Es más fácil culpar a los hombres que verlos como víctimas

Escrito por Tania Reynolds y publicado en Male Psychology Network el 15 de junio de 2019

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Una mirada superficial a los artículos de noticias recientes sobre el género sugiere que las mujeres están luchando en la sociedad moderna, y que de manera uniforme lo tienen peor que los hombres. De hecho, hay muchos contextos en los que las mujeres están en desventaja, como la constante de que haya menos mujeres líderes mundiales, CEO y catedráticas. En la parte superior de la distribución social, los hombres están sobrerrepresentados, lo que sin duda merece atención y preocupación. Sin embargo, si uno se fijara cuidadosamente en la parte inferior de la distribución social, podría sorprenderse al ver que los hombres también están sobrerrepresentados. Por ejemplo, en comparación con las mujeres, los hombres tienen más probabilidades de no tener hogar, sufrir de abuso de sustancias, suicidarse, abandonar la escuela secundaria, no ir nunca a la universidad, ser encarcelados e incluso morir 5 años antes en promedio.

¿Por qué se presta mucha menos atención a las discrepancias sociales en las que los hombres se ven afectados de manera desproporcionada? El lector podría abrazar el argumento de que “estos temas están bajo el control de los hombres”. Tal vez eso sea cierto, hasta cierto punto. Sin embargo, hay algunos casos en los que estas discrepancias son al menos parcialmente el resultado de sesgos activos. Por ejemplo, la investigación jurídica demuestra que los hombres reciben sentencias de prisión más largas que las mujeres, incluso cuando cometen delitos idénticos (Mazella & Feingold, 1994; Mustard, 2001). ¿Por qué, entonces, no reconocemos estos casos en los que los hombres están sufriendo?

Los investigadores en psicología moral cognitiva han descubierto que cuando las personas evalúan situaciones en las que se produce un daño, instintivamente colocan a las partes involucradas en uno de dos roles: perpetrador intencional y víctima de sufrimiento (Gray & Wegner, 2009). Es decir, la mente humana percibe naturalmente las acciones morales a través de una plantilla diádica, de manera que asumimos que los involucrados son el agente causante del daño o el paciente que experimenta el daño. Además, una vez que se presenta un objetivo como autor, es increíblemente difícil verlo como una víctima, y viceversa.

En nuestra investigación, probamos la hipótesis de que la aplicación de esta plantilla cognitiva podría estar sesgada por género. (Reynolds, Howard, Sjastad, Okimoto, Baumeister, Aquino, & Kim, 2019) Específicamente, predijimos que las personas colocan más fácilmente a los hombres en el papel de perpetradores y a las mujeres en el papel de víctimas de sufrimiento. Si es así, esta tendencia podría sugerir que es un desafío para nosotros percibir a los hombres como víctimas y responder de manera compasiva a su sufrimiento.

Para probar esta hipótesis, pedimos a los participantes que evaluaran situaciones que implicaran daños en el lugar de trabajo, tales como que un cirujano acosaba a su aprendiz quirúrgico. Manipulamos si nos referíamos a los objetivos en los escenarios como víctima y perpetrador o, de manera más neutral, como “parte A o B”. Se les pidió a los participantes que recordaran si el objetivo dañado era un hombre o una mujer, aunque el escenario nunca lo mencionó. A través de los diferentes escenarios, encontramos que la gente asumió abrumadoramente que el objetivo dañado era una mujer, pero especialmente cuando etiquetamos a los objetivos como perpetradores/víctimas. Este hallazgo sugiere que es más fácil colocar a las mujeres en el papel de víctimas. Además, cuando los participantes asumieron que el objetivo de daño era femenino, se sintieron más cálidos hacia ella y la percibieron como más moral, en comparación con cuando asumieron que el objetivo dañado era masculino.

En otro estudio, los participantes evaluaron una broma ambigua hecha en el lugar de trabajo. Esta vez, manipulamos el sexo tanto del empleado que hacía la broma subida de tono como el del destinatario de la declaración. Los participantes asumieron que una empleada que escuchase la broma experimentaría más dolor que un receptor masculino ante la misma declaración.

Además, los participantes también cambiaron sus percepciones sobre el empleado que hacía la broma. Cuando un hombre hacía la broma, los participantes estaban más dispuestos a castigarlo, menos dispuestos a perdonarlo, menos dispuestos a trabajar con él, y menos dispuestos a nominarlo para un puesto de liderazgo, en comparación con una mujer que hacía exactamente la misma broma. Estas constantes sugieren que no solo reconocemos más fácilmente el daño a las mujeres, sino que también deseamos con más fuerza castigar a los hombres, una respuesta típica hacia aquellos que son colocados en el papel de perpetradores.

Luego quisimos explorar si esta constante es válida para grupos de hombres o de mujeres. Hicimos que los participantes evaluaran un escenario en el que un equipo directivo necesitaba tomar la decisión de despedir a un grupo de empleados cuyos trabajos eran redundantes. Manipulamos si esos empleados despedidos eran hombres o mujeres, pero mantuvimos todo lo demás de la misma manera. Los participantes asumieron que las empleadas despedidas sufrían más dolor que los empleados varones despedidos, aunque los datos del mundo real sugieren que los hombres que pierden su trabajo sufren peores resultados (Wang, Lesage, Schmitz, Drapeau, 2008).

Además, los participantes también juzgaron de manera diferente al equipo directivo en base a nuestra manipulación. Se suponía que los gerentes que despedían a las mujeres habían infligido más daño, que habían tomado una decisión más injusta y que eran menos morales. Esta constante sugiere que no solo reconocemos más fácilmente el sufrimiento de las mujeres, sino que también juzgamos más severamente a quienes infligen sufrimiento a las mujeres que a quienes infligen sufrimiento a los hombres.

En conjunto, este conjunto de hallazgos indica que nuestra aplicación del encasillamiento moral está sesgada por género. Colocamos más fácilmente a las mujeres en el papel de víctimas, lo que nos hace más sensibles a su sufrimiento. También colocamos más fácilmente a los hombres en el papel de perpetradores, lo que nos hace más propensos a castigarlos y culparlos.

Este sesgo de género en el encasillamiento moral tiene muchas implicaciones importantes. Sugiere que cuando nos encontremos con el sufrimiento de los hombres, estaremos menos inclinados a notarlo, a percibirlo como injusto, o a sentirnos motivados para aliviarlo.

Nuestros hallazgos pueden ayudar a explicar la discusión asimétrica en torno a las diferencias de género en los resultados sociales. Es cognitivamente más fácil para nosotros detectar el sufrimiento de las mujeres y responder con simpatía y ayuda. Sin embargo, cuando conocemos estas estadísticas sobre los resultados negativos que sufren los hombres, nos inclinamos menos a ver a los hombres como víctimas y, en cambio, podríamos pasar por alto el sufrimiento o simplemente culpar a los propios hombres.

Referencias

Gray, K., & Wegner, D. M. (2009). «Moral typecasting: divergent perceptions of moral agents and moral patients». Journal of Personality and Social Psychology, 96, 505–520.

Mazzella, R., & Feingold, A. (1994). «The effects of physical attractiveness, race, socioeconomic status, and gender of defendants and victims on judgments of mock jurors: A meta‐analysis». Journal of Applied Social Psychology, 24, 1315–1338.

Mustard, D. B. (2001). «Racial, ethnic, and gender disparities in sentencing: Evidence from the US federal courts». The Journal of Law and Economics, 44, 285–314.

Reynolds, T., Howard, C., Sjastad, H., Okimoto, T., Baumeister, R. F., Aquino, K., & Kim, J. (invited revision). «Man up and take it: Gender bias in moral typecasting».

Wang, J., Lesage, A., Schmitz, N., & Drapeau, A. (2008). «The relationship between work stress and mental disorders in men and women: findings from a population-based study». Journal of Epidemiology & Community Health, 62, 42–47.

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Tania Reynolds recibió su doctorado en Psicología Social de la Universidad Estatal de Florida del Dr. Roy Baumeister y del Dr. Jon Maner. Su investigación examina cómo la presión para competir por parejas sociales y románticas afecta asimétricamente los comportamientos competitivos y el bienestar de hombres y mujeres.

A través de una cita conjunta con el departamento de Estudios de Género, Reynolds ofrece cursos sobre sexualidad humana y diferencias de sexo/género. Como equipo de investigación en colaboración con Justin Garcia y Amanda Gesselman, Reynolds espera examinar los predictores de disposición y los correlatos fisiológicos de las experiencias de relaciones románticas de los individuos, así como la forma en que estas asociaciones pueden diferir según el género y la orientación sexual.

Written by

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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