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El Pene Conceptual como una construcción social

Un engaño al estilo Sokal sobre los estudios de género.

Peter Boghossian (alias Peter Boyle, ED.D) y James Lindsay (alias Jamie Lindsay, PH.D.)

El supuesto científico y metacientífico androcéntrico de que el pene es el órgano reproductor masculino es apabullante y, en gran parte, indiscutible.

Así es como empezamos, usamos esta oración absurda para presentar un “artículo” de 3.000 palabras de tonterías disfrazadas de trabajo académico y que, posteriormente, una revista académica del ámbito de las ciencias sociales con revisión por pares aceptó y publicó.

Este artículo nunca debió haber sido publicado. Con el título “El pene conceptual como un constructo social”, en nuestro trabajo “argumentamos” que “El pene con respecto a la masculinidad es una construcción incoherente. Argumentamos que el pene conceptual se comprende mejor no como un órgano anatómico, sino más bien como una performatividad de género, un constructo social altamente fluido”. Como para probar la afirmación del filósofo David Hume de que hay una profunda brecha entre lo que es y lo que debería ser, nuestro trabajo, que nunca-debió-haber-sido-publicado, fue publicado en la revista de acceso abierto (lo que significa que los artículos son de acceso gratuito y no están detrás de un muro de pago), la revista revisada por pares Cogent Social Sciences. (En caso de que el PDF sea eliminado, lo hemos archivado).

Usando los seudónimos “Jamie Lindsay” y “Peter Boyle”, y escribiendo para el ficticio “Grupo de Investigación Social Independiente del Sureste”, escribimos un trabajo absurdo vagamente compuesto al estilo de la teoría discursiva de género posestructuralista. El artículo era ridículo de manera intencionada, argumentando esencialmente que los penes no deben ser considerados órganos genitales masculinos sino construcciones sociales dañinas. No intentamos averiguar qué significa realmente la “teoría discursiva de género posestructuralista”. Dimos por sentado que si dejásemos de manera clara que nuestras implicaciones morales se basaban en que la masculinidad es intrínsecamente mala y que el pene está de alguna manera en la raíz de todo esto, podríamos conseguir que el artículo se publicase en una revista respetable.

Esta caracterización ya condenatoria de nuestro engaño subestima la falta de aptitud de nuestro trabajo para ser incluido como publicación académica en órdenes de magnitud. No intentamos que el artículo fuese coherente; en su lugar, lo llenamos de jerga (“discursivo” e “isomorfismo”), tonterías (como argumentar que los hombres hipermasculinos están dentro y fuera de ciertos discursos al mismo tiempo), frases clave (sociedad prepospatriarcal), referencias lascivas a los términos relativos al pene, insultos hacia los hombres (incluido el de hacer referencia a algunos hombres que eligen no tener hijos como “incapaces de coaccionar a una pareja”) y alusiones a la violación del espacio o “manspreading”–quejarse de que los hombres se sienten con las piernas abiertas– es “similar a violar el espacio a su alrededor”. Después de redactar el artículo, lo leímos con atención para asegurarnos de que no decía nada significativo y, como ninguno de nosotros pudo determinar de qué trataba realmente, lo consideramos un éxito.

Considere algunos ejemplos. He aquí un párrafo de la conclusión, que ambos revisores tuvieron en alta estima:

Concluimos así que la mejor forma de comprender el concepto de pene no es como el órgano sexual masculino, o como el órgano reproductor masculino, sino como una construcción social promulgada que es, a la vez, perjudicial y problemática para la sociedad y las futuras generaciones. El pene conceptual presenta problemas significativos para la identidad de género y la identidad reproductiva dentro de la dinámica social y familiar, tiene un carácter excluyente en las comunidades marginadas basadas en el género o la identidad reproductiva, es una fuente inagotable de abuso hacia las mujeres, así como hacia otros grupos y personas marginadas por motivos de género, es el origen performativo de la violación, y es el motor conceptual que está detrás de gran parte del cambio climático.

Sí, lo ha leído bien, afirmamos que el cambio climático lo causan “conceptualmente” los penes. ¿Cómo defendimos esa afirmación? De la siguiente forma:

Los enfoques hegemónicamente masculinos destructivos e insostenibles de las políticas y acciones ambientales más urgentes son el resultado predecible de una violación de la naturaleza por una mentalidad dominada por los hombres. Esta mentalidad se capta mejor reconociendo el papel del pene conceptual en la psicología masculina. Cuando se aplica a nuestro entorno natural, especialmente en los ambientes vírgenes que se pueden expoliar fácilmente por sus recursos materiales, y quedan dilapidados y menoscabados cuando nuestros enfoques patriarcales del beneficio económico han robado su valor inherente, la extrapolación de la cultura de la violación inherente al pene conceptual se hace evidente.

Y así, lo que afirmamos se desprende de lo anterior mediante una cita sin sentido generada algorítmicamente de un documento ficticio, al que nos referimos y citamos explícitamente en el documento:

La hipermasculinidad tóxica deriva su significado directamente del pene conceptual y se aplica a apoyar el materialismo neocapitalista, que es un impulsor fundamental del cambio climático, especialmente por el uso desenfrenado de tecnologías de combustibles fósiles que emiten carbono y por el dominio descuidado de los entornos naturales vírgenes. No es necesario profundizar en las críticas al objetivismo dialéctico, ni en sus relaciones con los tropos masculinos como el pene conceptual para hacer una crítica efectiva del objetivismo dialéctico (excluyente). Todas las perspectivas importan.

Si tiene problemas para entender lo que significa algo de eso, hay dos puntos importantes a considerar. En primer lugar, nosotros tampoco lo entendemos. Nadie lo entiende. Este problema debería haber bastado para dejarlo inédito para todas las revistas académicas revisadas por pares. En segundo lugar, estos ejemplos son notablemente lúcidos comparados con gran parte del resto del trabajo. Considere este último ejemplo:

En la medida en que la masculinidad es esencialmente performativa, también lo es el pene conceptual. El pene, según Judith Butler, “solo se puede entender en referencia a lo que se excluye del significante dentro del dominio de la legibilidad corporal” (Butler, 1993). El pene no se debe entender como una expresión honesta de la intención del performer si se presenta en una performance de masculinidad o hipermasculinidad. Así, el isomorfismo entre el pene conceptual y lo que se denomina en la literatura feminista discursiva como “hipermasculinidad tóxica” se define con base en un vector de la cultura masculina machismo (así, en el original, N. del T.) braggadocio con el pene conceptual en el papel de sujeto, objeto y verbo de acción. El resultado de esta tricotomía de papeles es posicionar a los hombres hipermasculinos tanto dentro como fuera de los discursos que compiten entre sí, cuya dinámica, como se observa en el análisis posestructuralista del discurso, promueve una interacción sistemática de poder en la que los hombres hipermasculinos usan el pene conceptual para pasar de sujetos impotentes a sujetos poderosos (cfr. Foucault, 1972).

Nadie sabe qué significa esto porque es un completo disparate. Quien diga que lo entiende, miente. Punto final.

Pero esto todavía va a peor. No solo el texto es ridículo, sino también las referencias. La mayoría de ellas son citas a trabajos y cifras de este ámbito que apenas tienen sentido en el marco del texto. Otras se obtuvieron buscando palabras clave y trabajos que sonaban plausiblemente relacionados con las palabras que citamos. De todas estas fuentes no leímos absolutamente ninguna, con toda la intención, pues formaba parte del engaño. Y todavía va a peor…

Algunas referencias citan el Postmodern Generator, un sitio web codificado en la década de 1990 por Andrew Bulhak que presenta un algoritmo basado en el método del físico de la Universidad de Nueva York Alan Sokal para engañar a una revista de estudios culturales llamada Social Text y que genera un “artículo” posmoderno cada vez que la página se recarga. Gran parte de nuestras citas y referencias proceden del Postmodern Generator. Entre ellas se incluyen citas sin sentido incorporadas en el cuerpo del documento que remiten a cinco “trabajos” diferentes generados en tan solo unos minutos.

Cinco referencias a trabajos falsos en revistas que no existen es sorprendente por sí solo, pero es increíble dado que el trabajo original que presentamos tenía sólo dieciséis referencias en total (ahora tiene veinte, después de que un revisor pidiera más ejemplos). Cerca de un tercio de nuestras referencias en el documento original van a fuentes falsas de un sitio web, burlándonos del hecho de que este tipo de cosas es descerebradamente posible, particularmente en los campos “académicos” corrompidos por el postmodernismo. (Más sobre eso más tarde.)

Dos de las revistas falsas citadas son Deconstructions from Elsewhere y And/Or Press, que se obtuvieron directamente a partir de citas ficticias generadas algorítmicamente en el Postmodern Generator. Otra de las citas se remite al investigador ficticio “S. Q. Scameron”, cuyo nombre, completamente inventado, aparece en el cuerpo del trabajo varias veces. En respuesta a esto, los revisores consideraron que nuestras referencias eran “sólidas”, incluso después de un control de referencias cruzadas aparentemente cuidadoso llevado a cabo en la fase final de aprobación editorial. No importa cuánto esfuerzo se haga, parece que simplemente nadie puede superar al genio de Cogent Social Sciences.

Sin embargo, originalmente no pretendíamos engañar a Cogent Social Sciences. Si lo hubiésemos hecho, esta historia sería solo la mitad de interesante y una décima parte de aparentemente condenatoria. Otra revista, NORMA: International Journal for Masculinity Studies, del grupo editorial Taylor & Francis, nos recomendó Cogent Social Sciences. NORMA rechazó “El pene conceptual como un constructo social”, pero pensó que encajaría bien en la Serie Cogent, que trabaja de forma independiente dentro del grupo Taylor & Francis. En su carta de rechazo, los editores de NORMA escribieron:

Creemos que su artículo sería muy adecuado para nuestra Serie Cogent, una plataforma de publicaciones multidisciplinaria y abierta para difundir de forma rápida investigaciones revisadas por pares en todas las disciplinas.

Si reenvían su artículo:

* Ahorrarán tiempo, ya que no es necesario volver a formatearlo ni reenviar su trabajo manualmente.

* Tendrán una más rápida publicación porque las revisiones anteriores se transfieren con su manuscrito.

Para asegurar que todo el trabajo esté abierto a todos, la Serie Cogent les invita a hacer una contribución de “pague lo que consideres” para los costos de la publicación de acceso abierto si su artículo es aceptado para su publicación. Tanto ustedes, como autores, como la institución o entidad que haya financiado la investigación puede realizar este pago. Muchas instituciones y entidades de financiación proporcionan apoyo económico para publicar en acceso abierto.

Hicimos una transferencia y Cogent Social Sciences aceptó “El pene conceptual como un constructo social”. Los revisores fueron sorprendentemente alentadores, dándonos notas muy altas en casi todas las categorías. Por ejemplo, un revisor calificó nuestra propuesta de tesis como “sólida” y la elogió de la siguiente forma: “Captura [sic] la cuestión de la hipermasculinidad a través de un proceso multidimensional y no lineal” (algo que nosotros interpretamos como que deambula sin rumbo a través de muchas capas de jerga y tonterías). El otro revisor calificó la tesis, junto con el artículo completo, como “excepcional” en cada una de las categorías.

Sin embargo, no aceptaron el papel de inmediato. El Revisor Nº 2 de Cogent Social Sciences nos ofreció unas cuantas correcciones relativamente fáciles para hacer que nuestro trabajo fuese “mejor”. Las finalizamos sin esfuerzo en unas dos horas, poniendo un poco más de tonterías sobre el “manspreading” (que alegamos que es una de las causas del cambio climático) y los “concursos de quién la tiene más larga”.

Cogent Social Sciences es una revista multidisciplinaria de acceso abierto que ofrece una revisión por pares de excelente calidad en todos los campos de las ciencias sociales, desde el Derecho, la Sociología, la Política, la Geografía y el Deporte a la Comunicación. Conecte su investigación con un público global para obtener el máximo número de lectores e impacto.

Una de las cuestiones más importantes a las que se enfrenta la publicación con revisión por pares es la siguiente: “¿Son las revistas de acceso abierto en las que se paga por publicar el futuro de la publicación académica?”. Al parecer hemos respondido a esa pregunta con un gran ¡NO! en rojo.

Sin embargo ese ¡NO! tiene un asterisco. Es decir, el proceso llevado a cabo en las revistas de acceso abierto en las que se paga por publicar no puede garantizar una calidad si no cuenta con unas medidas de protección muy estrictas, algo que no sorprenderá a aquellos que ya estén familiarizados con este debate. No hay nada malo de manera necesaria o intrínseca en las revistas de acceso abierto o en las que se paga por publicar, y en última instancia pueden resultar de gran valor. Sin embargo, a corto plazo, la publicación de pago puede ser un problema importante debido a las tendencias inherentes a los conflictos de intereses, ya que los beneficios están por encima de la calidad académica, es decir, el ánimo de lucro es peligroso porque las cuestiones éticas son caras.

El mecanismo de pagar por publicar no debe afectar a las normas de control de la calidad del proceso de revisión por pares. Cogent Open Access afirma que consigue resolver este problema mediante un proceso de revisión ciega. ¿Funciona? Tal vez no siempre, si este caso sirve como indicio. Algunas revistas en las que se paga por publicar explotan felizmente a académicos preocupados por su carrera profesional y publican cualquier cosa (véase el famoso engaño del artículo de Seinfeld) [1]. ¿Estamos en el mismo caso? Los académicos de los estudios de género comprometidos con la integridad de su disciplina académica deberían esperar que así sea, y tienen razones para sospechar. Por un módico precio de mínimo 625 dólares, Cogent Social Sciences estuvo dispuesta a publicar “El pene conceptual como un constructo social”. [2]

Sin embargo, al parecer, existe un problema aún más profundo aquí. Suponiendo que se trata de un medio depredador de pagar por publicar, nos sorprendió que una revista aparentemente respetable del grupo Taylor & Francis nos propusiera contribuir en la Serie Cogent (Nota de los autores: dejamos a criterio del lector considerar NORMA: International Journal for Masculinity Studies como una revista válida, aunque, aparentemente, la dirigen todos unos expertos académicos en el campo y no es una máquina depredadora de hacer dinero). El problema, entonces, quizás tenga que ver no solo con las revistas de pagar por publicar, sino también con la infraestructura que las soporta.

En suma, es difícil posicionar a Cogent Social Sciences en un rango que va desde una revista académica rigurosa en estudios de género a una fábrica predadora de dinero por publicar. En primer lugar, Cogent Social Sciences funciona con el imprimátur legitimador del grupo Taylor & Francis, con el evidentemente está estrechamente asociada. En segundo lugar, se presenta como una revista de acceso abierto de excelente calidad en el Directorio de Revistas de Acceso Abierto (DOAJ, por sus siglas en inglés), que pretende ser una lista fiable que recoge este tipo de publicaciones. De hecho, se encuentra registrada en otras organizaciones de acreditación similares.

Estos hechos ponen en duda la fácil defensa de que Cogent Social Sciences es una farsa de revista que aceptó “El pene conceptual como un constructo social” solo para ganar dinero. Como resultado, con independencia de que Cogent Social Sciences se sitúe en el espectro que acabamos de mencionar, existen razones sólidas para considerar que gran parte del problema radica en el propio concepto de que cualquier revista es una “revista académica rigurosa en estudios de género”.

En 1996, Alan Sokal, profesor de Física de la Universidad de Nueva York, publicó un artículo falso titulado “Transgressing the Boundaries: Towards a Transformative Hermeneutics of Quantum Gravity” (Transgrediendo los límites: hacia una hermenéutica transformativa de la gravedad cuántica) en la revista de estudios culturales Social Text, publicada a su vez por Duke University Press. La publicación de este artículo sin sentido en una prestigiosa revista con una fuerte orientación posmodernista supuso un golpe devastador a la legitimidad intelectual del posmodernismo.

A continuación, Sokal y el físico belga Jean Bricmont escribieron en su libro de 1997, Fashionable Nonsense (literalmente Tonterías de moda. Se tradujo como Imposturas intelectuales, N. del T.) que ciertos tipos de ideas pueden llegar a ponerse tan de moda que incluso pueden poner en peligro la competencia crítica requerida en el proceso de revisión por pares. Esto da pie a que se publiquen completas tonterías, siempre que parezcan o suenen de cierta manera o promuevan ciertos valores. Con base en el engaño de Sokal, continuamos con nuestro engaño, aunque sabíamos que era necesario hacerlo de otra manera.

El objetivo de Sokal era demostrar que los abusos lingüísticos de moda, sobre todo aquellos que se basan en juegos de palabras y dobles sentidos relacionados con términos científicos, la aparente autoridad científica, la conformidad con ciertas normas políticas de la izquierda y el halago de las ideas preconcebidas académicas de un comité de redacción serían suficientes para asegurar la publicación y, por lo tanto, exponer el deficiente rigor académico de la erudición y del comentario social posmodernistas.

Uno de los principales objetivos del engaño de Sokal fue la apropiación de la terminología matemática y científica que los “estudiosos” posmodernistas no acababan de entender ni usar de manera correcta. (En nuestro trabajo incluimos los términos “isomorfismo” y “vector” en un sutil homenaje a Sokal). Fashionable Nonsense presta especial atención a los abusos de los posmodernistas de la terminología matemática y científica. Es decir, Sokal apuntó a un abuso académico por parte de los posmodernistas y dio en el centro de su objetivo. Su trabajo solo podría haber sido publicado si los posmodernistas que lo aprobaron exhibiesen motivaciones políticas abrumadoras y una asombrosa falta de comprensión de la terminología básica de las matemáticas y la física.

La comunidad científica estaba exuberante de que Sokal reventase la burbuja posmoderna porque estaban hartos de que los posmodernistas utilizasen mal los términos científicos y matemáticos para producir tonterías llenas de jerga y comentarios sociales extraños que llevaban la aparente gravedad de la terminología científica. Parece que Social Text aceptó el trabajo de Sokal específicamente porque Sokal era un científico reconocido que parecía haber visto la luz.

Nuestro engaño era similar, por supuesto, pero tenía como objetivo exponer un sesgo algo más alarmante. La más potente de las susceptibilidades humanas en relación a la corrupción por las tonterías de moda es la tentación de aprobar sin crítica alguna las tonterías que moralmente están de moda. Esto es, supusimos que podíamos publicar un artículo completamente absurdo y sin sentido siempre que mostrase a simple vista una actitud moralizante que concordaba con las convicciones éticas de los editores. Como cualquier impostor, nuestro artículo tenía que disfrazarse, y el nuestro fue el disfraz más ridículo y caricaturesco posible. No nos limitamos a ponerle un bigote obviamente falso para enmascarar su verdadera identidad, sino a ponerle dos de ellos como cejas.

Sokal expuso la infatuación de la burbuja académica que caracteriza todo el proyecto del posmodernismo académico. Nuestro objetivo era más pequeño pero más aguzado. Queríamos poner a prueba la hipótesis de que los halagos a la arquitectura moral de la izquierda académica en general, y a la ortodoxia moral de los estudios de género en particular es, de manera apabullante, lo que determina poder publicar en una revista académica en el campo. Es decir, nuestro objetivo fue demostrar que el deseo de que se valide una determinada visión moral del mundo puede superar la evaluación crítica requerida para la erudición. En particular, sospechamos que los estudios de género están lisiados a nivel académico debido a la creencia predominante y casi religiosa de que la masculinidad es la raíz de todo mal. Nuestra sospecha queda justificada con base en la evidencia. [3]

Una cuestión todavía más profundamente preocupante es que, por desgracia, creemos que nuestro engaño no romperá este hechizo. En primer lugar, el engaño de Alan Sokal, ahora con más de 20 años, no impidió que continuase la extraña “erudición” posmodernista. En concreto, no llevó a que se endureciesen los estándares que habrían bloqueado nuestro propio engaño. En segundo lugar, la gente no suele renunciar a sus apegos morales y a sus compromisos ideológicos simplemente porque no estén alineados con la realidad.

En la década de 1950, el psicólogo Leon Festinger reveló el funcionamiento del conocido fenómeno de la disonancia cognitiva cuando se infiltró una pequeña secta OVNI conocida como los “Buscadores”. Cuando las creencias apocalípticas de los Buscadores no consiguieron materializarse como habían predicho, Festinger documentó que muchos miembros de la secta se negaron a permitir que los hechos cambiasen por completo sus creencias básicas, así que las racionalizaron. Posteriormente, muchos Buscadores adoptaron la creencia de que el papel que desempeñaban era el de salvar al mundo con su fidelidad. Es decir, ¡creían que los extraterrestres que traían el día del juicio final estaban tan impresionados por su fe que decidieron no destruir el mundo después de todo!

Por lo tanto, es plausible que algunos académicos de los estudios de género afirmen que el “pene conceptual” tiene sentido tal y como lo describimos, que los hombres a menudo sufren de machismo braggadocio y que existe un isomorfismo entre estos conceptos a través de cierta concepción personal de la hipermasculinidad tóxica de su propio pene.

Esperamos sinceramente que no.

Hay, al menos, dos dolencias profundamente problemáticas que dañan la credibilidad del sistema de revisión por pares en campos tales como los estudios de género:

  1. la cámara de eco de las tonterías de moda motivados moralmente que provienen de las “ciencias sociales” posmodernas en general y de los departamentos de estudios de género en particular y
  2. el complejo problema de las revistas de pagar por publicar con estándares laxos que rivalizan en el ultracompetitivo ambiente académico de “publicar o perecer”. Al menos una de estas dolencias llevó a que “El pene conceptual como un constructo social” se publicase como un trabajo legítimo en el ámbito académico, y podemos esperar que los proponentes de cada ámbito le eche la culpa al otro.

“El pene conceptual como un constructo social” se sometió a un proceso de revisión ciega por pares y, sin embargo, fue aceptado para su publicación. Esto requiere una explicación seria. Parte de la culpa puede recaer en el modelo de acceso abierto, de pagar por publicar, pero el resto recae en todo el entramado empresarial académico denominado “estudios de género”. Como vemos, los estudios de género, en su formato actual, necesitan una limpieza a fondo.

Para repetir un punto crítico, este trabajo se publicó en una revista de ciencias sociales que una fuente académica, supuestamente fiable, nos recomendó. Al parecer, Cogent Social Sciences es una revista legítima con revisión por pares. Es obvio que la publicación de este artículo en una revista de este tipo revela que existe algún problema en el actual estado de la publicación académica. Los componentes del problema se reducen, al parecer, a dos: la mala conducta académica derivada de la toma de decisiones financieras de las revistas de pagar por publicar en acceso abierto, y la consanguinidad pseudoacadémica que contamina, o define, las ciencias sociales basadas en la teoría posmodernista.

Por otro lado, nadie está argumentando, ni hay ninguna razón para hacerlo, que revistas respetables como Nature y muchas otras hayan adoptado un proceso de revisión por pares que es fundamentalmente defectuoso o de alguna manera significativa corrupto. Gran parte del sistema de revisión por pares sigue siendo el criterio de referencia para el avance del conocimiento humano. El problema reside dentro de una nebulosa de revistas marginales y depredadoras que se dedican a ganar dinero por publicar. En varios casos se trata de revistas de acceso abierto, aunque es posible que, en gran medida, se trate de un problema específico de la disciplina, como, en un principio, esperamos. Después de todo, esta no es la primera vez que se engaña al campo académico del posmodernismo.

Este engaño, sin embargo, se encontraba arraigado a sesgos morales y políticos disfrazados de una teoría académica rigurosa. En un contexto de trabajo sesgado, endulzamos de manera exitosa las tonterías con una serie de sentimientos morales de moda y una jerga impenetrable. Cogent Social Sciences se tragó felizmente la broma. Dejó tras de si una tontería difícil de disfrazar.

El ambiente académico de “publicar o perecer” es en sí un veneno que necesita un remedio. Todo esto da lugar a revistas depredadoras con ánimo de lucro con poco o ningún nivel académico y que presionan a los académicos para que publiquen su trabajo a toda costa, aunque este sea marginal o dudoso. Muchos de estos académicos son víctimas de un sistema que les obliga a publicar más trabajos y a hacerlo más a menudo, en detrimento de la calidad de la investigación, y en estas revistas depredadoras que les ofrecen la ilusión del prestigio académico. Por supuesto, tenemos todo el derecho de sospechar que la mayoría de los académicos que han publicado en Cogent Social Sciences y otras revistas de la Serie Cogent sean realmente auténticos eruditos engañados por lo que puede ser un proceso de revisión por pares de baja calidad con un lenguaje bien pulido. La pregunta que lanzamos sobre la integridad fundamental de campos como los estudios de género parece, sin embargo, mucho más urgente.

“El pene conceptual como un constructo social” no debería haberse publicado por sus méritos, dado que se trataba de un trabajo que intentaba no tener absolutamente ningún mérito. La pregunta que se nos plantea ahora es: “¿Cómo podemos restaurar la fiabilidad del proceso de revisión por pares?”.

[1] Para más información, lea el famoso artículo del engaño del Dr. Martin Van Nostrand.

[2] La Universidad Estatal de Portland tiene un fondo dedicado a pagar por publicar en revistas de acceso abierto, y esta revista en particular fue calificada para tal. Por razones éticas, sin embargo, no solicitamos financiación, aunque en este caso estaba virtualmente garantizada. En cambio, el artículo fue financiado externamente por un partido independiente. Nunca recibimos una factura de la revista. No pagamos para que se publicase.

[3] Nuestra sospecha surgió de innumerables ejemplos documentados en el Twitter de @RealPeerReview gestionado por un anónimo.

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Dr. Peter Boghossian

El Dr. Peter Boghossian es miembro del cuerpo docente a tiempo completo del Departamento de Filosofía de la Universidad Estatal de Portland y profesor auxiliar de investigación en la División de Medicina Interna General de la Universidad de Ciencias de la Salud de Oregón. Es orador internacional de la Fundación Richard Dawkins para la Ciencia y la Razón y del Centro para la Investigación, y tiene un extenso registro de publicaciones en múltiples dominios de pensamiento. Su libro, How to Have Impossible Conversations (Cómo tener conversaciones imposibles), en coautoría con el Dr. James Lindsay, está disponible en Amazon.

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James Lindsay

James Lindsay tiene un doctorado en matemáticas. Es autor de How to have impossible conversations (Cómo tener conversaciones imposibles), en coautoría con el Dr. Peter Boghossian, y de otros seis libros más. Sus ensayos han aparecido en Areo, TIME, Scientific American y The Philosophers’ Magazine. Dirigió la investigación “estudios de agravios”. En su libro con Helen Pluckrose, Cynical Theories, analiza la evolución del pensamiento postmoderno en la erudición y el activismo. Es cofundador de New Discourses.

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Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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