Belinda Brown: “The Red Pill” es la película que podría acabar con el feminismo

Escrito por Belinda Brown y publicado en The Conservative Woman el 18 de noviembre de 2016.

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Una nota de prensa feminista sobre esta película podría haber aplaudido a Cassie Jaye por ser una actriz de Hollywood que se negó a suscribir papeles patriarcales de género. Un equipo formado por madre e hija que desafía al establishment masculino de Hollywood y gana. Una mujer que se niega a ser objetificada, y que se pone al otro lado de la cámara.

En cambio, las feministas trataron de detener la financiación de la película porque creían que la película podría representar una amenaza para el propio feminismo.

La película ha sido retratada como una conversión damasquiana. No es así. Se trata del dolor de la pérdida de fe de una acreditada feminista, y de su viaje a los desconocidos territorios del otro lado.

Cassie comienza explicando cómo se hizo feminista. Como es que a una actriz adolescente de Hollywood siempre se le daban papeles donde tenía que interpretar el personaje de mujer vulnerable, objetificada, tonta. Ella vio que los papeles que le daban tenían un extraño parecido con aquellos que se esperaba que interpretase en la vida real.

Por lo tanto, decidió comprar una cámara y ponerse tras ella, labrándose así una formidable reputación por hacer películas sobre temas contemporáneos, en general sobre cuestiones de género, pero de temas políticamente controvertidos. Enfrentada por el horror de las violaciones de Steubenville y Delhi, ella se interesa por la cultura de la violación, lo que la lleva a los llamados ‘apologistas de la violación’; A Voice of Men. Así empieza su historia.

Feminista de mente abierta, Cassie está intrigada por saber cómo un grupo de hombres, tan supuestamente repulsivo, puede llegar a tener tanto seguimiento. Decide explorar, ir más allá, pero no estaba preparada para lo que sucedió después. Los ogros del mundo de los derechos de los hombres resultaron ser personas compasivas e inteligentes, a menudo con relaciones amorosas. Sus hechos y cifras concordaban con los datos disponibles y, para su desconcierto, sus argumentos tenían mucho sentido.

Oyó la letanía de las desventajas masculinas. Esto ayuda a los activistas por los derechos de los hombres (MRA) a abrirse paso. Los hombres tienen más probabilidades de morir en el trabajo, menos probabilidades de ir a la universidad, más probabilidades de estar sin hogar, perder la custodia de sus hijos, trabajar más horas, menos probabilidades de ir al médico, morir antes, recibir sentencias significativamente más largas o suicidarse.

Todavía más importante, ella se introduce en una perspectiva completamente novedosa: el punto de vista masculino. Los hombres trabajan diez horas diarias en un trabajo a menudo duro, desagradable y peligroso, cargan con la mayor parte de lo que se necesita para dirigir nuestra sociedad, renuncian a su tiempo y dan su dinero no porque quieran poder y control. Pero, así como las mujeres se sienten cargadas con la responsabilidad de los niños, los hombres sienten el peso de las obligaciones tradicionales, se sienten obligados a ser proveedores. Y tanto si lo reconocemos como no, las mujeres esperan que lo hagan. La idea de que los hombres inventaron las reglas para beneficiarse simplemente no se sostiene.

Cuando le sugieren a Cassie que el patriarcado no creó los roles reproductivos de las mujeres, sino que los roles reproductivos de las mujeres configuraron el patriarcado, tiene mucho sentido.

Sin embargo, el auténtico horror que descubrimos es hasta qué punto resulta desempoderante para los hombres los verdaderos roles reproductivos de las mujeres.

Katherine Spillar, una de las voces feministas más articuladas de la película explica que una vez que una mujer está embarazada, todas las decisiones deben ser suyas, ya que es la que más se ve afectada por el embarazo. Sin embargo, cuando vemos a alguien de 20 años llorando porque su hija, que ha cuidado desde su nacimiento, se le arrebata (porque es hombre); al hombre que gasta muchos años de salario y sacrifica su salud por luchar por la custodia de su hijo; al hombre que se vuela los sesos porque pierde la batalla por la custodia, nos preguntamos si la declaración de Spillar sobre cuál es realmente la parte afectada se sostiene.

Las mujeres tienen control sobre el embarazo y pueden optar por el aborto, la adopción o la custodia completa. Pueden cometer fraude de paternidad y negar pruebas de ADN a los hombres, pero la demanda de pagos por hijos continúa igual. Pueden usar a sus hijos en la lucha por la custodia. Los hombres pueden dejar embarazadas a las mujeres. A veces esto es consensual, accidental o pueden ser engañados. Pero a partir de ahí se acaban sus derechos.

Mientras Cassie se debate con lo que está aprendiendo, el espectador se pregunta en interés para quién está realmente configurado el sistema.

Mientras su fe feminista se resquebraja Cassie intenta restaurarla buscando consuelo en los rituales de la creencia feminista. Ella asiste a grupos, marchas y manifestaciones. Escucha mantras sobre la subordinación femenina y el FTSE 100, la falta de mujeres en la política y la brecha salarial entre hombres y mujeres. Incluso hace videos para recordar la carga de las tareas domésticas, y cómo tiene que vestirse.

No importa lo mucho que Cassie trata de someterse al adoctrinamiento feminista, es incapaz de soportarlo y esto le causa mucha angustia. Ella se vuelve a los gurús feministas incluyendo Spillar, Kimmel y Messner. Sin embargo, esta gente nunca ha encontrado desafíos a su ideología y parecen sorprendentemente ignorantes. Más importante aun, son ignorantes de su propia ignorancia, lo que los hace especialmente incapaces de ser convincentes.

En los términos del lema cultural sacado de The Matrix, Cassie ha tomado la píldora roja.

Cuando Cassie pasa de las injusticias percibidas del feminismo al mundo de los asuntos de los hombres, es guiada por el dolor. El dolor de ser incapaz de ver a sus hijos, de ser tomado como el perpetrador, o de ser continuamente desacreditado.

El poder de los tópicos feministas se disuelve cuando es tocada por el sufrimiento real.

Aunque el viaje de Cassie estructura la historia, la película es mucho más que eso. Es la primera vez que veo expuesta en pantalla una explicación alternativa sobre el dominio de los hombres en el ámbito público. Y aunque a primera vista los derechos de los hombres y el feminismo tienen intereses en común (la creencia en la igualdad de género, el cuidado compartido de los hijos, el empleo flexible) la sanación no puede provenir de un movimiento basado en la suposición de que las mujeres son víctimas y los hombres malos. Esto nunca permitiría que el sufrimiento de los hombres fuese evaluado de igual valor porque entonces ya no sería una cuestión de género. En un determinado momento, Michael Kimmel revela esta verdad accidentalmente.

La película está llena de historias no contadas de sufrimiento y groseras e inhumanas injusticias cotidianas. Pero creo que la película también será un episodio crucial en una historia aún no contada: el ascenso y la caída del feminismo.

Belinda Brown es autora de The Private Revolution y de una serie de artículos académicos muy citados. Más recientemente, ha comenzado a escribir y blogging para The Daily Mail y The Conservative Woman. Ella tiene un interés particular en los problemas de los hombres y en el daño causado por el feminismo.

Written by

Traducciones sobre los asuntos de los hombres, la izquierda liberal, las políticas de identidad y la moral. #i2 @Carnaina

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