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Cómo elegir un terapeuta

La buena terapia tiene un enfoque.

Jonathan Shedler Ph.D.

Habiendo enseñado psicoterapia a muchas cohortes de psicólogos y psiquiatras, estoy bien versado en una gama de modelos de terapia, y por lo tanto no los impongo a mis pacientes.

Cuidado con los terapeutas que se identifican demasiado con una “marca” de terapia específica. Ya han decidido cómo tratarte antes de conocerte, y mucho antes de entenderte. Ten cuidado también con los terapeutas que dicen ser expertos en muchas formas de terapia. Nadie es experto en todo. Puedes terminar con un diletante, o alguien más preocupado por llenar su agenda que por mantener su integridad.

Ten cuidado con los terapeutas que hacen demasiado hincapié en que se especializan en ciertos diagnósticos o trastornos. Un diagnóstico psiquiátrico nos dice poco sobre cómo ayudar. (Ver mi blog sobre esto). Las causas del sufrimiento emocional están generalmente entretejidas en el tejido de nuestras vidas: cómo vivimos, cómo nos vemos a nosotros mismos y a los demás, cómo nos conectamos con la gente o no nos conectamos, qué deseamos y qué tememos, qué sabemos de nosotros mismos y qué no deseamos saber. La experiencia de un terapeuta consiste en entender cómo ese tejido se teje y puede potencialmente volver a tejerse, no en los diagnósticos.

Las sesiones iniciales deben centrarse en desarrollar una comprensión compartida de lo que realmente importa, una comprensión que tenga sentido para ambos. “Lo que realmente importa” no es la depresión, la ansiedad o el desorden alimenticio, sino lo que está pasando psicológicamente y que está estas dificultades. Un entendimiento compartido de lo que es el asunto proporciona un enfoque para la terapia, y una terapia efectiva tiene un enfoque.

Este entendimiento compartido puede desarrollarse en la primera sesión o requerir varias sesiones. Evolucionará a medida que la terapia progrese: es algo dinámico, no estático. Pero debe haber un enfoque desde el principio, como una base sobre la que construir. No tiene sentido “hacer” la terapia a menos que ambos participantes sepan lo que tienen que hacer.

Muchos terapeutas hablan de la “alianza terapéutica” pero no parecen entender bien lo que implica una alianza terapéutica. No solo significa que se perciba una conexión positiva. No es una alianza basada en cualquier cosa. Una alianza terapéutica es una alianza basada en un propósito compartido, alrededor del trabajo que estás ahí para hacer. Tiene tres elementos:

  1. Hay una conexión.
  2. Hay un acuerdo mutuo sobre el propósito de la terapia.
  3. Hay un acuerdo mutuo sobre los métodos que se usarán en la búsqueda de este propósito.

Los tres elementos son necesarios. A menudo veo el primero sin los otros dos. Eso hace que la relación sea cálida y de apoyo, pero eso no es un cambio psicológico significativo.

El entendimiento compartido sobre lo que trata el asunto debe ser verdaderamente compartido. No puede ser solo el entendimiento del terapeuta, o solo el del paciente. Es algo que tú y tu terapeuta desarrolláis juntos y que trasciende lo que cualquiera de los dos puede saber por sí solo. Si pudieras llegar a este entendimiento por ti mismo, si pudieras venir y decir qué es lo que realmente pasa y qué hacer al respecto, probablemente no necesitarías terapia. El trabajo del terapeuta es ayudarte a resolver el problema de una manera que no puedes hacer por ti mismo. Cuando llegas a un entendimiento compartido, sabes que has identificado algo vital.

Mis estudiantes siempre preguntan qué hacer cuando los pacientes no tienen ni idea de lo que pasa. Los pacientes saben que está mal pero no pueden decir . Pueden sentirse vacíos, perdidos o atascados, pero no saben por qué. Aquí es donde entra en juego la experiencia de un terapeuta, porque el terapeuta aporta una perspectiva que el paciente no puede tener. Una cosa que puede ocurrir es que el paciente sea un relativo extraño para sí mismo. Puedo comentar, “Parece que algo está muy mal, pero no tienes palabras para ello”. Si ella siente que esto es correcto, puedo sugerir, “Puedo ayudar a encontrar palabras para eso que está mal. Si podemos encontrar palabras, veremos las cosas más claramente. Cuando veamos más claramente, podremos ver una salida”.

Entonces pregunto, y esto es crucial, porque el entendimiento debe ser verdaderamente compartido, “¿Crees que te ayudaría encontrar palabras para lo que está mal?”. Si al paciente le resuena con esto, si también siente que encontrar palabras ayudará, entonces tenemos un enfoque inicial para nuestro trabajo. Nuestra tarea compartida es encontrar palabras. La paciente no puede encontrar las palabras correctas sin mi ayuda y yo no puedo encontrarlas sin la suya, pero es probable que podamos encontrarlas juntos. El enfoque de nuestro tratamiento evolucionará con el tiempo, pero tenemos un punto de partida. La próxima vez que nos encontremos, ambos sabremos lo que tenemos que hacer.

Si el paciente siente que encontrar palabras le puede ayudar, seguimos explorando hasta que encontramos un enfoque que ambos acordamos que será útil. No hago una recomendación para proceder con la terapia hasta que estemos en la misma página sobre su propósito. No “hago terapia” por el bien de hacer terapia. Hago terapia cuando el paciente y yo entendemos lo que estamos ahí para hacer y por qué.

No siempre acepto un “sí” como respuesta. Si un paciente está de acuerdo con un enfoque de tratamiento pero lo hace de una manera que sugiere que solo está consintiendo, no tenemos un entendimiento compartido. Es solo entendimiento, no el nuestro. Si ella está de acuerdo porque cree que yo sé lo que es mejor, porque soy el “experto”, no tenemos un entendimiento compartido. (Pero tengo una nueva hipótesis sobre lo que puede ser el problema. Si ella está acostumbrada a diferir a otros lo que es correcto para ella, eso podría explicar por qué algo se siente mal y por qué no tiene palabras para ello. Y plantearé esto para su consideración).

Entonces, ¿cómo se elige un terapeuta? Mantiéndote alejado de los ideólogos y expertos en todo. No buscas por todas partes un terapeuta que se especialice en personas que tengan exactamente tu problema, porque no hay otras personas que tengan exactamente tu problema. Cuando tenéis una sesión, fíjate si el terapeuta parece más interesado en ti o en tu diagnóstico. Fíjate si el terapeuta te invita a pensar juntos sobre cuál es el problema. Fíjate en si los dos sois capaces de desarrollar un entendimiento compartido de lo que es el asunto que suena verdadero, que no era ya evidente. La última parte puede llevar unas cuantas sesiones pero la trayectoria debe ir en esa dirección desde el principio.

Si todos estos ingredientes están ahí, probablemente has encontrado uno bueno.

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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