Las ciencias sociales pueden beneficiarse de una nueva mirada a la salud mental de los hombres

Escrito por John Barry y publicado en Palgrave Macmillan

¿Cómo sabrías si tienes un punto ciego sobre algo? Probablemente no lo sabrías, a menos que alguien te lo señalara, e incluso entonces tendrías problemas para recordar que no importa lo que hagas, todavía tienes ese punto ciego. Lo mejor que puedes hacer es encontrar una manera de recordarte a ti mismo que tienes un punto ciego y que puede haber algo importante que no estás viendo.

La primera vez que vi mi punto ciego fue en un seminario de mi licenciatura en Psicología. La depresión es dos veces más común en las mujeres que en los hombres, y pasamos mucho tiempo discutiendo las diversas teorías que explican por qué existe esta disparidad. Discutimos cómo el papel tradicional de la mujer podría conducir a la indefensión y la desesperación aprendidas, como los perros de Seligman que, como es sabido, estaban atados para que no pudieran escapar de un piso electrificado. Esto parecía ser una explicación plausible para la depresión y para el motivo por el cual las mujeres piensan en el suicidio más que los hombres. Pero luego vino la pregunta de por qué los hombres se suicidan 3 ó 4 veces más a menudo que las mujeres. La respuesta fue que los hombres son mejores en el bricolaje y más agresivos, así que son mejores en la construcción de formas letales de suicidarse.

No pensé mucho en ello en ese momento, pero sentí que había vislumbrado algo extraño en ese seminario. Como estudiante universitario, sentí que estaba allí para absorber el conocimiento, no para hacer preguntas tontas, pero había algo desconcertante en el hecho de que invocáramos teorías científicas para comprender la depresión de las mujeres, pero cuando se trataba de comprender el suicidio masculino, la necesidad de teoría parecía desaparecer.

En los años siguientes a ese seminario, se acumularon otras experiencias extrañas como ésta. No pude poner el dedo en la llaga, pero me di cuenta cada vez más de que había algo que yo — y otros — no veíamos del todo. Finalmente me di cuenta de lo que era: aunque nos tomamos en serio el sufrimiento humano, y los temas que afectan a las mujeres se toman muy en serio, con razón, cuando se trata de la salud mental de los hombres, parece que apenas nos damos cuenta de que se trata de una categoría específica.

Más de una década después de graduarme conocí al psicólogo clínico consultor Martin Seager. Él había acuñado la frase “ceguera de género masculino” para explicar el fenómeno que nosotros — y muchos otros terapeutas — habíamos empezado a notar. Al igual que yo, Martin había tardado muchos años en darse cuenta de que había algo extraño en la forma en que vemos las cuestiones de género en la psicología y las ciencias sociales.

La ceguera de género masculino es un problema genuino, porque mientras no veamos los problemas de salud mental de los hombres, no podremos tratarlos adecuadamente. Colocar los problemas de salud mental de los hombres bajo el paraguas de la “salud mental” genérica no es suficiente. Por ejemplo, cuando están angustiados, los hombres son menos propensos que las mujeres a querer hablar de sus sentimientos (nota: estamos hablando de promedios grupales, no de cada hombre y cada mujer). Los hombres definitivamente se benefician al hablar de sus sentimientos, pero típicamente prefieren no hacerlo. Sea lo que sea lo que los estrese, preferirían hacer un alto en lugar de hablar de cómo los hace sentir. Y como una forma de “hacer frente”, los hombres son más propensos a abusar de la bebida o de las drogas, y por lo tanto más propensos a tener un bajo rendimiento en el trabajo, a meterse en peleas, a tener peores relaciones, y así sucesivamente.

Normalmente pensamos que la depresión es esa cosa en la que alguien se encuentra triste, llora, y si usted le incita le dirá todo lo que le está molestando. No pensamos que la depresión es también esa cosa en la que las personas se vuelven retraídas, malhumoradas, enojadas, beben más, actúan como un imbécil y hacen enfadar a todo el mundo. Sentimos compasión por las personas que están melancólicas y alteradas, y les ofrecemos apoyo (por ejemplo, asesoramiento). Para los demás, no vemos la depresión y nos sentimos justificados al rechazarlos o incluso al castigarlos en lugar de ayudarlos.

Entonces, ¿qué podemos hacer para ayudar? Bueno, lo primero es empezar a preguntarnos honestamente si tenemos un punto ciego cuando se trata de la salud mental de los hombres. Por ejemplo, consideremos esto: las terapias de conversación no atraen tanto a los hombres como a las mujeres, lo cual es parte de la razón por la que los hombres no buscan ayuda tanto como las mujeres. Si crees que esa afirmación no es importante, ahí está tu punto ciego.

La segunda cosa es decidir si quieres hacer algo para ayudar con los problemas de salud mental de los hombres.

Tal vez el principal desafío para cualquier persona interesada en la salud mental de los hombres es ayudar a sus colegas — que pueden ser fundamentales en las decisiones sobre la financiación o la aprobación ética de su trabajo — a descubrir su punto ciego. Esto requerirá una discusión abierta con colegas que pueden no tener, ni siquiera un poco, idea de lo que usted está hablando. La narrativa prevaleciente es que los hombres tienen todo el poder, especialmente los hombres heterosexuales blancos, por lo que realmente no necesitan — o ni siquiera merecen — nuestra ayuda.

Recordemos que las ciencias sociales tratan de la ciencia, y la ciencia procede por la discusión sana y la prueba de hipótesis. Esto significa estar abierto a discutir teorías como, por ejemplo, por qué los hombres se suicidan más que las mujeres. Incluso podríamos necesitar estar abiertos a discutir el lenguaje que usamos sobre los hombres. Por ejemplo, si frases como “feminidad tóxica”, “negrura tóxica” y “judaísmo tóxico” hacen que los dedos de los pies se enrosquen, entonces ¿por qué sentirse cómodo con la “masculinidad tóxica”?

Espero que las ciencias sociales tengan una nueva y más clara visión de la psicología masculina, una disciplina asociada con la discusión abierta, las colaboraciones fructíferas a través de las disciplinas y la vigorización del espíritu de la ciencia en el mundo académico. Considero que estos cambios conducen a mejoras en la forma en que tratamos la salud mental y el bienestar de los hombres y los niños, lo que resulta en un mundo mejorado por la presencia de hombres y niños que son miembros más felices, más sanos y más integrados de la comunidad.

El Dr. John Barry es psicólogo colegiado, hipnoterapeuta clínico y cofundador de la Male Psychology Network y de la Male Psychology Section de la British Psychological Society. Es uno de los editores y colaboradores de The Palgrave Handbook of Male Psychology and Mental Health, consultada en abril de 2019.

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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