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Jordan Peterson: filosóficamente poco ortodoxo, psicológicamente heterodoxo, poco controvertido en lo fundamental

Laura Kennedy

Parece que para poder hablar del profesor de psicología canadiense Jordan Peterson, una persona debe proclamar de inmediato su lealtad, diciendo que es un mesías o un diablo. El principal problema con esto es que todos los matices de una mirada realista y considerada hacia sus ideas se encuentran fuera de las proclamas de lealtad política o de lealtades ideológicas y de las especulaciones en cuanto a su presunta intención. Hay mucho que criticar en lo que Peterson realmente piensa, escribe y dice. El principal obstáculo para eso no son necesariamente las ideas de Peterson en sí mismas, sino la polarización que impide cualquier disección intelectual sincera de las mismas. El discurso en torno a Peterson ha hecho que lo que en realidad piensa no sea claro para casi todo el mundo. Este problema se ve exacerbado tanto por el estilo retórico intrincado de Peterson, que es digresivo y esotérico, como por los informes inexactos y caricaturizados de sus puntos de vista, que son casi tan omnipresentes en los medios como el propio Peterson. Con frecuencia se le malinterpreta de manera lamentable, mientras que las críticas legítimas se desvanecen. Todo esto alimenta la polarización.

Cuando Peterson visitó Dublín el pasado mes de julio, tuve la oportunidad de sentarme con él durante una hora para hacer una entrevista que más tarde se publicó en el Irish Times. Discutimos el fundamento filosófico de sus ideas en detalle. Éstas son más coherentes y benévolos de lo que Peterson suele creer, y menos filosóficamente sencillas o fácilmente defendibles de lo que le gustaría a sus fans. Para poder observar cuidadosamente lo que piensa Peterson y de dónde provienen sus ideas, debemos adentrarnos en la filosofía y la psicología, porque Peterson basa sus ideas sobre cómo pensamos y funcionamos en la intersección entre estas dos disciplinas.

Tres asuntos quedaron claros en nuestra conversación. En primer lugar, la perspectiva de Peterson se basa en ideas bien documentadas dentro de la historia de la psicología, pero es poco ortodoxa en el contexto de la psicología moderna. Esa falta de ortodoxia no es sencilla, porque se basa en las mismas máximas filosóficas ampliamente aceptadas de las que surgieron la teoría y los enfoques psicológicos ortodoxos modernos, pero en las que sus practicantes no están necesariamente bien versados. En segundo lugar, la filosofía de Peterson es desordenada, y contiene problemas inherentes, aunque no necesariamente peores que aquellos con los que se encontrará cualquiera que aborde grandes cuestiones como la mente, la conciencia y la naturaleza de la realidad. Su formación como psicólogo clínico no encaja cómodamente con su hábito de apelar a lo metafísico para obtener explicaciones generales, y lo convierte en un personaje atípico dentro de lo que se ha conocido como la Intellectual Dark Web. Finalmente, me di cuenta de que 12 reglas para vivir, su libro más vendido, no merece la controversia que ha generado. Es un sólido libro de autoayuda. Las reglas mismas se pueden encontrar en muchos otros textos de autoayuda, desde el primero que se escribió: Samuel Smiles’ Self Help, un bestseller victoriano publicado en 1859.

La verdad

La noción de verdad de Peterson es su mayor problema, porque es fundamental para su perspectiva de todo lo demás. Incluso después de conversar cuidadosamente con él sobre el tema y de pensar en esto con bastante consideración desde nuestra conversación del verano pasado, todavía no estoy completamente segura con esto, y no soy la única en esta situación: el tema fue la fuente de la notable confusión y falta de comunicación entre Sam Harris y Peterson durante la primera aparición de Peterson en el podcast de Harris Waking Upcast. Sin embargo, está claro que la concepción de la verdad de Peterson se basa en parte en la teoría pragmática de la verdad de William James, que sugiere que la verdad o el significado de una declaración debe ser considerada en relación con sus consecuencias prácticas.

El principal problema de la teoría de Peterson es que la vincula a determinado concepto de la verdad: al hacerlo, se sitúa en una especie de relativismo sobre la verdad, que erosiona el concepto de la verdad en el que se basa. Esta posición obliga a Peterson a priorizar ciertas interpretaciones de la realidad en función de sus consecuencias previstas u observadas, más que en la veracidad de los hechos, lo que lo lleva a acercarse a los posmodernistas que él mismo ve poco razonables, que priorizan las narrativas que describen el mundo en función del significado interpretado y no de la verdad. Obviamente, esto crea problemas filosóficos y prácticos, siendo el más básico que la verdad relativa no es la verdad. Es una apelación contraproducente a un concepto de la verdad, que sostiene que nada es objetivamente verdadero, aparte de la afirmación de que nada es objetivamente verdadero. Tales teorías se oponen a un enfoque objetivo o científico. Es difícil apelar a los hechos cuando lo que constituye un hecho puede cambiar según la narrativa interpretativa en juego.

En defensa de Peterson, su perspectiva tiene más sentido lógico de lo que parece a primera vista y surge de una cierta humildad sobre lo que podemos saber. Aunque no parece postular que sólo existen la mente, Peterson entiende que la realidad está mediada a través de la mente. Cuando toco la corteza de un árbol, es muy difícil distinguir la información sobre el árbol de la información sobre mi mano, y realmente no puedo saber si la vista a través de los ojos de un gato es una representación más verdadera de, digamos, mi sala de estar, que la que está siendo procesada por mis propios ojos. La psicología está interesada en el cerebro, no en la mente, pero Peterson sostiene que el cerebro y la mente no son lo mismo. Él afirma correctamente que hay mucho sobre el cerebro o la mente — la cosa que media entre nosotros y el mundo — que no entendemos. Pensamos que tenemos conocimiento del mundo exterior, pero podemos estar equivocados y, de hecho, lo demostramos a menudo.

La diferencia entre Peterson y, digamos, Judith Butler, la famosa filósofa y teórica del género, que argumenta que el género se construye socialmente a través del habla y las conductas performativas, es más estrecha de lo que podría parecer a primera vista, pero sigue siendo distinta. Ambos consideran que vivimos en un mundo en el que nuestra interpretación de la realidad podría ser muy errónea. En última instancia, ambos son escépticos sobre el concepto de una verdad objetiva no mediada por la experiencia humana. En respuesta a este escepticismo, Butler tira todo, tanto la fruta fresca como la podrida, pero Peterson sugiere que si no podemos aferrarnos a las verdades objetivas, podemos utilizar las pragmáticas. Esto es, hasta cierto punto, lógica abductiva: una declaración es una declaración de verdad apta si es pragmáticamente útil. Este podría ser el caso de las matemáticas, y de su utilidad como base para campos como la física, la ingeniería, la química, etc., que utilizamos para comprender mejor y vivir en el mundo. Sin embargo, esta posición no está exenta de problemas significativos. Averiguar dónde trazar la línea y si puede haber verdades, quién decide si esto es así y cuáles podrían ser esas verdades, tiene un elemento de arbitrariedad. En este sentido, es lo que los filósofos llaman un problema retorcido: un problema que es extremadamente difícil o quizás imposible de resolver debido a la información o el conocimiento incompleto o contradictorio, al cambio constante o a la relación del problema con otros problemas.

La solución sugerida por Peterson para el problema de la verdad es restablecer una narrativa judeo-cristiana para explicar y orientar nuestras vidas. ¿Por qué la narrativa cultural y ética judeo-cristiana sobre otras narrativas? Le pregunté a Peterson si lo que él está sugiriendo es una versión cristiana del judaísmo cultural; en otras palabras, el cristianismo sin la observancia y la práctica religiosa, que podría funcionar potencialmente como una especie de marco holístico. Su objetivo, me dijo, es volver a poner la subestructura judeo-cristiana como fondo de nuestra cultura. Sostiene que lo que lo separa de las ideologías a las que se opone tan estridentemente (como las que defienden los seguidores de Judith Butler) es el hecho de que las ideologías no proporcionan una narración completa, pero sí las estructuras religiosas. Hay muchos problemas potenciales con esto.

Douglas Murray señaló uno de ellos cuando sugirió que en este momento es cuando Jesús entra de contrabando, en una frase que él atribuye a Eric Weinstein. Murray sugiere que puedes seguir lo que Peterson está diciendo en relación con los arquetipos y la imaginería cristiana, e incluso puedes sentir que es sólo un dispositivo narrativo para dilucidar sus ideas, pero en el fondo de tu mente, hay una parte de ti está esperando que Jesús sea contrabandeado a través de una puerta lateral, y que estés escuchando en realidad un argumento religioso. Este sentimiento es comprensible. Sin embargo, nos encontramos con otra confusión, porque Peterson no parece estar abogando por ningún tipo de estructura teocrática u organismo social que obligue a su cumplimiento.

En una entrevista realizada el verano pasado, él sugirió que la monogamia debería ser impuesta socialmente a través de normas, de manera que la no monogamia debería estar desaprobada socialmente. Sugirió que esto actuaría como un desincentivo, de la misma manera que tales fuerzas actualmente desaniman a la mayoría de nosotros a, por ejemplo, defecar fuera del baño. Este es un punto de vista controvertido, y será recibido con impopularidad general, pero aquellos que argumentan que tales puntos de vista lo hacen un fascista son evidentemente incorrectos. No está abogando por el daño, ni por la obligatoriedad del Estado, ni por ninguna forma de cumplimiento forzoso. Peterson se dedica a fomentar lo que considera normas y valores éticos, no a obligar a hablar y a actuar, a lo que se opuso, por ejemplo, en el caso del proyecto de ley C-16 de Canadá, cuya resistencia a él lo llevó a ser conocido en todo el mundo. Las normas impuestas socialmente ya operan dentro de cada sociedad: él simplemente aboga por su aplicación en un área a la que mucha gente argumenta de manera firme que no pertenecen. Dependiendo de su punto de vista, esto puede ser desagradable, pero no necesariamente coercitivo, de hecho, ya que estamos tratando con algo que no se trata de hechos, normas y valores, es todo lo que podemos apelar para decidir cómo vivir mejor. Como, dice Peterson, no podemos crear normas y valores de la nada, tienen que estar ubicados dentro de una teoría explicativa más amplia.

Cuando la filosofía se encuentra con la psicología

Uno de los debates clave en la filosofía de la mente y la psicología examina si las mentes son entidades diferentes de los cerebros, y si una entidad no física, como la conciencia, puede ser un subproducto de una entidad física, como el cerebro. La mayoría de los psicólogos evitan este enredo y se concentran por completo en el cerebro. Cuando le pregunté sobre esto, Peterson reconoció que es un dualista. En el contexto de la psicología, este dualismo significa esencialmente que Peterson no considera la conciencia como algo que surge de los procesos cerebrales, o más simplemente, no equipara la mente con el cerebro. El rechazo de Peterson a una disciplina psicológica moderna casi totalmente monista, que hace que los cerebros y las mentes sean entidades equivalentes o esencialmente relacionadas, lo convierte en un psicólogo heterodoxo. Esto puede parecer un punto elevado e impráctico sin relevancia pragmática, pero es el elemento esencial que diferencia a Peterson de sus contemporáneos en el campo de la psicología y lo excluye del positivismo lógico que caracteriza a otras figuras dentro de la intellectual dark web, como Sam Harris, que se centra en el mundo empírico y material.

Sin embargo, esto no necesariamente hace que Peterson sea insólito dentro de la historia de las ideas psicológicas: simplemente no está de acuerdo con la dirección histórica que han tomado esas ideas. Estaría bien situado como teórico psicológico anterior al siglo XX, pero eso no quiere decir que esté anticuado o no esté al tanto de lo que hacen los demás. Aquellos que están familiarizados con la génesis de la primera psicología, como ramificada de la filosofía para convertirse en una disciplina aparte, reconocerán en el discurso y la escritura de Peterson ecos de figuras psicológicas fundamentales como William James, Freud y Jung. También reconocerán los sellos distintivos y las teorías de los filósofos de los que esos tres y otros partieron (o, en el caso de Freud, directamente tomaron sin atribución): Nietzsche, Kant y, en menor medida, Spinoza. William James, en particular, sigue asociado a un estilo de prosa poco claro y ligeramente vertiginoso, lo que ha llevado a malentendidos fundamentales de su teoría más conocida: la de la emoción.

El punto es que el estilo de expresión ligeramente retórico, denso y rico en imágenes de Peterson no está en absoluto fuera de lugar dentro del período de la psicología que más parece influir en él y sobre el que sin duda está muy bien informado. Sin embargo, contrasta fuertemente con los enfoques modernos, que en sí mismos todavía están arraigados, pero no necesariamente de manera analítica, en el tipo de ideas psicológicas fundamentales que más le gustan a Peterson. Los críticos que describen sus ideas como fraudulentas, pseudofilosóficas o no reales, están pasando por alto los orígenes filosóficos de los conceptos psicológicos fundamentales. Si la base filosófica que sustenta las ideas de Peterson es lo suficientemente robusta como para hacer todo el trabajo necesario es otra cuestión (tengo mis dudas). Sin embargo, no lo sacó de la nada, y aunque no sea ortodoxo, eso no es en sí mismo una justificación para descartar sus ideas.

Sin embargo, estas figuras originales de la psicología no eran — en ninguna definición realmente respetable de la palabra — científicas. Mezclaron filosofía y empirismo para crear una disciplina híbrida, pero era defectuosa, conceptualmente desordenada e incoherente y, en algunos aspectos, filosóficamente descuidada. Esta es la tradición de la que surge Peterson. Ya no está de moda en el campo de la psicología por estas y otras razones, pero tampoco carece totalmente de contenido valioso. Los problemas surgen para Peterson cuando intenta mezclar estas ideas con su indudable y robusta formación empírica como psicólogo. El ajuste no siempre es cómodo.

Combinando el concepto de verdad decididamente difícil y confuso de Peterson con la naciente filosofía de la psicología que caracteriza el período inicial de la psicología, desde Wilhelm Wundt hasta Freud y Jung, y el estilo de escritura serpenteantemente lírico de las figuras clave de ese período, hay mucho espacio para la confusión y la mala interpretación. Para ser justos con Peterson, describir conceptos como mente o conciencia, que son inherentemente metafísicos, requiere un lenguaje que es hasta cierto punto nebuloso o incorpóreo. La prosa retórica de Peterson, a veces inflada, no está reñida con los escritos de gente como Freud o Jung. El problema es que el psicoanálisis holístico freudiano ya no se toma en serio dentro de la psicología y, si bien Peterson considera los escritos conceptualmente exigentes e implacablemente difíciles de Jung como cercanos a la sabiduría revelada, otros los ven como deliberadamente opacos, y como una manera de ampliar los límites del discurso racional y la comprensión hasta el punto, al menos para algunos de los trabajos, de poco más que una hipótesis fantástica.

Autoayuda

La inusual orientación filosófica de las ideas de Jordan Peterson, y la confusión y la mala prensa que surgen de aquí, se extienden a la recepción pública de todo lo que hace. Esto incluye su libro de autoayuda, 12 reglas para vivir, que seguramente un buen candidato para el libro más controvertido jamás escrito, en términos de su psicología. Si miras cualquier libro de autoayuda, encontrarás la mayoría o todas las doce reglas de Peterson en su interior. Esta es la vieja sabiduría reempaquetada para la edad moderna.

El libro ciertamente intenta tender un puente entre una filosofía ambiciosa y no del todo exitosa y los principios prácticos que defiende. Sin embargo, la idea de que las reglas en sí mismas son de alguna manera malévolas o una mala influencia es francamente ridícula, dado que los principios son tan benignos y constructivos como trátate a como a alguien a quien tienes la responsabilidad de ayudar y di la verdad, o al menos, no mientas. Uno se pregunta si, si tal consejo se relacionase con un nombre que no fuera el de Peterson, se generaría alguna controversia. Incluso las reglas por las que más se critica a Peterson son benignas. He oído que la regla deja tu casa en perfecto orden antes de criticar el mundo descrito como insidiosa, porque anima a la gente oprimida estructuralmente a desviar su atención de sus opresores y a sufrir dentro de los límites que se les imponen. Si este fuera el caso, entonces todo enfoque terapéutico dentro de la psicología es dañino, ya que todos nos animan a centrarnos en lo que tenemos control sobre lo que no tenemos, y a concentrarnos en la responsabilidad personal constructiva, en lugar de en el resentimiento, incluso ante los agravios nunca legítimos cometidos contra nosotros. Psicológicamente, Peterson está aconsejando a la gente que haga lo que los filósofos estoicos sugieren, que te hagas cargo de lo que puedes controlar y que trates de no obsesionarte con lo que no puedes. Controla tus emociones (o más bien no dejes que se salgan de control). No culpes a los demás por los problemas que tú mismo puedes solucionar, y sé un individuo independiente, que puede contribuir a la sociedad. Nada de esto necesariamente niega el papel real de los obstáculos estructurales y sistémicos para el progreso individual en el mundo.

12 reglas para vivir es útil e informativo en términos pragmáticos, incluso si se eliminan los fragmentos filosóficos un tanto prolijos. Peterson usa sus ideas metafísicas para justificar por qué vale la pena seguir estas reglas, pero tienen valor sin ellas. Las reglas son tan empoderantes y motivadoras como las de cualquier libro de autoayuda que le dice a la gente que tiene el poder de abordar sus propios problemas. Peterson no es un prodigio generacional, como insisten sus superhinchas, ni es un peligro para las mujeres, las minorías o nuestro estilo de vida liberal. Una persona con un historial de resistencia y rechazo a la coacción estatal, tanto en la teoría como en la práctica, y que acepta de manera voluntaria que hay gente desposeída de la que la izquierda tiene la obligación moral de hablar, no puede ser también un ideólogo de extrema derecha que quiere retener a las mujeres en la cocina y forzar la teocracia sobre todos nosotros.

Heterodoxia

Las consideraciones sobre Peterson están infladas, tanto las que lo vilipendian como las que lo alaban. En realidad, es un académico heterodoxo, al que no le interesa la identidad colectiva, salvo en la medida en que pueda ser criticada. Podría decirse que así es precisamente como un psicólogo, cuyo medio es la mente o el cerebro individual, debería pensar. Epistemológicamente, está en una base diferente a la de la mayoría de sus colegas académicos y clínicos. Esto lo hace inusual en psicología, pero no necesariamente incorrecto. No es un nazi, ni un fascista, ni de la alt-right. Simplemente no es un aliado, lo que, para muchos, equivale a lo primero o a todo eso junto. La realidad sobre la que piensa Peterson es matizada, complicada, incoherente y no del todo satisfactoria. Los pensadores heterodoxos no suelen prosperar dentro de la academia, pero Peterson está, insólitamente, prosperando fuera de ella. Los celos de este éxito es lo que en parte motiva el intenso odio académico y mediático hacia él: eso y su estilo opaco, su maneras un poco estiradas, su tendencia a parecer arrogante (como tantos otros académicos) y su disposición a vadear sin aparente emoción por los territorios que son explosivos en el clima político actual. Las ideas de Peterson merecen ser criticadas, pero esta crítica debe centrarse en las ideas que realmente tiene, más que en las que se han supuesto sobre él.

Se ha puesto de moda burlarse de Peterson riéndose de sus trajes, su pelo o su dieta, enumerando a los que no están de acuerdo con él e insinuando que es un fanático. Se ha convertido en una persona a la que podemos desestimar sin un serio esfuerzo o dedicación. Esto está mal. No debemos desestimar a nadie sin un serio esfuerzo o dedicación, e incluso entonces debemos rechazar sus ideas y no su personalidad. He aquí una declaración controvertida: Las ideas de Jordan Peterson, al examinarlas detenidamente, no son tan controvertidas.

Laura Kennedy tiene un doctorado en filosofía de la psicología, y es escritora y columnista de The Irish Times. Sus principales intereses de investigación incluyen la filosofía de la mente y las emociones, los orígenes de las ideas psicológicas y el estoicismo.

Fuente: Areo

Written by

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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