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La cultura de la cancelación y la derecha alternativa: perfiles psicológicos oscuros en la política

Jordan Moss

La tríada oscura es el término utilizado para describir la constelación de tres rasgos maladaptivos y socialmente indeseables: maquiavelismo, narcisismo y psicopatía. Los individuos maquiavélicos son fríos y cínicos, a menudo utilizan medios manipuladores para lograr sus objetivos. Las personalidades narcisistas muestran altos niveles de prerrogativa, buscando de manera constante admiración, atención y estatus. Los psicópatas subclínicos son impulsivos y se caracterizan por bajos niveles de empatía. A nivel individual, estos rasgos se unen para revelar una disposición latente de interés propio. A nivel interpersonal, tal disposición motiva una expansión sin disculpas del ego, el poder y el dominio a través de comportamiento socialmente irresponsable y explotador, así como un esfuerzo por atacar y castigar a los disidentes. Si bien estos rasgos ilustran un carácter desagradable tanto a nivel individual como interpersonal, ¿cómo se espera que se manifiesten a nivel político y social?

Lo políticamente correcto (PC) se interpreta generalmente como el esfuerzo social compasivo para evitar o censurar contenido que se percibe como ofensivo o dañino. Si bien tal definición se presenta como una articulación directa de la defensa liberal de los grupos históricamente desfavorecidos, la magnitud de los informes que relatan los intentos progresistas de cancelar los puntos de vista disidentes sugiere un punto débil más oscuro y fundamentalmente antiliberal.

Cualquier lector de este artículo estará familiarizado con los constantes intentos de la extrema izquierda de cancelar a los comentaristas conservadores — o, tal vez con mayor precisión, no izquierdistas — , como Jordan Peterson y Ben Shapiro. Si bien la lectura más comprensiva permite concluir que una oposición directa a las opiniones conservadoras está justificada (siempre que los valores conservadores sean antitéticos a los ideales PC) mientras se mantiene cierta apariencia de una postura vertical, uno debe dar un paso atrás para tratar de explicar la buena intención detrás de cancelar a los izquierdistas PC comprometidos públicamente. De hecho, el efecto que estas opiniones compasivas en lo ideológico pero autoritarias en la práctica tienen en el entorno político ha llevado a un aumento de la autocensura y la ansiedad política entre la población estadounidense en general. Según una encuesta reciente del Instituto Cato, el 62% de los estadounidenses tienen miedo de expresar sus opiniones políticas. Esta cifra es mayor para los “fuertemente conservadores” con un 77%, pero se mantiene en el 42% incluso para los “fuertemente liberales”.

Si la motivación subyacente PC es la promoción de los desfavorecidos, uno esperaría que los defensores celebrarían a las celebridades y comentaristas que utilizan sus plataformas para promover ideales progresistas. En cambio, tales figuras se promueven solo en la medida en que sea política y socialmente conveniente, y si alguna vez se habla una palabra mal aconsejada — intencionada o no, ahora o años atrás — son excoriadas por sus admiradores que antes adoraban (véase J. K. Rowling y Scarlett Johansson). Esta mentalidad de o conmigo o contra mí no puede explicarse dentro del compasivo marco liberal que los partidarios de la cultura de la cancelación reclaman de boquilla.

En lo filosófico, el liberalismo se ocupa de asegurar la igualdad de oportunidades a nivel individual, mediante la eliminación democrática de las externalidades. En lo psicológico, las actitudes liberales representan la apertura del individuo a nuevas ideas y la compasión por los demás. La cultura de cancelación, en cambio, se ocupa principalmente de lograr resultados iguales a nivel de grupo a través de medios inmediatos y autocráticos. Por lo tanto, si bien hay una clara motivación compasiva y democrática detrás de la propensión liberal a promover el bienestar de las minorías, su naturaleza autoritaria sugiere que la cultura de la cancelación está motivada por rasgos más oscuros. Es posible que la cultura de la cancelación no represente necesariamente la típica posición liberal, sino que indique una fragmentación emergente entre las actitudes que se encuentran en la extrema izquierda.

Tales consideraciones nos llevaron a Peter O’Connor y a mí a investigar el papel que los rasgos de la tríada oscura y de prerrogativa tienen en la actitudes políticas extremistas (ver el estudio). Reclutamos una muestra de 511 participantes, que representaban aproximadamente la demografía de la población estadounidense en su conjunto. Medimos su nivel de acuerdo con tres actitudes políticas no tradicionales: 1) el autoritarismo políticamente correcto (APC: esencialmente, la cultura de la cancelación); 2) el liberalismo políticamente correcto (LPC: la preocupación liberal por las minorías y la seguridad emocional); 3) el identitarismo blanco (IB: la subcultura que representa las actitudes nacionalistas blancas típicas de la derecha alternativa, alt-right). En los ítems para el APC se pidió los participantes que evaluaran la afirmación, “cuando se presenta un cargo de agresión sexual, el presunto autor debería tener que probar su inocencia”. En los ítems para el LPC preguntaron a los encuestados si estaban de acuerdo en que “no hay diferencias con base biológica en la personalidad, el talento y la capacidad de razonar entre los grupos raciales”. En los ítems para el IB se preguntaba a los participantes si creían que “hay una conspiración progresista contra la identidad blanca”.

Los datos revelaron que, si bien se considera que en general las actitudes identitarias blancas de extrema derecha (IB) y de extrema izquierda políticamente correctas (APC) reflejan los extremos opuestos de la opinión política, los partidarios de estas actitudes tienen un número considerable de rasgos de personalidad en común. Tanto el IB como el APC fueron adoptados por individuos ricos en rasgos y prerrogativas de la tríada oscura. Es decir, los individuos con altos niveles de autoritarismo, independientemente de si están en la izquierda política o en la derecha, son estadísticamente más propensos a puntuar alto en maquiavelismo, narcisismo, psicopatía y prerrogativa. Sin embargo, tales rasgos no contribuyeron al liberalismo políticamente correcto (LPC).

Estos hallazgos pueden no ser particularmente sorprendentes. Las tendencias autoritarias de la extrema izquierda han sido señaladas por los comentaristas políticos desde hace algún tiempo. Sin embargo, al confirmar esta suposición, nuestro estudio pone en entre qué cuestión pone en entre qué caso la legitimidad de conceptualizar la opinión política en la escala tradicional izquierda-derecha. Si bien miden válidamente las actitudes políticas tradicionales, el conjunto emergente de actitudes medidas en este estudio no se prestan a este análisis univariado. Los resultados proporcionan apoyo a la hipótesis de la herradura: que, aunque hay diferencias significativas entre la izquierda política y la derecha, a medida que se avanza hacia los extremos, las diferencias entre la izquierda y la derecha disminuyen y las similitudes aumentan. Al menos a nivel psicológico, esto parece ser plausible.

Este estudio también sugiere que hay diferencias reales entre las personas que reportan una propensión a preocuparse por el bienestar de las minorías y los grupos tradicionalmente desfavorecidos y aquellas que reportan una afinidad hacia la cultura de cancelación. Sin embargo, es importante aclarar que este estudio no indica que los liberales no colaboran con la cultura de la cancelación de la extrema izquierda. De hecho, aunque representa solo una pequeña proporción de actitudes dentro de la población general, el APC parece tener una cantidad desproporcionada de influencia política. Es posible que el disfraz compasivo de la cultura de la cancelación motive a los liberales tradicionales a avanzar en la agenda del APC. En la medida que la adhesión al APC ha aumentado en los últimos años, su influencia se ha inflado.

Sin una oposición seria, la influencia de los rasgos oscuros de la personalidad a nivel político y social aumentará. Los defensores de la cultura de la cancelación continuarán designándose a sí mismos como árbitros morales de Occidente. Usando el frente de la compasión para atraer a los liberales tradicionales, sus ideales seguirán siendo promovidos y se difundirán a través de la sociedad en general. Se insistirá en estos ideales por medios autoritarios, ya que los disidentes serán cancelados y los intentos de discutir o debatir la legitimidad de sus reclamaciones serán desestimados y reenmarcados como intentos de promover un entorno inseguro. Tal reformulación conduce de manera intencionada a un entorno político en el que la conversación abierta no será posible, y solo se permitirán las opiniones que afirmen la agenda PC.

Ya estaba claro que muchos conservadores son estridentes en su oposición a la izquierda autoritaria. Este estudio demuestra la distinción que hay entre los liberales y la cultura de la cancelación. Habrá consecuencias reales si la izquierda continúa representando el APC con un disfraz compasivo. Los liberales y el liberalismo solo son relevantes para el APC mientras siguan siendo políticamente convenientes. Una vez que la influencia política del APC sea lo suficientemente grande, el liberalismo será cancelado.

Los conservadores seguirán oponiéndose al antiliberalismo de la cultura de la cancelación, pero no está claro que harán los liberales. Sin embargo, los liberales no pueden seguir confiando en que el partido político contrario apoye su propia causa en esto.

Fuente: Areo

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Jordan Moss

Jordan Moss se centra en la personalidad y las actitudes políticas. Está interesado en las diferencias individuales, con particular interés en la psicología moral.

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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