En defensa del estoicismo masculino [G]

Escrito por Ben Sixsmith y publicado en Quillette el 21 de diciembre de 2018

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Me hice cargo de la enfermedad mental más estereotipadamente femenina de la manera más estereotipadamente masculina. Después de reconocer que era anoréxico, y de decidir que no quería serlo, bajé la cabeza y traté de recuperarme con el mínimo esfuerzo. No le conté a casi nadie sobre mi condición, y casi nunca lo hablé con la gente a la que se lo había contado. Tuve dos sesiones con un terapeuta — casi la primera después de perderme y aterrorizar a los peatones corriendo hacia ellos, con los ojos desorbitados, para preguntarles cómo llegar al centro de salud mental — y luego lo abandoné por vergüenza y reticencia. No quería hablar, y no lloré, y no tenía ningún deseo de tomar la mano de nadie o ser abrazado.

Como medio de recuperación, no lo recomendaría. Tuve la suerte de tener una familia que me apoyó mientras me recuperaba, y alguien menos privilegiado necesitaría apoyo adicional. Si hubiera estado más abierto a la ayuda profesional, sin embargo, podría haber tenido una recuperación más rápida y completa, y si alguien siente que puede ser bueno para él, no tengo ninguna reserva en aconsejarle que la busque.

Pero yo no era así. Recuperarme por mi cuenta no fue un camino que tomé debido al estigma, al prejuicio o a cualquier impulso consciente de ser masculino. Había pasado mi adolescencia admirando a Richey Edwards, Emo Philips y Oscar Wilde. Lo último que quería ser era un macho. La vergüenza que surgió al hablar de mis emociones fue un aspecto profundamente arraigado de mi personalidad y, hasta cierto punto, ha perdurado. Escribo, en gran parte, porque para mí siempre ha sido un medio más atractivo para transmitir mis pensamientos y sentimientos que hablar.

El estoicismo masculino se ha caracterizado por ser facilitar la enfermedad mental y contribuir al suicidio. Se han dedicado innumerables artículos e innumerables campañas a ayudar a los hombres a llorar, a poner fin a la frase «sé un hombre» y, sobre todo, a hacer que los hombres hablen. Esto es valioso, al menos en teoría. Los hombres se suicidan con mayor frecuencia que las mujeres, pero son menos propensos a hablar con alguien si sufren estrés, depresión o soledad. Muchos de ellos sienten que de alguna manera eso sería patético. Esto es un problema y merece ser refutado. Nadie debería sentirse débil por admitir que tiene dolor, y si eso suena a tópico, yo añadiría que otras estrategias de afrontamiento como las drogas, el alcohol y el suicidio terminarán causando problemas mucho peores que admitir eso.

Sin embargo, creo que se han evitado algunas cuestiones. Una de ellas es que la brecha de género en el suicidio es compleja. Las mujeres intentan suicidarse más que los hombres, pero la preferencia masculina por medios más violentos al hacerlo, como las armas de fuego y la horca, ha logrado que un mayor número de ellos tengan éxito. Los hombres son más propensos al autismo y las personas autistas, trágicamente, tienen un mayor riesgo de suicidio.

También debemos tener en cuenta que resolver problemas que agravan el estrés, la depresión y la soledad es una tarea más difícil, menos vendible y, sin embargo, más esencial que tratar los problemas cuando surgen. Los problemas con las deudas, la desintegración familiar, los tribunales de familia injustos, la falta de reglamentación en materia de drogas y la disminución del capital cultural contribuyen a los problemas mentales y al suicidio, y no tiene sentido tratar los resultados sin abordar las causas. Por supuesto, podemos hacer ambas cosas. Pero debemos hacer ambas cosas.

Más allá de todo esto, me preocupa que el admirable trabajo de abordar la vergüenza que sienten los hombres cuando hablan o lloran, o buscan ayuda profesional, pueda llevar a avergonzar a hombres que no desean hablar o llorar o buscar ayuda profesional. Nuestra cultura está sesgada hacia la suposición de que nuestras actitudes son el producto de nuestro entorno, y que los rasgos de carácter que hemos considerado dañinos han sido implantados en nosotros por influencias dañinas. En el pasado, a menudo se daba por sentado que cualquier debilidad por parte de los hombres era una traición antinatural a nuestro verdadero yo. En nuestro tiempo, me temo que nos arriesgamos a hacer lo contrario. ¿No quieres llorar? ¿Qué es lo que te pasa?

Puede haber, como he escrito, un indicio de oportunismo en los textos modernos sobre la salud mental masculina. La reserva masculina, para algunos, es solo otro aspecto de la «masculinidad tóxica», junto con la agresión, la depredación sexual, la competitividad, lel humor irreverente y cualquier otra cosa que afrente a los progresistas como especialmente odiosa. Yo sería la última persona en sugerir que algunos instintos dañinos no están desproporcionadamente presentes entre los hombres. Si esto no fuera cierto, nuestra demografía carcelaria sería muy diferente. Aún así, creo que algunos progresistas empaquetan rasgos dañinos junto con rasgos más sanos y luego patologizan todo el lote.

«¿Podemos dejar el machismo y la misoginia?», escribió el autor Tim Winton. «¿Renunciarán alguna vez a la carrera, al juego, a la lucha y se unirán al baile?». ¿Qué es lo que es inherentemente malo en las carreras, o en los juegos, o incluso en las peleas en situaciones consensuadas y controladas? Los instintos competitivos e incluso agresivos pueden ser útiles y satisfactorios si se canalizan adecuadamente.

Mil artículos de «How The Patriarchy Harms Men and Boys, Too» (Cómo el patriarcado perjudica también a los hombres y a los niños) han florecido en Internet. Aquí no hay sutilezas. «Desde el nacimiento», dice un artículo en Bustle, «a los hombres se los desanima a mostrar emociones». Como si hubiera madres y padres que intentan silenciar a sus hijos mientras gritan en las salas de maternidad.

La salud mental es algo más complejo que «represión» contra «expresión». En primer lugar, hay diferencias en cómo experimentamos los sentimientos. La rumiaación depresiva es más común entre las mujeres que entre los hombres, lo que puede hacerlas más vulnerables al estrés y la depresión. Yo no recomendaría «Deja de pensar en eso» como lema de una campaña de salud mental, si complica la situación. El afrontamiento racional y la supresión emocional son más comunes entre los hombres que entre las mujeres y pueden ser una respuesta productiva a las luchas de la vida. Las necesidades psicológicas varían dependiendo de la persona y de la situación — sin duda, no solo entre los sexos — y no existe un modelo único y sencillo de cómo hacer frente a las dificultades y el dolor. Todos estamos de acuerdo en que nadie debe sentirse avergonzado por hablar, llorar o buscar ayuda profesional, pero no debemos patologizar la aversión a hacerlo bajo estandartes rígidos como «masculinidad tóxica».

El estoicismo es algo bueno que, como todas las cosas buenas, se vuelve perjudicial en exceso. Incluso en el relativamente cómodo Occidente nuestras vidas son duras. Tenemos cuentas que pagar, y trabajos que conservar, relaciones que mantener, y niños que criar. Muchas personas viven con la enfermedad, la pena, o el dolor la separación o de los sueños que se han ido a la ruina. Algunas personas están tristes de una manera profunda y persistente. A veces tenemos que apretar los dientes en medio del estrés y el sufrimiento, o nuestras vidas se desmoronarán y dañarán a los que amamos. Algunas personas tienen más responsabilidad que otras y deben aguantar con los puños cerrados mientras se muerden la lengua. Debemos ayudar a las personas a encontrar los medios para expresarse y animarlas a apreciar que los problemas mentales exigen atención tan seguramente como los problemas físicos exigen atención. Sin embargo, debemos buscar un equilibrio al hacerlo; un equilibrio inestable e imperfecto, sí, pero solo tan inestable e imperfecto como los seres humanos, que pueden saber lo que es una enfermedad mental pero que nunca alcanzarán un estado de salud mental sin mácula.

Ben Sixsmith es un escritor inglés que vive en Polonia. Visita su sitio web aquí y síguelo en Twitter @BDSixsmith

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Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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