tener capacidad de liderazgo (Schaumberg & Flynn, 2012). En tres estudios relacionados, se exploró la culpabilidad en relación con las percepciones de los individuos como líderes. Los investigadores encontraron que las personas que eran propensas a la culpa en realidad tendían a ser vistas como líderes naturales más fuertes. Si tienes un sentido de la responsabilidad por el bienestar de los demás, es más probable que emerjas como líder entre los demás y que seas percibido de manera natural como el líder del grupo. Cuando eres capaz de sentir empatía por los demás y de ser consciente del papel que tus acciones pueden desempeñar en la fortuna o el bienestar de los demás, esto da una buena indicación de que puedes ascender a posiciones de liderazgo si tus acciones también están en sintonía con esta conciencia.

La culpa no es tan mala, si la mantienes bajo control

La culpa que es debilitante, por supuesto, no te hará ascender en los puestos. Puede ser el rasgo que realmente te impide hacer un movimiento positivo. Los líderes también deben ser capaces de seguir adelante y tomar medidas, incluso cuando no se garantiza un resultado exitoso y hay riesgos implicados. Los líderes fuertes asumen riesgos razonables y asumen la responsabilidad de sus decisiones. Los líderes que se ganan el respeto de los miembros de su equipo son líderes que están dispuestos a reconocer sus errores. Aprenden de sus errores y utilizan este nuevo conocimiento para informar acciones futuras. No responden con vergüenza al fracaso, lo utilizan como una oportunidad de aprendizaje.

Para terminar, recuerda que la vergüenza es una emoción muy egoísta y debilitante. La vergüenza nos hace querer escondernos del mundo y sentir lástima por nosotros mismos. La culpabilidad puede dejarnos sintiéndonos un poco disfóricos, pero es mucho más probable que nos motive a tomar acciones positivas para deshacer cualquier daño que nuestras acciones — o nuestra inacción — puedan haber causado.

Suzanne Degges-White, Ph.D., es consejera diplomada y profesora en la Universidad del Norte de Illinois.

Referencias

Schaumberg, R. L., & Flynn, F. J. (2012). «Uneasy lies the head that wears the crown: The link between guilt proneness and leadership». Journal of Personality and Social Psychology, 103(2), 327–342. doi:http://dx.doi.org/10.1037/a0028127

Slepian, Michael, J.N. Kirby, y E.K. Kalokerinos. «Shame, guilt, and secrets on the mind». Emotion, 2019.

Zhu, R., Wu, H., Xu, Z., Tang, H., Shen, X., Mai, X., & Liu, C. (2019). «Early distinction between shame and guilt processing in an interpersonal context», Social Neuroscience, 14:1, 53–66, DOI: 10.1080/17470919.2017.1391119

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Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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