Cambiemos la naturaleza de la discusión pública: una introducción a Letter

Escrito por Iona Italia y publicado en Areo el 12 de julio de 2019

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Mucha gente tiene nostalgia por los tiempos en los que escribir cartas era algo normal. Cuando describen estos anhelos, suelen hablar los aspectos físicos de la experiencia: los movimientos de la muñeca como un hilo de tinta que se desliza por una hoja de papel grueso y cremoso; la precisión nítida de doblarla en tres y meterla en un sobre, el sabor ligeramente amargo del pliegue gomoso del sobre en la lengua; el paseo hacia el buzón; la suave caída en su rendija; el conocimiento de las palabras pasado de mano en mano, llevado a través del país, a través del mundo. Ahora muy poca gente escribe cartas. La mayoría de nosotros ya no sentimos ninguna emoción por el sonido del correo golpeando suavemente sobre un felpudo de cerdas. Normalmente son solo facturas de electricidad, invitaciones mal escritas para sacar nuevas tarjetas de crédito y correo basura de publicidad. En teoría, el correo electrónico podría haber tomado el papel de la vieja misiva física. Pero la bandeja de entrada electrónica se ha convertido en el hogar de las consultas del jefe, recordatorios de citas y consultas de trabajo. Es tristemente corporativo, tan ineluctablemente asociado con el trabajo que simplemente no nos parece intuitivo usarlo para enviar los largos, locuaces, personales e íntimos mensajes que solíamos confiar al cartero.

Ahora, cuando estamos separados, nos comunicamos en gran medida a través de los mensajes de WhatsApp, a través de los corazones y los comentarios en las fotos de Instagram y las publicaciones de Facebook. Pero en Facebook, Instagram y otras plataformas de redes sociales similares, cuando escribimos, no sabemos quién puede o no estar leyendo. Enviamos nuestras actualizaciones de estado al éter, esperando, quizás con ansiedad, a ver si hay una respuesta. A menudo lo sentimos de manera muy unilateral. Cada estado es un mensaje en una botella y podemos derramar nuestros corazones hacia un largo camino donde a cambio solo recibimos de nuestros interlocutores unos iconos — pulgares azules, corazones rojos, sonrisas amarillas — señales creadas por un simple clic, el más pequeño levantamiento de un dedo, el más pequeño gasto imaginable de tiempo y energía, el más vacío simulacro de afecto.

Entramos en Twitter, donde nuestras conversaciones tienen lugar en un espacio público de ritmo rápido y de gladiadores, una frase de 280 caracteres cada vez, animada por los me gusta de extraños, desalentada por sus burlas. A menudo parece como si no hubiera una conversación sino que cada uno habla para uno mismo, actuando para la multitud de aquellos que nos escuchan, cortejando la aprobación de nuestros seguidores. Twitter no es íntimo. Es una arena de duelos.

Nuestra percepción del paso del tiempo también está sesgada por las convenciones de Twitter. La brevedad de cada tuit nos engaña. En Twitter, a veces me acuerdo de un excompañero de piso alcohólico, que se abastecía de botellas en miniatura de whisky Bell’s. Cada una de ellas, para él, debía de parecerle un pequeño y delicado trago, en su inocente botella del tamaño de una muñeca. Le permitía sentir que no estaba bebiendo tanto, ya que se bebía cada una y la dejaba caer en el fondo de la bolsa de basura extra fuerte que guardaba debajo de su cama y se volvía a empujar suavemente con los pies para que no se le viera mientras recibía cada nuevo testimonio no deseado de su consumo.

Por supuesto, Twitter puede ser maravilloso: para descubrir conexiones fortuitas; para hablar con personas con las que de otra manera nunca habrías entrado en contacto; para intercambios ingeniosos y perlas gnómicas de sabiduría; para la lluvia de ideas y el crowdsourcing y para ver tus ideas reflejadas a través de un prisma de diferentes perspectivas. Pero muchos de nosotros nos sentimos profundamente ambivalentes sobre el tiempo que pasamos en ese sitio web, especialmente si lo pasamos discutiendo. En medio de los intercambios de tuits, muchas discusiones se convierten rápidamente en intercambios de insultos y zascas. Cuando nos desconectamos, no siempre nos queda la satisfactoria sensación de haber llegado a una mayor comprensión de un tema complejo o controvertido al discutirlo con alguien con una perspectiva diferente. Con demasiada frecuencia, en el mejor de los casos, solo tenemos el placer hueco y fugaz de haber suscitado el aplauso de nuestros seguidores por puntos fáciles de conseguir que incluso nosotros mismos sabemos que eran meros trucos y mezquinos. En el peor de los casos, nuestra presión sanguínea ha subido diez puntos y no hemos ganado en perspicacia sino en enemigos. En lugar de alguien que saborea un single malt con un amigo, nos comportamos como borrachos, tambaleándonos en un bar en busca de una pelea. La indignación es adictiva, insalubre y generalmente una pérdida de tiempo.

Comunicarse por carta ofrece ventajas únicas, que no tienen necesariamente nada que ver con el acto físico de escribir, la estética de la caligrafía o la materialidad de la tinta y el papel. Elegir escribir a alguien implica que te importa su opinión. Cuando escribes con un lector específico y único en mente, no puedes desviarte por el deseo de presumir o ganar puntos. Tienes que intentar empatizar, imaginar cómo ese ser humano recibirá tus palabras y esto te anima a escribir de forma más clara, persuasiva y vívida de lo que lo harías si casualmente lanzaras una broma de 280 caracteres en una dirección general.

Una carta requiere un poco más de esfuerzo, esfuerzo que es, en sí mismo, una promesa de buena fe, un signo de piel en el juego. Las cartas en nuestro sitio son públicas, pero son públicas como una conversación escuchada en un café, no como una batalla de rap. La forma en sí misma fomenta la intimidad y la franqueza. Por lo tanto, creemos que proporciona un medio ideal a través del cual discutir ideas, explorar desacuerdos sin vitriolo, desactivar tensiones, salvar las divisiones políticas y sociales, intercambiar experiencias y construir las más significativas conexiones uno a uno que los medios sociales rara vez fomentan.

¿Cuánto tiempo se tarda en escribir una carta? La cantidad perfecta de tiempo: lo suficiente para que el destinatario sienta que has invertido en él, para que lo sienta como un regalo. Pero no es tan difícil como componer un ensayo o un artículo. No tienes que estructurar, planificar y corregir. Si el estilo es rumiante y la prosa serpenteante, si suena como si estuvieras pensando en voz alta, eso solo hace que parezca más sincero y más directo. Y sin embargo, una vez completado, has creado algo propio.

Los medios sociales fueron diseñados originalmente para ayudarnos a estar en contacto con la gente a través de las distancias geográficas. Pero no proporcionan la intimidad y la profundidad que tantos de nosotros anhelamos. Esperamos que Letter llene ese vacío y proporcione un medio que satisfaga una necesidad humana que ha quedado insatisfecha desde los días de los sellos postales y las pegatinas de correo aéreo.

Aunque animamos a la gente a utilizar nuestra plataforma para intercambios productivos sobre cualquier tema, nuestra principal esperanza es que Letter ayude a cambiar la naturaleza del debate público sobre cuestiones sociopolíticas. En nuestro mundo cada vez más interconectado, nos enfrentamos a muchos problemas que requieren una acción urgente y que son moralmente complejos. Una de las mejores maneras de desenredarlas será a través de diálogos de buena fe y de larga duración entre personas que están en lados opuestos de cada cuestión. Esos diálogos deben llevarse a cabo en público — es importante que la gente tenga acceso a las ideas generadas y que pueda ser testigo del proceso que produce esas ideas — pero las partes implicadas deben estar libres de la necesidad de proporcionar el máximo valor de entretenimiento o de actuar para un público, lo que fomenta el narcisismo intelectual y el eslogan populista. Los debatientes buscan ganar; los escritores de cartas, persuadir.

Por el momento, tenemos que elegir entre dos formas de discusión: en persona, podemos tener conversaciones esclarecedoras y amistosas, pero permanecen en privado; en público, nos enfrentamos a una audiencia en la televisión, YouTube y los medios de comunicación social, y la tentación de decir lo que le plazca a nuestras respectivas tribus está siempre presente. Letter proporciona una tercera opción. Esperamos que introduzca en la esfera del diálogo algunos de los cuidados y la atención que la gente suele prestar a la escritura de artículos. Y que infunda en la esfera del debate público algo del civismo, la consideración y la generosidad que solemos mostrarnos en las conversaciones privadas. En este momento, es más frecuente el fenómeno opuesto: los desacuerdos políticos están envenenando las relaciones privadas. En el polarizado y combativo ambiente político de hoy en día, necesitamos más que nunca discusiones tranquilas y consideradas de forma individual. La carta como formato es un impulso en la dirección del diálogo de buena fe y Letter es su adaptación a la era digital.

Iona Italia, PhD, es una exacadémica que ahora trabaja como escritora, editora y redactora general. Es la subeditora de Areo, anfitriona del podcast Two for Tea y parte del equipo de Letter.Wiki. Parsi de ascendencia mixta escocesa e india, ha vivido en cinco países y habla cuatro idiomas. Iona tiene su sede en Buenos Aires, Argentina. Su libro más reciente es Our Tango World, publicado por Milonga Press UK y disponible en Amazon.

Escríbeme a https://letter.wiki/IonaItalia/conversations

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Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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