Falacias generalización indebida sobre el amor de pareja

Fragmentos del libro Falacias del amor. ¿Por qué Occidente anudó amor y sufrimiento? escrito por Roxana Kreimer

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Una falacia es un error de razonamiento. Difiere de un error fáctico, que es simplemente estar equivocado respecto a los “hechos” . Mientras las proposiciones son verdaderas o falsas, los argumentos son válidos o inválidos. Una falacia es un argumento inválido porque sus premisas no dan el sustento necesario a la conclusión. (…)

La generalización indebida es una de las falacias más frecuentes de cuantas existen, y el discurso amoroso es pródigo en toda suerte de variedades de este tipo de argumentación. Veamos un ejemplo. Estar enamorado, es decir, sentir un entusiasmo exultante y pasar seis noches juntos maravillosamente bien, no evidencia que dos personas vayan a conformar una buena pareja (o, dicho en jerga romántica, que estén “hechos el uno para el otro”). No sólo el enamoramiento no es prueba alguna de que la pareja vaya a funcionar, sino que constituye una situación excepcional y — en aras de la seducción — con frecuencia engañosa en la que se dejan de lado las diferencias, se es particularmente cariñoso, atento, cortés, dadivoso, buen amante y locuaz compañero conversacional. Algunas de estas cualidades pueden sobrevivir en el amor que perdura cuando el enamoramiento se ha extinguido. Sin embargo, lo más común es que muchas de ellas se atenúen o directamente desaparezcan, lo que lleva a muchas mujeres a cometer otra falacia de generalización indebida, la de suponer que si él ya no la colma de atenciones románticas su amor languidece. Aunque la ausencia de romanticismo pueda resultar dolorosa, no equivale necesariamente a la ausencia de amor, sino más bien a la valoración diversa que le asignan hombres y mujeres a este conjunto de rituales. No es infrecuente que para los hombres el romanticismo y la locuacidad obren exclusivamente como instrumentos de la conquista amorosa, y que desaparezcan tiempo después. Las mujeres aún somos educadas en el romanticismo y damos al amor una importancia más determinante en nuestras vidas que los hombres, así como todavía aspiramos más que ellos a que los rituales del romanticismo no desaparezcan con el tiempo. De modo que suponer que el entusiasmo de los primeros encuentros evidencia que dos personas conformarán una buena pareja es una falacia de generalización indebida que conduce al desencanto y al dolor a gran cantidad de personas.

(…)

La generalización indebida es una de las falacias más frecuentes, dentro y fuera del ámbito de la pareja. Si me cruzo con una persona y no me saluda, puedo pensar que le caigo mal o que no me vio. Jugar con estas y otras hipótesis provisorias es imprescindible para orientarse en el mundo. Sin embargo, creer que se confirma una de las dos hipótesis sin evidencia suficiente es una operación falaz del razonamiento.

Otra falacia de generalización indebida característica del discurso amoroso en la que incurren principalmente las mujeres, consiste en suponer que si él no tiene tantos deseos de conversar como ella, su amor se ha extinguido. Como señalan con acierto los estudios de la lingüista Deborah Tannen (Tú no me entiendes: hombres y mujeres en la conversación; Género y discurso), las mujeres desean antes que nada que sus parejas sean compañeros conversacionales. Sin embargo, pocos hombres comparten esta expectativa con las mujeres. La imagen que mejor representa la crisis corriente en la pareja es la escena de historieta en la que el hombre se sienta a almorzar con el diario tapándole la cara, mientras la mujer permanece detrás con deseos de conversar. Tannen parte de unos estudios que realizaron hacia fines de los setenta Andrew Hacker y la socióloga Catherine Kohler Riessman (Divorce talk) en los que la mayor parte de las mujeres entrevistadas — y muy pocos hombres — dijeron que la falta de comunicación había sido la causa principal de su divorcio. En sus propias investigaciones, las quejas de las mujeres en relación a sus maridos por lo general no focalizaban en problemas generales de convivencia ni en inequidades tangibles tales como la renuncia a una carrera para acompañar al esposo en la suya. En lugar de eso, las mujeres se referían a problemas en la comunicación: “El no me escucha”, “El no me habla”, eran las quejas más frecuentes. ¿Cómo es que las mujeres y los hombres tienen impresiones tan diferentes sobre la comunicación en el ámbito de la pareja? Al parecer parte del origen de estas disimilitudes debería ser rastreado en la forma diversa en que juegan los niños y las niñas, en las estructuras organizacionales y en las normas interactivas de cada género. Para las mujeres, como para las niñas, la intimidad es la fábrica de las relaciones, y la conversación es el hilo con que se hilvanan. Las niñas crean y mantienen amistades a través del intercambio de secretos; en forma análoga, las mujeres encuentran en la conversación el pilar de la amistad. La mujer espera que su pareja sea una nueva y mejorada versión de su mejor amiga. Lo que prevalece en importancia para ella no es tanto el tema individual acerca del cual se discute, sino el sentido de intimidad, de vida compartida que emerge cuando las personas dicen lo que piensan, lo que sienten y cuentan sus impresiones. Los vínculos entre niños varones pueden ser tan intensos como los de las niñas, pero están menos basados en la conversación que en el emprendimiento de actividades conjuntas. Como no consideran que la conversación sea el pilar de las relaciones, los hombres no suelen saber qué tipo de conversación desean las mujeres. Cuando conversan, los hombres estarían más interesados en ofrecer report (información), y las mujeres ofrecerían y requerirían rapport (empatía y comprensión). La mujer que de noche le cuenta a su pareja lo que hizo durante el día no desea que se le ofrezcan soluciones a sus problemas — tal como hacen muchos hombres — sino simplemente ser escuchada y comprendida. La falta de voluntad de conversar que evidencian gran cantidad de hombres no equivale necesariamente al fin del amor. Sin embargo, aparece como una de las primeras causas de divorcio.

Falacias del amor. ¿Por qué Occidente anudó amor y sufrimiento? es una historia filosófica del amor que identifica una serie de falacias que se cometen en el marco del amor romántico, anudando amor y sufrimiento. Un contraste entre el amor entendido como un impulso irracional y el amor como arte.

Puede descargarse el libro con el permiso de la autora aquí.

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