¿Cómo podemos ayudar a los hikikomori a salir de sus habitaciones?

Escrito por Emma Young y publicado en Aeon el 16 julio de 2019

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Hikikomori es un término japonés que describe a las personas que permanecen encerradas en sus hogares, o incluso en sus habitaciones, aisladas de todos, excepto de su familia, durante muchos meses o años. El fenómeno ha cautivado la imaginación popular, con muchos artículos que aparecen en los principales medios de comunicación en Japón y más allá en los últimos años, pero sorprendentemente no es bien entendido por los psicólogos.

Si bien la condición se describió por primera vez en Japón, desde entonces se han informado casos en países tan lejanos como Omán, India, Estados Unidos y Brasil. Nadie sabe cuántos hikikomori existen (el término se refiere tanto a la condición como a las personas que la padecen), pero las encuestas sugieren que el 1,79% de los japoneses de 15 a 39 años cumplen con los criterios. Sin embargo, si bien se han hecho algunas suposiciones sobre los factores de riesgo, en gran parte basados ​​en informes de casos específicos, ha habido una falta de investigación basada en la población. Un nuevo estudio, publicado en Frontiers in Psychiatry, llena algunas de las lagunas de conocimiento.

Las investigadoras Roseline Yong y Kyoko Nomura del Departamento de Salud Pública de la Escuela de Graduados de Medicina de la Universidad de Akita en Japón analizaron datos de encuestas de 3.287 participantes hombres y mujeres de 15 a 39 años, que fueron seleccionados al azar de 200 municipios urbanos y suburbanos diferentes, todos en Japón, representando un corte transversal de la sociedad japonesa.

Los participantes contestaron preguntas sobre la frecuencia con la que salían de su casa (y para los que no lo hacían, cuánto tiempo habían permanecido adentro). Las investigadoras clasificaron como hikikomori a toda persona que, durante al menos los últimos seis meses, nunca o rara vez salía de su casa, a menos que tuviera una razón práctica para quedarse en ella, como el embarazo, estar ocupada con las tareas domésticas (sí, de verdad), ser ama de casa o haber sido diagnosticado con esquizofrenia. Los encuestados también respondieron preguntas demográficas y sobre su salud mental.

Se ha sugerido que el hikikomori es principalmente un fenómeno urbano. Pero eso no es lo que encontraron Yong y Nomura. Según los datos de la encuesta, los hikikomori tenían la misma probabilidad de vivir en un pueblo que en una gran ciudad. La condición también se ha considerado más común entre los hombres, y este estudio proporciona la primera evidencia epidemiológica que lo respalda. Aún así, 20 de los 58 hikikomori eran mujeres.

Yong y Nomura no encontraron relación con la región del país, el número de miembros de la familia o la clase social. Pero una variable demográfica local se destacó por ser protectora: vivir en un área llena de negocios y tiendas. Las investigadoras encontraron que cuantas más actividades sociales y culturales ofrezca un área, menor sería el porcentaje de hikikomori. Dado que este tipo de vecindarios pueden contener “personas y culturas diversas, y más opciones al aire libre y oportunidades de trabajo, los estudios futuros deberían aclarar si estos factores están asociados con el hikikomori”, escriben las investigadoras.

Los hikikomori de la muestra tenían más probabilidades de tener un historial de tratamiento psiquiátrico, de haber abandonado la escuela y de tener una tendencia a la violencia contra sí mismos (autolesiones, por ejemplo), pero no contra otros. Lanzar platos y golpear paredes era mucho más probable que lastimar a un miembro de la familia con quien vivía. El factor más importante fue el alto nivel de dificultad interpersonal, medido por el grado de acuerdo con afirmaciones como “Estoy preocupado por la posibilidad de encontrar gente que conozco”, “Estoy preocupado por lo que otros puedan pensar de mí” y “No puedo participar en grupos’.

Yong y Nomura escriben:

Estas preocupaciones pueden estar relacionadas con un sentido de humillación, lo que sugiere que tienen miedo de ser vistos en su situación actual […]. A diferencia de las ansiedades encontradas en las fobias sociales o las ansiedades sociales generalizadas […] nuestro hallazgo de una asociación entre hikikomori y dificultades interpersonales indica que el hikikomori tiene miedo de la gente y la comunidad que conocen.

Si estas preocupaciones mantienen a las personas dentro de sus casas, ¿qué los impulsa a retirarse allí en primer lugar? Una respuesta podría ser la fobia a la escuela. La encuesta reveló que los hikikomori son más propensos a abandonar la educación. La transición de la escuela secundaria a la universidad fue especialmente dura.

Todo esto sugiere una posible ruta hacia el tratamiento; por un lado, encontrar formas de mantener a los jóvenes en la educación podría reducir el riesgo: “Al evaluar cuidadosamente los tipos de temores que pueden tener, nuestros datos sugieren la posibilidad de que la mejora de las habilidades de comunicación y la gestión de las expectativas pueden ser útiles para combatir el hikikomori”. Las investigadoras observan que, de hecho, este tipo de estrategia ya se ha probado, con cierto éxito. La estrategia tiene posibilidades porque, sorprendentemente, los hikikomori no tienden a vivir solos. A pesar del aislamiento, la mayoría vive con otros dos o cuatro miembros de la familia en la misma casa, por lo que hay acceso a alguna sociedad y un lugar por donde empezar.

Existen algunos desafíos importantes: los datos mostraron que una proporción muy alta, 37,9 por ciento, de los hikikomori tenía antecedentes de tratamiento psiquiátrico. “La mayor proporción de hikikomori que dependen de la medicación también es alarmante”, añaden las investigadoras. Cabe destacar que la población mostró signos de trastorno obsesivo compulsivo. Algunos de los encuestados dijeron que repetidamente verificaban cosas sin sentido o repetían el mismo acto una y otra vez. La depresión clínica, la esquizofrenia y la ideación e intentos de suicidio son mucho más frecuentes en este grupo.

Cómo se interrelacionan todos estos factores, como causas o tal vez los resultados de hikikomori, está lejos de ser claro. Pero una cosa es obvia: los hikikomori son muy conscientes de su propio dolor. Es probable que se sientan culpables por someter a la familia a sus peculiaridades y, al mismo tiempo, informen que se sienten sofocados por sus formas de encierro. Como subrayan las investigadoras, se necesitan más estudios. Sin embargo, este nuevo trabajo proporciona algunos buenos indicadores de las vías de investigación más valiosas, y sirve como un llamado a la acción. Como concluyen las investigadoras: “La condición de hikikomori requiere una intervención activa en lugar de una actitud pasiva que indica que es simplemente una elección de estilo de vida”.

Esta es una adaptación de un artículo publicado originalmente por el compendio de investigación de la British Psychological Society.

Emma Young es un escritora de la Sociedad Británica de Psicología. Exeditora de New Scientist, su trabajo también apareció en The Guardian y The Sydney Morning Herald. También escribe ficción, y su último libro es She, Myself and I (2018). Emma vive en Sheffield, Reino Unido.

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Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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