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Justicia Social: Cómo las sectas usan el lenguaje para esclavizar a sus adeptos

Una llamada por la libertad de expresión a los que están atrapados en una forma secularizada de fundamentalismo.

Race Hochdorf

ace casi tres años escribí un artículo titulado “The Tyranny of Fundamentalist Language” (La tiranía del lenguaje fundamentalista), sobre cómo los grupos religiosos marginales son capaces de esclavizar psicológicamente a sus adeptos creando un vocabulario que refuerza las narrativas de «nosotros contra ellos». En ese momento yo había dejado recientemente la iglesia evangélica en la que me había educado, y quería resumir — lo mejor que pude — la razón por la cual “romper” con individuos que son parte de estos grupos religiosos ultraconservadores era un gran desafío.

Me encantó ver que el artículo fue muy bien recibido. Numerosas personas habían respondido con historias de seres queridos que habían estado o están atrapados en grupos que o bien eran sectas o, por lo menos, mostraban un comportamiento similar al de las sectas. Incluso un miembro de la familia de uno de los miembros de la Rama Davidiana que murió durante el asedio de Waco me envió un correo electrónico y me expresó su gratitud por poner en palabras lo que habían estado sintiendo durante más de dos décadas.

Un poco ingenuamente empecé a creer que una vez fuera del evangelismo conservador ya no tendría que preocuparme por los grupos que usan el lenguaje como una herramienta de control. Pero en el transcurso de los tres años desde que escribí “La tiranía del lenguaje fundamentalista”, he llegado a descubrir que — desgraciadamente — el lenguaje como herramienta de control no es un rasgo que pertenezca a los fundamentalistas religiosos en exclusiva. De una manera deprimente, se está convirtiendo cada vez más en una característica de los círculos seculares, incluidos los de los llamados “liberales”.

En la Universidad de Tennessee, por ejemplo, los administradores están presionando para reemplazar los pronombres “he” (él) y “she” (ella) por pronombres “neutros” como “xe”, “xym” y “xyr”. Los estudiantes de la Universidad de Columbia quieren trigger warnings (advertencias para contenidos que pueden desencadenar dolor emocional) para obras clásicas como Las metamorfosis de Ovidio (pero un blog feminista protestó por esa sugerencia, porque la expresión “trigger warning” en sí misma necesita una warning (advertencia) porque “trigger” (que significa “desencadenar”, puede interpretarse como “gatillo”) podría hacer que la gente piense en las armas.

En la UC Berkeley, los estudiantes protestan contra la enseñanza de Platón y Aristóteles porque eran “hombres blancos económicamente privilegiados”. La representación anual de Los monólogos de la vagina fue cancelada en Mount Holyoke porque “El género es una experiencia amplia y variada que simplemente no puede reducirse a distinciones biológicas y anatómicas, y por lo tanto el espectáculo es inherentemente reduccionista y exclusivista”.

Un artículo publicado en el Harvard Crimson argumenta: “Es tentador denunciar las frustrantes restricciones a la investigación académica como violaciones de la libertad académica. Sin embargo, me gustaría animar a los organizadores de estudiantes y trabajadores a que en su lugar utilicen un marco de justicia. Después de todo, si renunciamos a nuestra obsesiva dependencia de la doctrina de la libertad académica, podemos considerar más detenidamente lo que es justo”, y el artículo continúa con la escalofriante afirmación “Si nuestra comunidad universitaria se opone al racismo, al sexismo y al heterosexismo, ¿por qué deberíamos tolerar una investigación que contradiga nuestros objetivos simplemente en nombre de la ‘libertad académica’”?

Una encuesta reciente de Pew Poll ha encontrado que el 40% de los millennials apoyan la creación de leyes contra el “discurso insensible” (para poner en perspectiva lo aterrador que es ese porcentaje, consideremos el hecho de que el 40% de los estadounidenses son creacionistas). Pero, al igual que el fundamentalismo religioso, no se trata tan solo de censurar el lenguaje. Se trata de crear un nuevo lenguaje.

Lo que pasa con los grupos sectarios es que no participan en el mercado de las ideas. ¿Por qué? Debido a que los mercados son lugares abiertos, y en un mercado abierto de ideas, cualquiera y todos pueden llamarte la atención si estás diciendo tonterías. Así que los grupos sectarios, por decirlo de algún modo, se “encapsulan”. Desarrollan sus propias comunidades, su propia burbuja, su propio “mercado cerrado”, donde las creencias se propagan sin cesar y nunca se cuestionan. Durante este proceso las reglas normales de lógica y razonamiento no se aplican (no pueden hacerlo), por lo que lo que se necesita son nuevas reglas. Un nuevo lenguaje. Esto no significa que los grupos sectarios no se comprometan con el mundo, pero es un compromiso unilateral: no quieren debate, quieren conversiones.

Entonces, ¿qué ejemplos lingüísticos puede haber de grupos de la Justicia Social actuando así? ¿Cuáles son algunas de las palabras y expresiones que usan para intentar controlar las acciones y comportamientos de otros? He aquí algunos ejemplos:

  • White passing: Cuando una persona que forma parte de un grupo minoritario expresa una opinión que va en contra del papel de víctima que la narrativa del grupo de Justicia Social vende sobre dicho grupo minoritario; por lo tanto, una persona minoritaria que desafía tal narrativa es “white passing” porque están “pasando por blanco”. Otras variantes del “white passing” son “Tío Tom” (si el disidente es negro) o simplemente “traidor” (si es de cualquier otra raza).
  • “Misoginia interiorizada”: Cuando una mujer expresa una opinión que está en desacuerdo con el consenso de los grupos feministas, se la acusa de interiorizar y regurgitar “actitudes sociales de opresión hacia las mujeres que han sido propagadas por el patriarcado”. Esto es realmente condescendiente hacia las mujeres — lo cual es un problema que no cabría esperar en un ambiente feminista — porque básicamente está diciendo que a menos que una mujer siga la línea de tercera ola, no puede tener su propia autonomía intelectual, sino que debe tener el cerebro lavado hasta el punto de ser “inconsciente de su propia opresión”.
  • ____splain: Cualquier contraargumento que sea hecho por una persona que esté en un grupo demográfico que sea un objetivo de los devotos de la Justicia Social — sin importar lo elocuentemente que se presente — es rápidamente descartado al adjuntar “splain” al final de un adjetivo elegido (p.e. “cisplain”, “whitesplain”, “mansplain”). Esta desviación de una sola palabra tiene el propósito de cerrar el debate, porque de nuevo, recordemos, no quieren debatir. El debate da miedo e implica el riesgo de perder.
  • “El lado equivocado de la historia”: La noción de que los acontecimientos humanos a lo largo del tiempo están encaminados hacia un “bien” utópico último, y que la persona que hace la acusación sabe exactamente cuál es ese “bien”. Por supuesto, en realidad no hay un lado “correcto” o “incorrecto” en la historia. La historia es así, y el futuro es una tabla rasa. Irónicamente, aquellos que a menudo hacen las afirmaciones del “lado correcto/equivocado de la historia” normalmente también son personas que creen en el relativismo moral y que son importantes en la filosofía posmoderna (que argumenta que no hay verdad o moralidad objetiva).

Hay muchas otras palabras y expresiones de la Justicia Social que podría señalar, pero mi motivo para exponer las anteriores es para mostrar cómo este movimiento usa el lenguaje para borrar las voces de los disidentes e intimidar a sus seguidores.

En muchos sentidos, los creyentes en la Justicia Social actúan como cristianos fundamentalistas. El “Privilegio” es la versión secular del Pecado Original, y tenerlo es una Depravación Total que debes expiar. Ser culpable de “discurso de odio” (expresar cualquier opinión que se desvíe de la Narrativa Oficial del Papel de Víctima) es el equivalente a ser un blasfemo. Además, los partidarios de la Justicia Social — el pensamiento grupal — están obsesionados con el sexo — particularmente al hacerse a sí mismos árbitros puritanos sobre qué tipo de comportamiento sexual es aceptable y cuál no lo es. Como cualquier grupo fundamentalista, la Justicia Social tiene sus refuerzos de pensamiento para aquellos que se desvían del camino estrecho (el “entrenamiento obligatorio de la diversidad” después de una infracción percibida es el ejemplo orwelliano más notable de cómo se puede lograr la absolución). Y finalmente, como es el caso de la gente de los grupos fundamentalistas, el devoto “Guerrero de la Justicia Social” (como se les llama a menudo) nunca llega a estar completamente seguro de su salvación porque hay trampas en las doctrinas que hacen imposible seguir a uno sin fracasar en el otro — por ejemplo, si prefieres tu propia etnia cuando se trata de parejas sexuales, eres un “racista sexual”, pero si prefieres otras etnias antes que la tuya cuando se trata de parejas sexuales, eres un “fetichista”; si no crees que el género es una construcción social, se te acusa de ser “heteronormativo”, pero si te niegas a creer que el transgénero es una realidad biológica, eres “transfóbico”.

No puedes ganar, y se supone que no debes hacerlo. Porque la Justicia Social — como todos los grupos religiosos de línea dura, estrictos e implacables — está diseñada para ser un esfuerzo perpetuo donde uno nunca es lo suficientemente bueno.

Pero voy a arriesgarme y decir que los Guerreros de la Justicia Social no son liberales. Aunque han hecho todo lo posible por secuestrar el movimiento liberal, en el fondo son poco más que autoritarios culturales, y hay que detenerlos. No hay una manera rápida de hacer esto, no hay una solución fácil. Pero tampoco es un problema sin soluciones claras.

Por un lado, la izquierda puede tomar una posición fuerte contra cualquier llamado a censurar una idea — sin importar lo moralista que sea la lógica (y por “la izquierda” me refiero principalmente al Partido Demócrata, pero también hasta cierto punto a la blogosfera liberal y a los académicos de izquierdas). Esto podría incluir añadir a la plataforma del Partido Demócrata una declaración de apoyo inequívoco a la libertad de expresión (notablemente no existe actualmente), pero también podría incluir a grupos de demócratas universitarios en los campus universitarios que protestan contra los intentos “izquierdistas” de prohibir a los profesores conservadores. No importa cómo se haga, la izquierda tiene que ser muy clara sobre su apoyo a la libertad de expresión (incluso la más vil).

En segundo lugar, necesitamos nombrar y ridiculizar abiertamente no solo a las personas que tergiversan las ideas de los demás y tratan de declarar que ciertas opiniones están fuera de los límites, sino también a las publicaciones que hacen lo mismo (te estoy viendo en el Salon). Afortunadamente, creo que esto ya está empezando a suceder. Liberales como Sam Harris, Nick Cohen y Ayaan Hirsi Ali están llamando a “izquierdistas regresivos” que prefieren complacer a hacer cambios significativos.

Estoy seguro de que hay muchas otras maneras de enfrentarse a este subgrupo del izquierdismo cuyas actitudes tóxicas se están extendiendo por todo el liberalismo moderno, como el cáncer. Pero hasta entonces, quisiera instar a los que están atrapados en esta forma secularizada de fundamentalismo a que hagan lo que hice yo hace solo unos años: dejar su ideología destructiva, desaprender las falsas narrativas, y abrazar el verdadero liberalismo que valora los principios de la Ilustración de la libertad social y la libertad de expresión.

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Race Hochdorf

Race Hochdorf es un escritor cuyo trabajo ha sido presentado en The Humanist, Thought Catalog y Areo Magazine. Puedes encontrar más información sobre Race en www.racehochdorf.com

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Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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