Fué la ansiedad cultural lo que llevó a la clase trabajadora blanca a votar por Trump

Un nuevo estudio revela que el temor al cambio social, no a la presión económica, motivó el voto al presidente entre los trabajadores no asalariados sin título universitario.

por Emma Green

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Los estadounidenses blancos llevaron a Donald Trump a la Casa Blanca. Él ganó entre los electores blancos con estudios universitarios por un margen de cuatro puntos sobre Hillary Clinton, según las encuestas de salida. Pero su verdadera victoria fue entre los miembros de la clase obrera blanca: el doble de estos votantes votaron por el presidente que por Clinton.

A raíz de la victoria sorpresa de Trump, algunos periodistas, académicos y estrategas políticos argumentaron que la ansiedad económica llevó a estos estadounidenses a Trump. Sin embargo, un nuevo análisis de los datos de las encuestas posteriores a las elecciones realizado por el Instituto de Investigación de la Religión Pública y The Atlantic se encontró con algo muy distinto: las evidencias muestran que los votantes con dificultades financieras entre la clase obrera blanca estaban más inclinados a preferir a Clinton que a Trump. Aparte de la filiación partidista, estaba la ansiedad cultural, sentirse como un extraño en Estados Unidos, apoyar la deportación de los inmigrantes y vacilar en la inversión educativa, era lo que mejor predecía el apoyo a Trump.

Estos datos se suman a la comprensión del mosaico del público en las elecciones de 2016. Esto sugiere que el mensaje más poderoso de Trump, al menos entre algunos estadounidenses, fue el de defender la supuesta cultura del país. Debido a que este mensaje parece haber resonado muy profundamente en los votantes, las políticas de Trump, sus discursos y su eventual reelección pueden depender de la percepción de que él esté cumpliendo con esto.

Entre septiembre y octubre de 2016, el PRRI y el The Atlantic encuestaron a los votantes estadounidenses sobre cómo se sentían con respecto a la política. Los investigadores se enfocaron específicamente en el voto blanco de clase trabajadora, gente sin título universitario o trabajo asalariado. Este grupo representa un tercio de los adultos estadounidenses. Constituye una porción más grande de la población en el Medio Oeste de lo que lo hace en cualquier otra región, y más de la mitad de los estadounidenses rurales son parte de la clase obrera blanca.

Resultó que esto se convertiría en uno de los grupos de votantes más decisivos en las elecciones. En noviembre, los investigadores regresaron a este grupo para ver cómo sus miembros habían votado y se hicieron una idea de por qué. Encontraron que el 64 por ciento de este voto había elegido a Trump, mientras que solamente 32 por ciento eligió a Clinton. Mientras que el voto blanco no universitario tiende a preferir a los republicanos, Trump lo ganó por un margen más grande que cualquier otro candidato presidencial desde 1980, según el Pew Research Center.

La identificación partidaria predijo fuertemente cómo sería el voto blanco de la clase obrera. Los autoproclamados republicanos tendían 11 veces más que sus pares no republicanos a elegir Trump. Los investigadores descubrieron que el partidismo es más pronunciado entre los jóvenes: Entre los estadounidenses blancos de clase trabajadora menores de 30 años, el 57 por ciento se identificaba como republicanos o de tendencia republicana, en comparación con el 29 por ciento que se identificaba como demócrata o de tendencia demócrata. En comparación, solo un poco más de la mitad de los mayores de 65 años o más eran republicanos o de tendencia republicana, en comparación con más de un tercio que eran demócratas o tendencias demócratas.

Puede que no sea sorprendente que los republicanos voten republicano. Pero el análisis también aisló un puñado de otros factores que impulsaron a los votantes blancos de la clase trabajadora que desafían los tropos posteriores a las elecciones.

Controlando otras variables demográficas, tres factores destacaron como fuertes predictores independientes sobre cómo votaría la gente de la clase trabajadora blanca. La primera fue la ansiedad por el cambio cultural. El 68 por ciento de los votantes blancos de la clase trabajadora dijeron que el estilo de vida estadounidense necesita ser protegido de la influencia extranjera. Y casi la mitad estuvo de acuerdo con la afirmación de que “las cosas han cambiado tanto que a menudo me siento como un extraño en mi propio país”. Juntas, estas variables constituyeron un fuerte indicio en el apoyo a Trump: el 79 por ciento del voto de la clase trabajadora blanca que tenía esta ansiedad eligió a Trump, mientras que solo el 43 por ciento del voto de la clase trabajadora blanca que no compartía uno o ambos de estos temores emitía su voto de la misma manera.

El segundo factor fue la inmigración. Contrariamente a las narrativas populares, solo una pequeña parte —el 27 por ciento— de los votantes blancos de la clase obrera dijo favorecer una política de identificación y deportación de inmigrantes que están en el país ilegalmente. Entre las personas que compartieron esta creencia, Trump fue muy popular: el 87 por ciento de ellos apoyaron al presidente en las elecciones de 2016. Casi dos tercios de la clase obrera blanca dicen que la cultura estadounidense ha empeorado desde los años cincuenta.

Casi dos tercios de la clase obrera blanca dicen que la cultura estadounidense ha empeorado desde los años cincuenta.

Por último, el 54 por ciento de los estadounidenses blancos de clase trabajadora dijo que invertir en educación universitaria es una apuesta arriesgada, incluyendo el 61 por ciento de los hombres blancos de clase trabajadora. Los votantes blancos de la clase obrera con esta creencia tenían casi dos veces más probilidades que sus pares de apoyar a Trump. “El relato constante del sueño americano dice que si usted estudia y obtiene una educación universitaria y trabaja duro, puede salir adelante”, dijo Robert P. Jones, CEO de PRRI. “La encuesta muestra que muchos americanos de clase trabajadora blanca, especialmente los varones, ya no ven ese camino a su disposición. (…) Es este sentido del fatalismo económico, más que las dificultades económicas, el factor decisivo del apoyo a Trump entre los votantes blancos de la clase trabajadora”.

Si bien el análisis apunta a algunos patrones interesantes en torno a la situación económica,será necesaria más investigación para confirmarlos. Los resultados contrastan con gran parte de la cobertura en las elecciones: la gente que dijo que sus finanzas tienen solo lo justo o que son pobres tendían casi dos veces más a apoyar a Clinton en comparación con aquellos que se sienten más económicamente seguros.

Aunque los factores demográficos como género, edad, región geográfica y religión no fueron predictores estadísticamente significativos entre quienes votaron a Trump, parte de la otra información recogida en la encuesta ofrece un retrato de cómo los estadounidenses blancos de clase trabajadora se sienten acerca de su posición en el mundo. Casi dos tercios de la clase obrera blanca dicen que la cultura estadounidense ha empeorado desde los años cincuenta. El sesenta y ocho por ciento dice que los Estados Unidos están en peligro de perder su identidad y el 62 por ciento dice que el creciente número de inmigrantes estadounidenses amenaza la cultura del país. Más de la mitad dice que la discriminación contra los blancos se ha vuelto tan problemática como la discriminación contra las minorías.

Este análisis proporciona solo una mirada superficial a las preocupaciones y ansiedades de la clase obrera blanca de Estados Unidos. La encuesta es un instrumento notoriamente torpe para entender la vida de las personas, y proporciona solo un esbozo de quiénes son. Pero es útil para desacreditar los mitos y las narrativas, en particular la omnipresente idea de que la ansiedad económica llevó a los votantes blancos de clase trabajadora a apoyar a Trump. Cuando estos votantes escuchan mensajes de su presidente, están escuchando en sintonía con el cambio cultural y la ansiedad sobre el futuro multicultural de Estados Unidos. Sería un error usar esta percepción para crear otra caricatura del votante Trump. Pero tal vez complicará los estereotipos sobre paisajes de fábricas abandonadas y de gente pobre que no tenía a dónde ir sino a la derecha.

Emma Green es articulista en plantilla de The Atlantic, donde cubre cuestiones sobre política pública, política en general, y religión. En Twitter: @emmaogreen

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Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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