La feminización de todo está fallando a nuestros chicos

A medida que nuestra sociedad desaprende la masculinidad y feminiza cada etapa de la vida de los varones, los chicos pagan un precio muy alto

Escrito por David French y publicado en National Review el 9 de mayo de 2017

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Permítanme compartir con ustedes dos informes preocupantes y, creo yo, estrechamente relacionados. El primero, de este fin de semana, procede por cortesía de Mark Perry, en American Enterprise Institute. En un gráfico, destaca la dramática y creciente brecha de género en la educación superior. En resumen, las mujeres dominan:

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La segunda proviene de Emma Green, en The Atlantic. [Véase traducción aquí, T.] Detallando los resultados de una encuesta realizada por su revista y el Public Religion Research Institute, señala que el 61 por ciento de los hombres blancos de la clase trabajadora ven a la universidad como una “apuesta arriesgada”. El informe de Green contenía esta explicación:

«El relato constante del sueño americano dice que si usted estudia y obtiene una educación universitaria y trabaja duro, puede salir adelante”, dijo Robert P. Jones, CEO de PRRI. “La encuesta muestra que muchos americanos de clase trabajadora blanca, especialmente los varones, ya no ven ese camino a su disposición. (…) Es este sentido del fatalismo económico, más que las dificultades económicas, el factor decisivo del apoyo a Trump entre los votantes blancos de la clase trabajadora».

No se equivoquen, si estos números mostrasen una brecha de género educativa equivalente (y creciente) en la dirección opuesta, la izquierda feminista declararía una emergencia cultural. De hecho, se ha declarado una emergencia cultural, a pesar de la actuación educativa dominante de las mujeres. Como señala Perry, nuestras universidades están llenas de iniciativas de “centros de mujeres” e iniciativas de “equidad de género” que se dedican exclusivamente (o casi exclusivamente) al éxito de las mujeres. ¿Cuándo dejará de ser una crisis para las mujeres en el campus? ¿Cuando alcancen dos tercios de la población en la educación superior? ¿Cuando tres de cada cuatro graduados universitarios sean mujeres?

Nuestra sociedad está desaprendiendo la masculinidad, está feminizando todas las etapas de la vida de los varones y los chicos están pagando un alto precio. Consideremos la feminización del hogar familiar que ocurre simultáneamente en dos frentes. En primer lugar, y lo más importante, la disolución de la familia favorece una mayor ausencia del padre, y a pesar de toda la reverencia hacia la madre sola en nuestra cultura (y las madres a veces —pero no siempre —hacen esfuerzos heroicos para llenar el vacío), los chicos necesitan padres. Es así de simple. Los hombres y las mujeres en general desempeñan diferentes papeles en la vida de sus hijos, y un niño ve en un buen padre los frutos de una masculinidad apropiadamente canalizada y debidamente vivida. Él tiene un modelo, a menudo un héroe, que vive con la proximidad más cercana posible.

Pero más allá de la ausencia del padre, está la creciente feminización de la casa intacta de dos padres. Los modelos de la vida doméstica intencionalmente diseñados para romper los viejos estereotipos y las normas culturales tratan cada vez más a los padres no como “papá y mamá”, sino como “Cuidador 1 y Cuidador 2”. Los niños no son hermanos, sino “Niño 1 y Niño 2”. Ya no hay caminos diferentes para niños y niñas, sino rutas únicas para especiales copos de nieve. ¿Quién puede decir lo que es masculino? ¿Quién puede decir lo que es femenino? Lo único que sabemos, sin embargo, es que las características estereotipadamente masculinas de agresión, asunción de riesgos, así como el trabajo y el juego de alta energía son “tóxicas” y necesitan ser medicadas o reeducadas fuera del hogar.

Añádase al hogar feminizado, la escuela feminizada, con su tolerancia cero, su terrible miedo a algo remotamente marcial, y su implacable énfasis en la compasión y el cuidado en lugar de la exploración y la aventura (a menos que la figura aventurera sea una mujer). Amamos la Tierra. No la conquistamos. La escuela primaria es un lugar de abrazos, no de conflicto, y el juego debe ser tranquilo por encima de todo. Nunca más una reedición de la Batalla de las Ardenas. Nunca más armas de juguete. Nunca más dibujos de tanques moviéndose a través de hordas de figuritas nazis. ¿Y cuando la naturaleza se opone a los deseos del ideólogo? La medicación y la educación pasan factura.

En lugar de enseñar a los varones a canalizar su agresividad y espíritu aventurero de manera productiva, les pedimos que ahoguen su naturaleza más genuína.

Por último, se gradúa a los lugares de trabajo cada vez más feminizados. Parte de esto es en función de la corrección política, y otra parte es simplemente en función de una economía cambiante. No necesitamos tantas espaldas y brazos fuertes para hacer a grande a América. Hay más cubículos, más gente escribiendo, y más gente hablando. Es estupendo ser elocuente. La fuerza es estrictamente opcional. Ah, y cuando los hombres que trabajan en cubículos intentan crear sus propios espacios para pasatiempos, deportes y otras actividades, a menudo se burlan de ellos. ¿Por qué un contador necesita un Ford F-150? Mira a ese abogado que compra una motosierra. ¿No se da cuenta de lo ridículo que es?

En lugar de enseñar a los varones a canalizar su agresividad y espíritu aventurero de manera productiva, les pedimos que repriman su naturaleza más genuína. En lugar de enseñarles a proteger a los demás, les mentimos, y declaramos que toda violencia es mala. En lugar de decir la verdad de que los hombres y las mujeres son diferentes, tratamos de transformar a los hombres en mujeres. Privilegiamos las historias de aquellos que se vieron ante normas tradicionales de género opresivas (como los hombres homosexuales y sus primos metrosexuales) y celebramos la desaparición de la masculinidad tradicional que funciona mejor para la gran mayoría de hombres y niños. ¿No es posible preservar la masculinidad al tiempo que se favorece la compasión por aquellos que no forman parte de ella? ¿Hay que tirar todo abajo?

Hay pocas cosas más profundamente significativas que ver crecer a un hijo con un buen padre, verlo tomar las mejores características de su padre, mientras que al mismo tiempo forjar su propio camino. Es importante ver y saber que a lo largo de la vida de ese joven, su padre no sólo lo estaba alimentando, también lo estaba desafiando; impulsándolo a ser más fuerte mental, física y emocionalmente. Con este fin, es el momento de recordar que la fuerza es una virtud, que la agresión canalizada racionalmente crea y preserva la civilización misma, y que no hay nada en absoluto que sea inherentemente tóxico en la masculinidad. La feminización de todo no solo hace que fracasen nuestros chicos, a largo plazo se producirá un fracaso en nuestra nación.

David French es escritor senior para National Review, miembro senior del National Review Institute y abogado. En Twitter: @DavidAFrench

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Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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