El escándalo de los estudios de agravios. Cinco académicos responden

Publicado en Quillette el 1 de octubre de 2018. La traducción es del equipo de SOTT.net en español.

De las necedades al nocivo desvarío — Nathan Cofnas (Filosofía)

Nathan Cofnas está trabajando en un doctorado en filosofía en la Universidad de Oxford. Su trabajo se centra en la filosofía de la biología, ampliamente analizada. Ha publicado sobre temas como la cualidad de lo innato, las implicaciones éticas de las diferencias individuales en la inteligencia, y la evolución cultural judía. Puede seguirlo en Twitter, @nathancofnas

Hace 20 años, Alan Sokal llamó al posmodernismo “tonterías de moda”. Hoy en día, el posmodernismo no es una moda, es nuestra cultura. Una gran proporción de los estudiantes de las universidades de élite son ahora inducidos a este culto de odio, ignorancia y seudofilosofía. El posmodernismo es el dogma incuestionable de la clase intelectual literaria y del establishment artístico. Ha tomado el control de la mayor parte de las humanidades y de algunas de las ciencias sociales, e incluso está avanzando en los campos de CTIM (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas). Amenaza con desmantelar todas nuestras tradiciones intelectuales en la misma mezcla rezumante de consignas políticas y palabrería vacía.

Los posmodernos fingen ser expertos en lo que llaman “teoría”. Afirman que, aunque su erudición pueda parecer incomprensible, esto se debe a que son como los matemáticos o los físicos: expresan verdades profundas de una manera que no se puede entender sin formación. Lindsay, Boghossian y Pluckrose exponen esto como la mentira que es. La “teoría” no es real. Los posmodernos carecen de tanto de conocimiento experto como de comprensión profunda.

Los críticos de Sokal señalan que su trabajo nunca fue sometido a una revisión por pares, y dicen que era injusto esperar que los editores de Social Text detectasen errores relacionados con las matemáticas y las ciencias. Esta vez no hay excusas. Los artículos de LBP fueron revisados por pares de revistas de prestigio. Los expertos posmodernos demostraron que no tenían la capacidad de distinguir entre el trabajo académico basado en la “teoría” y las necedades deliberadas y el razonamiento erróneo mezclado con el odio dirigido contra la raza (blanca) y el sexo (“cis” masculino).

El rey Salomón dijo del tonto: “El principio de las palabras de su boca es necedad; y el fin de su charla, nocivo desvarío” (Eclesiastés 10:13). ¿Puede el desprecio por la evidencia, la lógica y la investigación abierta, combinado con un odio ardiente hacia grandes grupos de personas percibidos como oponentes políticos (“racistas”, “sexistas”, “homófobos”, “transfóbicos”, etc.), llevar a un buen resultado? Los editores y revisores que se hicieron cargo de los artículos de LBP han revelado sus verdaderas actitudes agresivas.

La revista insignia de la filosofía feminista, Hypatia, aceptó un artículo (aún no publicado en línea) en el que se argumentaba que se debería permitir a los defensores de la justicia social burlarse de otras personas, pero que a nadie se le debería permitir burlarse de ellos. La misma revista invitó a volver a presentar un artículo con el argumento de que “a los estudiantes privilegiados no se les debería permitir hablar en clase en absoluto y solo deberían escuchar y aprender en silencio”, y que se beneficiarían de “reparaciones vivenciales” que incluirían “sentarse en el suelo, usar cadenas o ser interrumpidos de manera intencionada”. Los revisores se quejaron de que este artículo engañoso adoptó una postura demasiado compasiva hacia los estudiantes “privilegiados” que serían sometidos a esta humillación, y recomendaron que se les sometiese a un trato más severo. ¿Es mejor pedirle a la gente de cierta raza que se siente en el suelo encadenada que pedirle que use una estrella amarilla? ¿A dónde nos lleva esto exactamente?

La batalla se perdió hace mucho tiempo — Neema Parvini (Estudios Ingleses)

Neema Parvini es profesor de inglés en la Universidad de Surrey y es miembro de la Heterodox Academy y del The Evolution Institute. Ha escrito cinco libros, el último de los cuales es Shakespeare’s Moral Compass (La brújula moral de Shakespeare). Actualmente está trabajando en un nuevo libro para Palgrave Macmillan titulado The Defenders of Liberty: Human Nature, Individualism, and Property Rights (Los Defensores de la Libertad. Naturaleza Humana, Individualismo y Derechos de Propiedad), un estudio de 500 años de pensamiento sobre la libertad en Occidente, de Maquiavelo a Milton Friedman. Síguelo en Twitter @neemaparvini1

La noticia de que estas revistas son abiertamente ideológicas no sorprenderá a muchos de los que trabajan dentro de las disciplinas de las humanidades en la academia moderna. Ahora, el listado de palabras de moda parece reemplazar a la comprobación de la calidad de la erudición o a la coherencia de los argumentos. La batalla se perdió alrededor de 1991. Por aquel entonces, el gran historiador de la época de Tudor, G.R. Elton, había estado luchando en la retaguardia por la disciplina que amaba. Veía la historia en la tradición de Leopold von Ranke: un examen meticuloso de las pruebas primarias y el rechazo a permitir que las preocupaciones o actitudes actuales coloreasen el tema. Pero la historia tradicional, como todas las demás disciplinas, fue atacada. Elton se enfadaba porque la generación más joven estaba en “el equivalente intelectual del crack”, adicta a la “radiación cancerosa que proviene de las cabezas de Derrida y Foucault”. [1] Pero Elton perdió ante Hayden White, quien “deconstruyó” la historia al quejarse de que:

El punto de White es que no puede haber “objetividad” en la historia; es meramente una forma de narración impulsada por los intereses subjetivos del erudito. En consecuencia, los historiadores trataron ahora de reconstruir su disciplina “sobre la base de supuestos que cuestionan directamente el paradigma empírico”. [3]

En los estudios literarios, la feminista radical Hélène Cixous argumentaba que la ideología del patriarcado nos rodeaba: “una especie de vasta membrana que lo envuelve todo”, una “piel” que “nos encierra como una red o como párpados cerrados”. [4] ¿Cómo podría cualquiera pretender ser “objetivo” en tales condiciones? En 1991, ese pensamiento había pasado a ser de rigor. En un ensayo titulado “The Myth of Neutrality, Again?” (El mito de la neutralidad, ¿otra vez?), la crítica feminista Gayle Greene escribió sin rodeos:

Donde algunos de nosotros podríamos ver a Nicolás Maquiavelo, Francis Bacon, John Locke, Thomas Hobbes, René Descartes o David Hume luchando palpablemente con las cuestiones más profundas de la filosofía política o la epistemología, Cixious o Greene solo ven a hombres blancos muertos. Lo que dicen les importa menos que quién lo dice. Así, los sistemas de conocimiento que competían entre sí y que surgieron de la Ilustración — racionalismo y empirismo — están ya manchados como “productos del patriarcado”. El objetivo explícito de la posmodernismo ha sido rechazar la razón y la evidencia: quieren un “nuevo paradigma” del conocimiento. ¿Debería sorprendernos, entonces, que sus revistas publiquen tonterías explícitas como las de Lindsay, Pluckrose y Boghossian?

Referencias

[1] G. R. Elton, Return to Essentials: Some Reflections on the Present State of Historical Study (1991; Cambridge: Cambridge University Press, 2002), p. 10, 12–3.
[2] Hayden White, ‘The Burden of History’, History and Theory 5:2 (1966), p. 127.
[3] Alun Munslow, Deconstructing History, 2ª ed. (1997; Nueva York y Londres: Routledge, 2006), p. 34.
[4] Catherine Clément y Hélène Cixous, The Newly Born Woman (Londres: I.B. Tauris & Co., 1975), p. 145.
[5] Gayle Greene, «The Myth of Neutrality, Again?», en Shakespeare, Left and Right, ed. de Ivo Kamps (Londres: Routledge, 1991), pp. 23–4.

¿Importa que los académicos financiados por los contribuyentes diseminen úlceras supurantes sobre el cuerpo de la academia? — Rosalind Arden (Genética del Comportamiento)

Rosalind Arden es investigadora asociada del Centro de Filosofía de Ciencias Naturales y Sociales de la London School of Economics. Su doctorado en Genética del Comportamiento se centró en la inteligencia. Ser más brillante se asocia con beneficios para la salud en los seres humanos. También puede ser cierto en perros; actualmente está investigando la viabilidad y utilidad del perro como modelo de envejecimiento y demencia. Síguela en Twitter, @Rosalind_Arden_Arden

Hace 22 años, Alan Sokal pensaba que sí. Dejando un poco de lado, por cierto tiempo, su interés aparentemente absorbente en las regiones libres de ceros para polinomios Tutte multivariados (alias funciones de partición del modelo de Potts) de gráficos y matroides, Sokal presentó a la revista Social Text un manuscrito de sátira que combinaba galimatías postestructuralistas con eslóganes de la física. Lo publicaron; ha obtenido 1.526 citas. El engaño de Sokal apuntaba a un lenguaje oscuro y un relativismo epistémico. Pero su presa escapó.

Ahora, tres académicos han enviado veinte manuscritos falsos a revistas elegidas por su prestigio en sus respectivas disciplinas. Siete artículos fueron aceptados antes de que el experimento se detuviese; otros están en proceso de revisión por pares. Esta nueva incursión en contra de la seudoacademia chiflada es la apertura de Alan Sokal, convertida en un arma. Como los rastreadores dedicados en un festival de Parkour, el trío recorrió el terreno de lo que ellos llaman Estudios de Agravios. Y tiraron petardos. Un artículo publicado proponía que los parques para perros son “espacios que permiten la violación”. Otro, titulado “Nuestra lucha es mi lucha. El feminismo solidario como respuesta interseccional al feminismo neoliberal y de elección” reelaboró y alteró sustancialmente parte de Mi lucha. Lo más sorprendente (no publicado, su estatus es “revisar y reenviar”) es un “Enfoque feminista de la pedagogía”. Propone “reparaciones vivenciales” como correctivo para estudiantes privilegiados. Estas incluyen sentarse en el suelo, usar cadenas o hablar a propósito. Los críticos comentaron que los autores corren el riesgo de explotar a los estudiantes desfavorecidos al cargarles con la expectativa de enseñar sobre el privilegio.

Estos trabajos psicoactivos del engaño, algunos de los cuales se escribieron en pocas horas, se toman en serio porque encajan con los subcampos de las ciencias sociales en los que la razón se ha cambiado por la ideología. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Comenzó con los eruditos que querían corregir las injusticias sociales? ¿Un deseo de enfatizar, dentro de la escritura académica, el valor de tratar a los demás de manera justa, de reducir o eliminar la discriminación por motivos de ascendencia, discapacidad, género u orientación sexual? ¿Tal vez estos estudiosos estaban hartos de un modelo jerárquico implícito de discurso académico en el que (como la errónea ilustración de la Marcha del Progreso del simio al hombre) la poesía se sienta mansamente a la izquierda de la línea, mientras que la biología, la química, la física y las matemáticas se pavonean orgullosamente, al final en la extrema derecha triunfal? Si los académicos querían reducir los prejuicios y las barreras, eligieron luchas equivocadas. He aquí tan solo tres problemas de partes de la academia que han sido expuestos por este nuevo engaño de los manuscritos.

El primero es una batalla con el lenguaje. La escritura opaca hace las cosas difíciles para los lectores. El texto puede ser difícil de descifrar debido a su contenido especializado (como la teoría de cuerdas), o difícil de descifrar porque ha sido escrito para atraer seductoramente al lector al desvestir lentamente el significado (como la poesía, por ejemplo, o la metafísica). Pero las revistas engañadas y avergonzadas con demasiada frecuencia contienen divagaciones ininteligibles. La claridad en la escritura no es una cuestión de estilo; es una cuestión de claridad de pensamiento. El artículo de broma del parque de perros, honrado por la revista como un trabajo académico ejemplar, contiene joyas como esta: “Los parques caninos son microcosmos donde las normas hegemónicas machistas que gobiernan el comportamiento homosexual y la heterosexualidad obligatoria pueden ser observadas en un ambiente de especies múltiples”. Parece que los revisores se quedaron dormidos mientras conducían.

James Lindsay, Helen Pluckrose y Peter Boghossian publicaron con éxito un artículo académico sobre la cultura de la violación en los parques para perros.

En segundo lugar, para que el mundo académico valga la pena, es crucial que revisores y editores entiendan lo que puede aportar cualquier diseño experimental en particular. Esto es válido para la investigación cuantitativa, cualitativa y poscualitativa (sea lo que sea eso). Revisores y editores deben poner objeciones cuando los resultados o la interpretación sobrepasan los métodos. Si una hipótesis es infalsable, no está de más decirlo. La función del trabajo empírico es acercarnos a la verdad sobre el mundo. Por lo tanto, es fundamental distinguir entre aquello que puede constituir evidencia y lo que no.

Por último, y más importante, hay pruebas a partir de este experimento, y de la literatura en la que se inserta, de que hay un gran cambio en las percepciones sobre lo que constituye el vicio. Cuando crecí prevalecía más o menos el siguiente orden de maldad: asesinato (lo peor), seguido de violencia física grave, engaño y mentiras, gritos desagradables, palabras desagradables y, en el extremo más suave, pensamientos desagradables. Esto ha cambiado. hay pruebas de que muchos académicos están a favor de la reforma punitiva del pensamiento. Orwell contaba con un término para describir esto.

Resulta emblemático de ese enorme cambio que me sienta con náuseas en este punto, y a riesgo de ser citada erróneamente, cuando digo que un pensamiento o comentario sexista, racista o tonto es probable que sea castigado con lo que antes estaba reservado para alguien que le diese un puñetazo al morro del decano. Esto, mientras que reales divagaciones científicas — y cosas peores — se publican sin críticas. Otra señal es el uso generalizado de esa vara de medir difunta, la Prueba de la Asociación Implícita, a la que hace tiempo se debería haber puesto a dormir con una inyección de pentobarbital.

¿Dónde diablos está Orwell cuando lo necesitamos? Hemos caminado como sonámbulos hacia una Revolución Cultural en nuestro propio patio trasero y me temo que aún no hemos visto lo peor. ¿Qué hacer? Poner la literatura académica a disposición del público de forma gratuita; derribar las barreras de pago. Al menos, entonces, la gente podría ver lo que estamos haciendo. Esto sería un comienzo.

El secreto cuidadosamente guardado de la filosofía — Neven Sesardic (Filosofía)

Neven Sesardic es un filósofo croata que ha enseñado filosofía en universidades de Croacia, Estados Unidos, Japón, Inglaterra y Hong Kong. Sus libros recientes incluyen When Reason Goes on Holiday: Philosophers in Politics (Cuando la razón se va de vacaciones: Filósofos en la política) (Encounter Books, 2016) y Making Sense of Heritability (Dar sentido a la heredabilidad) (Cambridge University Press, 2005). También ha publicado varios artículos en prestigiosas revistas de filosofía. Síguelo en Twitter, @NSesardic

No se puede juzgar adecuadamente esta nueva versión (múltiple) del caso Sokal sin antes estudiar los artículos falsos que formaban parte del proyecto dirigido por Lindsay, Boghossian y Pluckrose.

Entre todos estos artículos presentados que mezclan “absurdos e ideas políticas moralmente de moda”, los colaboradores del proyecto destacan el artículo que fue aceptado por la revista Hypatia (Una Revista de Filosofía Feminista) como su éxito más importante. De hecho, los felicito. Sin embargo, el lector debe saber que es un secreto cuidadosamente guardado en la filosofía que la filosofía feminista a menudo no se caracteriza por el rigor intelectual y los altos estándares académicos. (Pero el secreto está tan bien guardado que muchos filósofos no se atreven a admitir ni siquiera que lo saben, y mucho menos a expresarlo públicamente). Así que Hypatia fue una elección lógica y fácil para el intento de publicar un artículo falso en una de las revistas filosóficas más conocidas.

Ocasionalmente, sin embargo, absurdos involuntarios del pensamiento feminista se han colado en revistas filosóficas mucho mejores que Hypatia. Un buen ejemplo es un artículo de la Australasian Journal of Philosophy en el que una feminista describe un “drama fálico” que incluye dos afirmaciones, p y ~p (la negación de p):

Nótese que ya no se trata de un engaño de tipo Sokal, sino de un ejemplo de auténtica filosofía feminista. A veces es imposible notar la diferencia. Para más información sobre cómo las concesiones al feminismo dañan la filosofía como disciplina, vea el artículo de 2014 escrito por Rafael De Clercq y por mí.

Al principio del texto en el que los tres colaboradores explican su proyecto, escriben: “Debido a la naturaleza politizada de estas disciplinas, vale la pena mencionar que los tres estaríamos más correctamente clasificados como liberales de izquierda.” Al mismo Sokal también le pareció importante destacar, mientras explicaba su engaño, que era un hombre de izquierda. Esto me desconcierta. Si usted está criticando una tendencia que claramente pertenece a la izquierda política, ¿por qué debería sentir la necesidad, o la utilidad, de decir que usted mismo es de izquierdas? ¿No basta con que haya presentado argumentos en apoyo de sus críticas, que presumiblemente deberían hablar por sí mismas? ¿Qué sentido tiene dar ese paso adicional y mostrar sus colores políticos? ¿Esperando apaciguar a aquellos a los que criticas señalando que eres realmente uno de ellos? ¿O dejar claro que no se le debe asociar con el “ala derecha”, a la que usted (¡honestamente!) no pertenece de todos modos?

Yo me encontré en una situación similar en 1981 cuando escribí mi primer artículo en una serie de críticas al marxismo en lo que entonces era Yugoslavia. Un amigo mío, un poco preocupado por mí y por las posibles consecuencias de la publicación de ese artículo, me aconsejó que añadiese una frase y dijese que, a pesar de atacar el marxismo, yo al menos apoyaba el socialismo. Me negué a hacerlo, no solo porque no era socialista, sino sobre todo porque pensaba que la cuestión de si era socialista o no era totalmente irrelevante para mi artículo.

Además, incluso si hubiese sido socialista, habría estado en contra de suscribir públicamente el socialismo en esa ocasión. Porque, aunque de esta manera me hubiese sido algo más fácil atacar el marxismo, la práctica generalizada de declarar las propias opiniones políticas podría haber dificultado la discusión para aquellos que no eran socialistas y que tenían opiniones políticas que eran condenadas de forma amplia y más enérgica.

Lo mismo se aplica a la situación actual de dominio de la izquierda en las universidades occidentales. Los izquierdistas que critican a la izquierda no deben apresurarse a identificarse como izquierdistas al hacer esa crítica. En primer lugar, porque esta información es irrelevante. Y en segundo lugar, porque esto podría presionar a los conservadores para que salgan del armario, lo que por razones obvias muchos de ellos podrían estar reacios a hacer. Alternativamente, en tales circunstancias, su conservadurismo podría inferirse de su silencio sobre su política.

La Universidad del Agravio — Jonathan Anomaly (Filosofía, Política y Economía)

Jonathan Anomaly es miembro del cuerpo docente del Instituto de Ética Práctica de la UCSD, miembro fundador del programa de Filosofía, Política y Economía de USD, y será profesor visitante en la Universidad de Oxford en el invierno de 2019. Su investigación actual se centra en las dimensiones morales y legales de la biología sintética, incluyendo la edición de genes, y el uso de virus de fagos sintéticos para combatir las bacterias resistentes a los antibióticos. De manera más general, escribe sobre el papel relativo de las normas sociales y las instituciones legales en la resolución de diferentes tipos de problemas de acción colectiva. Anomaly es coautor de Filosofía, Política y Economía (Oxford University Press, 2015), sus publicaciones se pueden encontrar aquí, y puede ser contactado en anomaly@ucsd.edu

Los autores han llevado a cabo un engaño Sokal moderno. La secuela rara vez es tan buena como la original, pero en este caso fue más completa y divertida que la burla de Sokal al trabajo académico posmoderno (una versión generada por computadora puede encontrarse aquí). El proyecto expone algunas de las ideas de culto compartidas por el profesorado que ha creado temas falsos y ha dotado a sus departamentos de activistas políticos. Muchos profesores de estos departamentos parecen alarmantemente ansiosos por secuestrar para sus propios fines los circuitos emocionales de los adolescentes que llegan al campus en busca de una tribu a la que unirse y un dragón al que matar.

Si este fuera el alcance del problema, podríamos reírnos de él como un nuevo y extraño deporte que se practica en los patios cuadrangulares universitarios en lugar de en los estadios de fútbol. Pero es mucho peor que esto. El problema principal no es el surgimiento de disciplinas de moda con nombres que comienzan con la palabra “estudios”, o el costo de oportunidad de gastar el dinero de los contribuyentes en trabajos académicos falsos y mala educación, en lugar de en investigación médica y exploración espacial. El problema es que muchos estudiantes deben tomar estas clases como parte de un requisito de “diversidad” en las universidades, y que cuando los estudiantes se gradúan, estas ideas influyen en los líderes de corporaciones como Google, que pueden manipular su motor de búsqueda para alterar las elecciones y cambiar nuestro entorno epistémico de manera sutil.

Por ejemplo, muchos estudiantes de las universidades y empleados de Google toman cursos de formación de prejuicios que les dicen que el “privilegio de los blancos” y el “racismo sistémico” explican las disparidades en los resultados entre los grupos, a pesar del hecho de que — por poner un ejemplo — los estadounidenses de origen asiático de China y la India (“gente de color”) ganan más dinero y son encarcelados a tasas más bajas que los blancos. De acuerdo con la cosmovisión conspirativa de muchos profesores en los departamentos de estudios de agravios, citar estadísticas y hacer argumentos que van en contra de la narrativa de los privilegios prueba que uno tiene un sesgo inconsciente contra las minorías y que probablemente es un supremacista blanco.

Boghossian, Lindsay y Pluckrose no publicaron sus artículos en las principales revistas de campos fundamentales como la economía o la psicología, por lo que algunos escépticos podrían descartar el proyecto como una pérdida de tiempo. Pero sus artículos pasaron la revisión por pares en revistas de campos cuyas suposiciones básicas son compartidas por temas principales como la literatura, la sociología y (cada vez más) la filosofía.

Algunos de los dogmas más insidiosos que muchos profesores en estos campos defienden incluyen la idea de que la biología evolutiva puede explicar el comportamiento animal pero no es relevante para las personas; que las diferencias en personalidad e inteligencia solo pueden ser explicadas por la educación y la crianza (no por los genes); que las pruebas de cociente intelectual no predicen nada útil; que las diferencias en los resultados para los diferentes grupos solo pueden ser explicadas por la opresión o el racismo/sexismo sistémico; y que cinco décadas de investigación en genética conductual pueden ser ignoradas sin problemas cuando amenazan a las explicaciones que hacen referencia al entorno. Estos son los peligros de nuestro tiempo. Vale la pena recordar a los que subvencionan este circo que no estamos en Las Vegas.

Lo que pasa en el campus no se queda en el campus.

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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