Es hora de una política de género con base en la evidencia [G]

Escrito por Teresa Giménez Barbat y publicado en Quillette el 20 de febrero de 2018

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Durante décadas, estuvo de moda poner el concepto de verdad, incluso de verdad científica, en cuestión. Para quienes consideraban que la modernidad estaba completamente superada, la realidad era un simulacro, todo era relativo, no había referencias objetivas sino “textos”, y la “verdad” no era más que opresión enmascarada.

Esta tendencia intelectual, a pesar de enfrentarse a cierta resistencia y, finalmente, ser ridiculizada por el caso Sokal, es alarmante. Coincide con el aumento del término “post-truth” (“posverdad”), que fue proclamada “Palabra del Año” por los Diccionarios Oxford en 2016.

En un mundo que vive en paz con el relativismo o, a lo sumo, con verdades “líquidas” y “débiles”, la preocupación por la verdad ha regresado. Lo que durante mucho tiempo se consideró un tema para filósofos o teólogos ahora está llegando a los artículos de opinión de los periódicos y la agenda política y legislativa. Todos los que se encuentran en una posición de poder e influencia parecen estar preocupados por la difusión de las llamadas “noticias falsas” y el extremismo antiliberal.

Pero este fuerte resurgimiento del populismo y la irracionalidad está provocando una reacción. Actualmente se habla mucho sobre verificación de datos, de Big Data o mecanismos de asesoramiento científico para grandes instituciones políticas, como la Comisión Europea. Simultáneamente, hay una conciencia creciente sobre los problemas dentro de la ciencia moderna (como la crisis de reproducibilidad, la falta de diversidad ideológica y la resistencia a las demandas por una ciencia abierta…) y sobre los límites naturales de la racionalidad humana.

Todos podemos estar de acuerdo en la necesidad de evidencia científica para legislar mejor. ¿Pero realmente tenemos pruebas sólidas y fuentes científicas de confianza, particularmente en áreas políticamente muy sensibles como el género? Mucho me temo que este no es siempre el caso.

Un estudio sueco descubrió, por ejemplo, que los “estudios de género” son los mejor financiados, pero también más sesgados y menos objetivos de todas las disciplinas dentro de las humanidades y las ciencias sociales.

Esto es relevante porque la ciencia sobre las diferencias de sexo y de género, — explicada por Susan Pinker en Bruselas dentro de la serie de debates EUROMIND, que tengo el honor de coordinar — , no es solo una curiosidad intelectual, sino algo que tiene una profunda influencia en la legislación que afecta a la vida de millones de personas.

Un caso ilustrativo es el informe recientemente discutido y votado en el Parlamento de la UE sobre el “Convenio de Estambul” sobre la prevención y lucha contra la violencia contra las mujeres y la violencia doméstica. Esta es una iniciativa importante y pionera dentro del derecho internacional: un documento que refleja un cambio muy significativo en las actitudes sociales hacia la violencia contra las mujeres, algo que ya no queremos tolerar.

Sin embargo, me preocupa que estas iniciativas legislativas muestren un déficit de empatía hacia hombres y niños, que también son víctimas de la violencia, y que ignoren en gran medida la evidencia científica disponible, incluso de estudios financiados por la Unión, como el proyecto doVE (véase Costa et al. 2015),[i] que muestran porcentajes similares por sexo en la perpetración/victimización en el abuso doméstico en Europa. Esta evidencia ha sido ampliamente revisada por investigadores independientes como Nicola Graham-Kevan, pero aparentemente no ha sido suficientemente tomada en cuenta por los comités políticos responsables. De hecho, no puedo encontrar una sola referencia en el informe mencionado anteriormente para las víctimas masculinas.

Estoy convencida de que la revolución por los derechos de las últimas décadas, incluida la lucha por la deslegitimación cultural y el enjuiciamiento legal de la violencia contra las mujeres, llevada a cabo por el movimiento feminista, representa un claro ejemplo de progreso moral. Al mismo tiempo, creo que se necesita un nuevo “giro” para incluir a todas las víctimas reales: mujeres, hombres y niños de ambos sexos, como sugiere Steven Pinker en un capítulo de su libro Los mejores ángeles de nuestra naturaleza. Estoy de acuerdo con Rebecca Steinfeld y Brian D. Earp que necesitamos un nuevo paradigma moral y legal para poner en tela de juicio las distinciones arbitrarias basadas en el sexo o el género, particularmente cuando se trata de violencia sexual.

Para que esta visión se materialice, nuestro círculo de empatía tendrá que ampliarse, pensemos por un momento en el problema del suicidio masculino, pero también tendremos que confiar más en la evidencia y el asesoramiento científico experto, en el contexto de un entorno más independiente, con ciencia con diversidad ideológica.

Todavía no tenemos una forma de liberar la toma de decisiones políticas de ideologías, intereses y emociones. He sido miembro del Parlamento de la UE desde noviembre de 2015, cuando me uní a un grupo político liberal con una orientación ideológica particular, ALDE, pero por ahora no existe un robot inteligente autónomo que haga el trabajo duro por nosotros. Tenemos una racionalidad limitada y una naturaleza política. Esto implica que el razonamiento político obviamente no opera desde una “pizarra en blanco”, sino en el contexto de las instituciones sociales existentes, limitadas por un conjunto de adaptaciones evolucionadas, sesgos y orientaciones heredadas que varían individualmente.

Creo que debemos entender estas orientaciones políticas como recursos para navegar en un mundo lleno de incertidumbres, no como dogmas que pretenden ignorar la realidad e impermeables a la verdad científica. Una mejor comprensión de los problemas a los que nos enfrentamos, y una conciencia de nuestros propios prejuicios y debilidades humanas, es nuestra primera gran batalla que debemos ganar.

Teresa Giménez Barbat es eurodiputada española, escritora, antropóloga y miembro del Parlamento Europeo, donde defiende el humanismo secular, el universalismo racionalista y el escepticismo. Es la organizadora de la serie de debates EUROMIND sobre humanismo y ciencia en el Parlamento Europeo.

[i] De las conclusiones: “Las estimaciones de prevalencia similares entre hombres y mujeres dentro de la misma ciudad y el patrón bidireccional o recíproco (ser tanto víctima como perpetrador) observados en las experiencias de agresión psicológica, agresión física y lesiones deben hacer reconsiderar el diseño y la evaluación de las intervenciones preventivas”.

Written by

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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