¿Cómo podemos prevenir el suicidio masculino?

¿Puede ayudar una visión espiritual del suicidio ayudarnos a detener que los hombres se maten a sí mismos?

Escrito por Glen Poole y publicado en Living Now el 25 de noviembre de 2016

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Hay una crisis de suicidio en Australia. Está matando a un hombre cada cuatro horas, con cada muerte hace un efecto dominó que afecta a sus amigos, familia y su comunidad más amplia.

La Australian Bureau of Statistics define el suicidio como la muerte por “daño intencional autoinfligido”. Es una descripción reveladora, que reconoce el papel que tiene la mente intencional en autoinfligir daño al cuerpo de manera fatal a través del suicidio, pero ignora completamente el papel del yo espiritual.

La mayoría de los intentos de explicar por qué los hombres tienen tres veces más probabilidades que las mujeres de suicidarse, culpan a los hombres por su actitud estoica hacia la salud mental. Decimos que todo está en la mente; si los hombres no estuvieran condicionados a creer que “los chicos no lloran”, serían más parecidos a las mujeres y se abrirían y recibirían ayuda. La masculinidad no juega un papel en la alta tasa de suicidios masculinos. La profesora Jane Purkis, de la Universidad de Melbourne, realizó recientemente un estudio de 14.000 hombres australianos en los que midió 11 características de la masculinidad y encontró que uno de estos rasgos, la autosuficiencia, es un predictor clave del pensamiento suicida. Sin embargo, los otros rasgos masculinos, no lo eran.

La investigación en el Queensland Suicide Register también encontró que mientras que casi dos tercios de las mujeres que mueren por suicidio tienen al menos un trastorno psiquiátrico, la mayoría de los hombres que acaban con sus vidas, no tienen un trastorno de ese tipo.

Entonces, ¿qué pasa si la inaceptable tasa de suicidios masculinos no es sólo una crisis de salud mental, o ni siquiera una crisis de masculinidad, sino una crisis del yo espiritual masculino?

Durante mucho tiempo se ha considerado que las creencias religiosas que desalientan el suicidio pueden reducir el riesgo de que sus fieles se quiten la vida. Desde un punto de vista no religioso, sin embargo, el éxito de las campañas para desestigmatizar la enfermedad mental, creen algunos, hacen del suicidio una elección más fácil. De acuerdo con el presidente de Lifeline, John Brogden, “Hemos olvidado decirle a la gente que el suicidio es la elección equivocada… no una decisión vergonzosa, no una decisión egoísta, sino una decisión equivocada”.

En un mundo cada vez más post-cristiano, ¿deberíamos estar enseñando a nuestros niños una nueva clase de moralidad, que les indica que el suicidio es la solución equivocada? Aquellos que tienen una visión más espiritual, no dualista, del suicidio, no lo creen. En su libro, Thinking About Suicide, David Webb argumenta que etiquetar el suicidio como la solución equivocada no funciona.

“El suicidio es una solución”, dice. “Si te matas, el dolor se detendrá. ¡Garantizado! De todos modos, no estoy abogando por el suicidio, pero cualquiera que esté considerando seriamente el suicidio sabe que ese consejo es mentira. Tenemos que enseñar a nuestros hijos que hay mejores soluciones”.

Sin una brújula espiritual, puede ser difícil darle sentido al suicidio masculino. Vivimos en una época secular, donde tendemos a ver la masculinidad y la feminidad como invenciones humanas, en lugar de verdades universales — no hay Yin y Yang; ni Shiva y Shakti; ni ninguna fuerza femenina y masculina sagrada. Nuestras experiencias de género, nos decimos a nosotros mismos, son el resultado de la crianza, no de la naturaleza. Sin embargo, incluso si rechazamos cualquier posibilidad de que las manos de la Madre Naturaleza o de Dios Padre estén moldeando nuestra humanidad, es imposible negar que hay claras diferencias en las maneras en que los hombres y las mujeres experimentan y se expresan en el mundo.

Simplemente aceptar, aunque no nos guste, que hay algo de verdad universal en la visión que dice que las características masculinas y femeninas se manifiestan en el mundo de diferentes maneras, pueden ayudarnos a detener el suicidio masculino.

Tomemos el cliché de género según el cual las mujeres quieren hablar de problemas, mientras que los hombres tratan de arreglarlos y de ofrecer soluciones. Si bien esto no es cierto para todos nosotros, sí es verdad que refleja patrones arquetípicos de lo femenino, creando desde adentro hacia afuera, y de lo masculino, generando desde afuera hacia adentro.

Actualmente, los servicios de prevención del suicidio tienden a adoptar un enfoque femenino, empático, dirigido a los sentimientos, que funciona de adentro a afuera, identificando a las personas que se sienten suicidas y ayudándoles a hablar de sus emociones. Mientras que esto funciona para algunos hombres, un acercamiento más masculino, sistémico, enfocado hacia las cosas para la prevención del suicidio, comienza de afuera a adentro, ayudando a detenernos en los problemas que sabemos que aumentan el riesgo de suicidio en los hombres.

Sabemos, por ejemplo, que las presiones externas, como los problemas de relación, las dificultades financieras, la tensión laboral y el desempleo, pueden encaminar a los hombres al suicidio. También sabemos que cuando los hombres reciben ayuda práctica para solucionar estos problemas, su riesgo de suicidio se reduce.

Si queremos detener el suicidio masculino, nos resultara práctico y espiritual adoptar un enfoque de género para la prevención del suicidio que honre y trabaje con las antiguas verdades masculinas.

Si los hombres están más predispuestos a “arreglar las cosas” desde afuera, que a “hablar de cosas” de adentro a afuera, entonces una de las maneras de afrontar el suicidio masculino es verlo como el de un comportamiento basado en la búsqueda de soluciones. El camino hacia el suicidio lleva a los hombres a tener problemas, a tratar de solucionar problemas, a tratar de lidiar con problemas, a ver el suicidio como una solución a sus problemas.

Tenemos que reconocer que los hombres y los niños se enfrentan a una serie de problemas sociales que aumentan su riesgo de suicidio, y podemos ayudarles a arreglar o hacer frente a estos problemas desde el exterior en lugar de esperar a que compartan cómo se sienten ante estos problemas, desde dentro a afuera.

Si bien esta manera funcional, pragmática y espiritualmente consciente de trabajar con hombres en riesgo de suicidio puede hacer, y de hecho hace, una diferencia, tan solo araña la superficie. Según David Webb, el suicidio se entiende mejor como una “crisis sagrada del yo”, una crisis que puede ser saludable y “llena de oportunidades, a pesar de sus riesgos”.

A un nivel mundano, sigue siendo esencial que sigamos encontrando maneras de ayudar a los hombres y mujeres suicidas, ya sea a través de hablar de problemas desde el interior, o arreglando problemas desde el exterior. Espiritualmente hablando, dice Webb, la crisis del suicidio masculino puede darnos una oportunidad para abrir nuevas vías de investigación, con el potencial de darles a los hombres una experiencia más profunda de su “yo” y un camino para salir del suicidio.

Si esto es cierto, tal vez deberíamos dejar de decirles a los hombres que hay en nuestras vidas “háblame de tus sentimientos” y podamos empezar a decirles a los hombres y los niños que hay a nuestro alrededor, “háblame de ti mismo”.

Glen Poole es el autor del libro You Can Stop Male Suicide y está trabajando en el Stop Male Suicide Project. En Twitter: @HelpingMen

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Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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