Carta a Alattice sobre el derecho al aborto basado en la autonomía personal

Hola, Alattice:

Me falla la conexión internet y no puedo exponer como quisiera mis argumentos en la conversación que teníamos en Twitter. Aunque nuestro intercambio de opiniones empezó sobre el derecho de los hombres al “aborto jurídico” para renunciar a una paternidad no deseada en un posible ley de plazos, enseguida nos centramos — tal vez no por casualidad — en el argumento de lo que las feministas llaman la “autonomía corporal” y que ellas usan en defensa del aborto. Una versión muy breve de ese argumento se expone de manera muy didáctica en esta entrada, “Autonomía corporal”.

El argumento feminista de la defensa de la “autonomía corporal” se basa en ciertas ideas más o menos asentadas previamente en criterios como los de la “autonomía del paciente” y otros parecidos de la bioética. Se suele argumentar que no se puede obligar a nadie a que se le extraiga parte de su cuerpo (ni tampoco se le puede obligar a admitir una intrusión de un cuerpo extraño) sin su consentimiento informado, ni siquiera para salvar la vida de otra persona. Así, no se puede obligar a nadie a donar sangre o un órgano (como el riñón) para salvar otras vidas (ni tampoco se puede obligar a nadie a inocularle una vacuna). Mi posición es que esa defensa feminista de la “autonomía corporal” es engañosa.

En primer lugar, expondré que es importante distinguir entre obligar y prohibir porque son dos procesos distintos aunque a veces tengan iguales consecuencias.

Estoy de acuerdo en que el nadie, tampoco el Estado, debe tener el derecho de obligar a una mujer a estar embarazada. Y eso es precisamente lo que suele pasar. El Estado no suele hacer intrusiones en los cuerpos de las mujeres para que se queden embarazadas. ¿Por qué no lo hace? Hay varios motivos, pero uno de ellos es que la intrusión necesaria para obligar a una mujer a quedarse embarazada sería una intrusión en la autonomía de las mujeres. Esto estaría mal y, de hecho, no suele hacerse.

Ahora bien, imaginemos que el Estado prohíbe el aborto. En este caso, el Estado tampoco obliga a la mujer a una intrusión no consentida para que esté embarazada, sino que le prohíbe una intervención demandada por ella misma para dejar de estarlo. Mucha gente no le dará importancia a esa diferencia porque, entre otras cosas, el resultado final es que la mujer continúe embarazada. Pero eso es pasar por alto que el Estado no ha practicado una intrusión en el cuerpo de la mujer para dejarla embarazada. Propongo un experimento mental para entenderlo mejor. Imaginemos que el Estado hace una intrusión en el cuerpo de una mujer para obligarla a estar embarazada con el semen de un famoso violinista. Mucha gente protestaría, incluyendo a amantes de la música y activistas en contra del aborto. ¿Por qué? Porque esa intrusión sería, entre otras cosas, un ataque a la autonomía de la mujer. Y eso estaría mal. Pero como decía antes, eso no suele pasar. Al prohibirle el aborto a una mujer no se le extrae ni se altera ninguna parte del interior de su cuerpo (ni se inocula ningún agente externo a su cuerpo).

Llegados a este punto me podrías decir que no he entendido el argumento feminista que trata sobre la colisión de derechos entre la gestante y el nasciturus, por un lado, y el sacrificio corporal que supondría para la gestante llevar a cabo un embarazo no deseado. Comentaré la segunda parte del argumento porque es la que hace referencia a la llamada “autonomía corporal” que se quiere hacer equivalente a la “autonomía del paciente” y otros argumentos parecidos. Se suele argumentar que si no se puede obligar a un padre a donar un riñón para salvar la vida de su hijo, tampoco se le debe obligar a una gestante hacer el sacrificio corporal de llevar a cabo el embarazo porque ambas cosas serían un daño para su “autonomía corporal”. Esto es una falsa equivalencia. Los donantes de sangre no hacen ningún sacrificio digno de mención. Algo parecido pasa con la gente que admite ser vacunada. Que una persona permita que se le extraiga un poco de sangre o que le inoculen una vacuna no le supone una molestia destacable. Pero eso no quiere decir que se la pueda obligar, en virtud del criterio de que no se puede extraer parte de su cuerpo sin su consentimiento informado ni tampoco insertarle un agente extraño. Por el contrario, llevar adelante un embarazo no deseado sí puede ser una carga considerable. Pero eso no quiere decir que a la embarazada se le extraiga una parte de su cuerpo sin su consentimiento informado ni tampoco que se le inserte un agente extraño. El caso de la mujer embarazada que quiere abortar es un caso distinto del tipo de casos donde se obliga a la gente a donar sangre, donar un riñón o ser vacunada.

El argumento feminista de la “autonomía corporal” parte de un hecho muy aceptado socialmente: no se puede obligar a la gente a donar sangre, ser vacunada y otros procesos análogos. Pero esos casos no se corresponden con la prohibición del aborto. Se trata de una falsa equivalencia y debe ser rechazada como tal. Esto, creo yo, puede traer un problema y es hablar de “derechos reproductivos” desde el primer momento. ¿Por qué sería un problema? Porque al centrarnos en los derechos reproductivos se abre la puerta a los derechos reproductivos de los hombres, que es de donde surgió nuestra conversación.

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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