El alegato de un terapeuta por la libertad de expresión

Steve Dreesman

Reprimir la libertad de expresión es un doble error. Viola los derechos del oyente, así como los del orador. — Frederick Douglass

La relación que un cliente tiene con su terapeuta o counselor (asesor psicológico) es el mejor predictor individual de un resultado terapéutico positivo. Cultivar una relación en la que el cliente pueda ser totalmente auténtico es una prioridad para los profesionales de la salud mental. Si no se forma esta relación, la terapia suele ser de corta duración, incómoda y, en última instancia, inútil para el cliente. En tales casos, parece que cada persona es una pieza del rompecabezas, pero de conjuntos de rompecabezas completamente diferentes: no encajan y la conversación se siente entrecortada y forzada, lo cual es desagradable para todos los implicados. Por el contrario, cuando la relación es sólida, la conversación es fluida y el compromiso por parte de ambas partes es elevado. Las personas generalmente están tranquilas, incluso cuando los temas difíciles e incómodos salen a la luz, se exponen y se examinan. Entonces, la pregunta es, ¿cómo cultivamos esa relación y qué factores son importantes? La clave está en la comprensión compartida de que lo que decimos será bienvenido, independientemente de su contenido.

En el counseling (asesoramiento psicológico), está bien no saber una respuesta, estar equivocado o cometer errores. Para muchos clientes, simplemente poder decir lo que piensan a alguien que no tomará represalias ni los juzgará es terapéutico en sí mismo. Innumerables veces, los clientes informan que se sienten mejor simplemente porque pudieron decir las cosas que habían estado reprimiendo. Tal vez han estado evitando una conversación difícil con una pareja romántica, o tal vez no pueden decir lo que piensan por temor a ser excluidos del trabajo. El tema general es que sienten que tienen que reprimir su discurso.

A casi todos nos han hecho una pregunta difícil y nos hemos esforzado en encontrar una respuesta. A veces, cambiamos nuestra respuesta a la mitad de una conversación, porque necesitamos decir lo que pensamos, para descubrir lo que pensamos. Nuestros pensamientos pueden rápidamente descomponerse en nuestras cabezas, entrelazándose con cientos de otros. Pero cuando tenemos que formar oraciones coherentes y tratar de comunicarnos con alguien que no sea nosotros mismos, limpiamos nuestro propio pensamiento en el proceso. En ausencia de esto, uno se vuelve mucho más susceptible al estrés y la ansiedad y más propenso a tener dificultades para concentrarse. Podemos ver esto cuando el discurso de alguien es tangencial o difícil de seguir. Experimentamos nuestras propias formas de esto en nuestras relaciones interpersonales todo el tiempo. Es posible que tengamos dificultades para conversar con alguien con quien hemos vivido durante años. Las tensiones no expresadas pueden acumularse hasta que una pareja no pueda soportarlo más, y se produce una discusión. A veces, esas personas buscarán asesoramiento para parejas. Esto implica que cada individuo aprenda a escuchar al otro, a comprender la perspectiva de la otra persona. De lo contrario, es probable que el problema permanezca sin resolver y que las peleas se repitan.

Cuando se les hace una pregunta y se les permite responder libremente, muchas personas expresan un finalmente, puedo hablar sobre esto. Uno de los valores más importantes que las sociedades liberales han cultivado es la libertad de expresión. A menudo discutimos la libertad de expresión a gran escala, pero tanto los resultados positivos de la libertad de expresión como las graves consecuencias de la supresión del habla también nos afectan a nivel individual. Como ha comentado Marianne Williamson, “cuando dejamos que brille nuestra propia luz, inconscientemente le damos permiso a otras personas para que hagan lo mismo. A medida que nos liberamos de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente libera a los demás”.

Cuando cultivamos una cultura en la que podemos decir lo que pensamos, todos nos beneficiamos. Incluso las malas ideas necesitan ser transmitidas. Como Bret Weinstein ha señalado, las malas ideas deben ser sacadas a la luz para que todos podamos estar de acuerdo en que son malas y buscar en otro sitio otras mejores. Esto es beneficioso para la persona que dice la mala idea, que puede obtener retroalimentación y, posteriormente, elegir si mantener la idea o cambiar su posición. A muchos les preocupa que el discurso pueda ser dañino. Puede ser: las palabras tienen significado y son importantes. Sin embargo, el punto de hablar es obtener retroalimentación. Si no recibiéramos retroalimentación, no tendría sentido hablar en absoluto. Deberíamos considerar las consecuencias de no permitir que se transmitan ciertas ideas.

Todos podemos estar de acuerdo en que debemos trabajar para prevenir los homicidios y suicidios siempre que sea posible. Pero ¿cuántas muertes podríamos prevenir si las personas con suficiente dolor mental para suicidarse u otros recibieran el espacio para discutir su confusión interna? El aislamiento social real o percibido juega un papel muy importante en muchos casos de suicidio. Entre las teorías más populares del suicidio, está la teoría psicológica interpersonal (IPT, por sus siglas en inglés), formulada por el psicólogo Thomas Joiner. Los dos principios clave de la IPT son que la percepción de que uno está cargando a los demás y una sensación de aislamiento social pueden crear el deseo de morir. Cuando los asesores psicológicos hablan con un cliente suicida, le damos espacio al cliente para hablar sobre su suicidio libremente. Si hacemos nuestro trabajo correctamente, puede sentir que entendemos su punto de vista. Luego, podemos hablar sobre resultados alternativos, porque hemos creado una relación en la que podemos cuestionar ideas sin que se perciba como un ataque personal contra el carácter del cliente. Ofrecemos comentarios de una manera que le dice al cliente, no estoy diciendo que tú estés equivocado y yo esté en lo correcto. Ya veo de dónde vienes. ¿Podemos mirar algunas alternativas? Hablar sobre el suicidio con alguien que es suicida es difícil, pero evitar la conversación solo nos ayuda a sentirnos cómodos, mientras que el cliente sigue en riesgo. Una cultura de la libertad de expresión es fundamental para evitar daños. Si queremos mejores resultados de salud, la libertad de expresión es una prioridad.

Se puede hacer el mismo argumento para el homicidio. Cualquiera que haya leído los escritos que Eric Harris y Dylan Klebold, perpetradores de la masacre de la Escuela Secundaria Columbine, dejaron atrás, puede concluir razonablemente que se habrían salvado vidas si otros hubieran sabido sus ideas. Si Eric y Dylan hubieran sentido que podían hablar de sus frustraciones con quienes los rodeaban, ¿podrían haber tomado una decisión diferente? O, al menos, ¿podrían la escuela, la comunidad y las autoridades estar más preparadas? No podemos decidir qué hacen las personas con sus pensamientos. Cuando enviamos un mensaje que dice, no lo digas en voz alta, no significa que el pensamiento desaparezca en la nada. El pensamiento todavía está allí, para ser meditado, supurando y coloreando la visión del mundo de esa persona. Simplemente no es cierto que la supresión del discurso negativo e incluso perjudicial sea la opción más segura.

Por eso una cultura nacional de libre expresión beneficia a todos. El monstruo que conocemos es mejor que el que no conocemos. ¿No preferirías ser consciente de que la persona con la que hablas está contemplando apuntarte con un arma que permanecer voluntariamente ciego a esa realidad? Tanto el oyente como el orador se benefician de la libertad de expresión, como señaló Frederick Douglass. El orador puede aprender lo que realmente piensa y puede recibir retroalimentación, y el oyente puede trabajar con el orador para llegar a un entendimiento mutuo o separarse de él sabiendo dónde están ambos. Los beneficios van más allá de tanto de los oradores individuales como de los oyentes. Las conversaciones entre unas pocas personas han tenido ramificaciones enormemente positivas para todos nosotros: la evidencia está en todas partes. Ahora usamos el racionalismo y el empirismo para progresar, en lugar de confiar en la fe ciega, el fundamentalismo religioso e ideológico, u otras ideas que frenan el progreso. ¿Quién sabe dónde estaríamos si la libertad de expresión no hubiera sido exaltada como un valor hacia el cual luchar? Una cosa es segura, la libertad de expresión está en la base de mucho de lo que disfrutamos y beneficia significativamente nuestra salud mental. Cuando se nos permite pensar libremente, nuestras mentes están más sanas. Cuando podemos decir lo que pensamos a otra persona, fortalecemos nuestra relación con esa persona. Cuando nos unimos para resolver un problema y permitimos que se consideren todas las ideas posibles, hacemos un progreso exponencial. Como comenta Marianne Williamson, “El hecho de jugar a ser pequeño no sirve al mundo. No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras. Todos estamos destinados a brillar, como lo hacen los niños”.

Di lo que piensas, para que puedas descubrir lo que piensas. Di lo que piensas, para poder recibir comentarios que te ayuden a crecer.

Permitámonos decir lo que pensamos, para que podamos descubrir lo que pensamos. Permitámonos decir lo que pensamos, para que podamos trabajar juntos hacia el progreso que nos beneficiará a todos.

Steve Dreesman

Steve Dreesman es asesor de salud mental con licencia temporal que ha trabajado de cerca con personas con problemas de ansiedad, depresión, suicidio, estrés, problemas de los hombres, salud mental perinatal y problemas de relaciones. Durante los últimos años, ha trabajado junto con la Fundación Americana para la Prevención del Suicidio para ayudar a recaudar fondos para la investigación del suicidio y la educación sobre salud mental comunitaria.

Fuente: Areo

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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